En su investigación titulada ‘Night Blindness and Ancient Remedy‘, los especialistas Marc Scully, Turi King y Steven D. Brown exponen que hace más de 3 mil años diversas culturas ya sabían cómo curar la ceguera nocturna utilizando el hígado de animal, a pesar de que desconocían la existencia de las vitaminas.
Los autores comparten un testimonio de la infancia del narrador en Ma’reed, un pueblo de los Emiratos Árabes Unidos sin electricidad, donde su padre padeció esta condición debido a la desnutrición y recuperó la vista en una semana aplicando aceite de hígado de pescado en los ojos y consumiendo el órgano a la parrilla.
El estudio de Scully, King y Brown recopila evidencias históricas donde los antiguos egipcios en el papiro Ebers (1500 a. C.) recomendaban aplicar tópicamente hígado de buey asado, mientras que los griegos posteriormente cambiaron la práctica hacia la ingesta directa de hígado de res crudo.
En el contexto de la civilización árabe, los investigadores destacan al médico Hunayn Ibn Ishaq (809-873), quien sugería frotar aceite de hígado de cabra en el ojo, inhalar el humo del órgano mientras se cocinaba y también consumirlo por vía oral para revertir el mal.
La investigación aclara que hoy en día se sabe que el verdadero beneficio proviene de ingerir el hígado, ya que este órgano es el principal reservorio de vitamina A, un compuesto liposoluble aislado a finales de la década de 1920 que resulta esencial para la visión nocturna.
Según los expertos, esta deficiencia era rara en el Golfo Pérsico gracias al consumo habitual de pescado y dátiles; sin embargo, explican que el caso del padre ocurrió por una enfermedad en la vesícula biliar que le impedía absorber correctamente las grasas y nutrientes.
Scully, King y Brown concluyen que no existe evidencia de que los suplementos de vitamina A prevengan enfermedades cardiovasculares en poblaciones con buena alimentación, lo que demuestra que los requerimientos nutricionales deben obtenerse siempre de una dieta equilibrada.






