“Muerto el perro se acabó la rabia”. Esa es una pieza del museo de frases hechas que más se utiliza entre los guapos para referirse a la desaparición de un problema, a partir de la eliminación de la cosa que produce el problema. Suena bonito. Casi poético. Pero el significado no es aplicable para los profundos problemas de raíz de la sociedad y de la política mexicanas.
Sin embargo, el pasado 21 de febrero, leí el famoso refrán no una ni dos sino varias veces en los comentarios que formaban parte del Trending Topic de “García Luna”, que se generó en Twitter, luego de que se dio a conocer el veredicto del juicio contra Genaro García Luna en Estados Unidos, donde el secretario de Seguridad Pública en el sexenio del presidente Felipe Calderón (2006-2012), fue encontrado culpable de los cinco cargos por los que se le acusaba: traficar cocaína a Estados Unidos, delincuencia organizada y falsedad de declaraciones.
“¿Muerto el perro se acabó la rabia?” –me pregunté en voz alta–. Pero si este show apenas comienza –me respondí a mí mismo, en esa costumbre que tengo de hablarle a las redes sociales, como si mis seguidores escucharan lo que pienso en ese momento–. A los guapos que gustan del cine, me comprenderán ¿Cuándo se ha visto que una película tan taquillera tenga una sola entrega? ¿Por qué los gringos tendrían que decir “este cuento se acabó” cuando hicieron historia al enjuiciar al mexicano responsable de combatir el narcotráfico ¡por vínculos con el narco!?
Muy bonita su Primera Temporada y toda la cosa, pero a los guapos –como diría Luis Miguel– no, no, no, no. No nos pueden dejar así. ¿Qué pex con lo no dicho durante el juicio? Falta por saber la cadena de hormiguitas –con cargos, nombres, apellidos y nacionalidades– que hicieron posible que la cocaína llegara desde tierras mexicanas hasta las narices norteamericanas. Ya sabemos los delitos por los que lo entambaron en Estados Unidos, pero ¿y los delitos que quedaron impunes en México? Pero sobre todo, falta demostrar qué tanto sabía el presidente Felipe Calderón sobre las malas mañas de su máximo jefe de la seguridad mexicana y mano derecha en su estrategia principal: el combate al narcotráfico.
El propio Juan Ignacio Zavala, cuñado de Calderón –pues es hermano de Margarita Zavala–, ya lo publicó el 22 de febrero en su columna “Autonomía relativa” en el periódico El Financiero: “es claro que hay un gran perdedor en el ámbito político y es Felipe Calderón. El golpe es claro a su legado, en la que fue una de las políticas centrales de su gobierno”. Eso sí, Juan Ignacio, le dedica esta entrega titulada ´Implicaciones´. “Para Felipe Calderón, que sabe de resiliencias, con el cariño y la admiración de siempre”.
¿A poco hasta ahí se quedó esta película? Naaaaaaaaaaa. ¿A poco Calderón sólo va a emitir un comunicado con su postura en su cuenta de Twitter? Naaaaaaaaa. ¿A poco “Los tres García”: la esposa, la hija y el hijo de García Luna se van a ir a podar los pastos y los árboles de su casa abandonada (y asegurada) en el municipio de Jiutepec, en el estado de Morelos? Naaaaaaaaaa.
El abogado de García Luna, César de Castro, ya dio un avance de la Segunda Temporada en su discurso público, luego del anuncio del porvenir de su (millonario) cliente: “Estamos muy decepcionados por el veredicto de hoy”. Pero sobre todo lanzó una advertencia que casi nadie ha señalado: “Su pelea continuará haciendo todo lo posible por limpiar su nombre”. Aquí sí como dijo mi perro: “¡Guau!”
¿Cuántos litros de Maestro Limpio se van a necesitar para borrar de la Historia el nombre de Genaro García Luna como el primer funcionario mexicano, del más alto nivel, juzgado en Estados Unidos por nexos con el narcotráfico? ¿Cuántas toallitas húmedas desinfectantes de Cloralex va a ocupar desvincular, en el imaginario colectivo, la complicidad de la esposa de García Luna, Linda Cristina Pereyra Galvez, en la red de lavado de dinero? ¿Cuántos galones de Fabuloso aroma de lavanda se van a requerir para limpiar toda huella de la investigación de Anabel Hernández donde la periodista asegura que los hijos de García Luna, Genaro y Luna Sofía García Pereyra, están implicados en empresas que blanquean capitales?
Esta historia no tiene nada de ficción. Ni está muerto el perro (hasta el cierre de esta columna) ni se ha acabado la rabia. Nos falta ser espectadores del Tsunami de libros, documentales y hasta películas que generará el caso (sumados a los que ya existen como El señor de la muerte, del autor Francisco Cruz). Falta ver qué efectos tiene esto sobre algunos actores políticos, de administraciones pasadas y presentes. Falta esperar la sentencia, programada para el 27 de junio, en donde se calcula que mínimo le van a echar 20 años de cárcel y máximo cadena perpetua. Faltan las notas de color, los chismes y los chistes que se manifiesten. Falta ver quién decide echarse Lysol, para auto limpiar su nombre, antes que García Luna haga lo mismo con el propio, por aquello de que el que pega primero pega dos veces.
“Los tres García” (la esposa, la hija y el hijo de García Luna) van a ser espectadores del escrutinio de su propia vida, de sus negocios y de sus finanzas, a perpetuidad. El gobierno mexicano y el norteamericano seguirán con lupa cada pestañeo de aquí hasta que haya otro personaje igual o más mediático. Información siempre será poder.
Esperemos unas décadas a que se calmen las aguas. Probablemente veamos a los cachorros de García Luna cobrando venganza por el pecado de enjuiciar a su padre o, a la inversa, arrepentidos, monetizando “los pecados de su padre” como, toda proporción guardada, lo ha hecho Juan Pablo Escobar con la película, el documental, el libro, la taza, el llavero, la pluma… de su padre, el narcotraficante Pablo Escobar.Tomen sus asientos. Este show apenas comienza. Primera llamada, primera.





