¿Por qué cuesta más tomar unas decisiones que otras? La ciencia tiene una respuesta

Una investigación de la Universidad de Alicante, en España, encontró que la dificultad para tomar una decisión no depende únicamente de la cantidad de información disponible, sino también de cómo se organiza y procesa. El método desarrollado por el investigador Adam Sanjurjo permite medir las exigencias de memoria que implica elegir entre distintas alternativas y explica por qué una misma decisión puede resultar más sencilla o complicada según la estrategia utilizada.

El estudio, titulado Space Complexity in Choice, fue publicado en Econometrica, revista especializada en investigación económica editada por la Econometric Society de Estados Unidos. El trabajo analiza cómo influyen el número de opciones, las características que se comparan y el orden en que se revisan los datos en la posibilidad de tomar una decisión acertada.

Uno de los principales hallazgos es que, cuando los problemas incluyen numerosas alternativas y atributos, el orden de procesamiento de la información puede generar una diferencia de alrededor de 40 puntos porcentuales en la tasa de aciertos. En decisiones más pequeñas, las variaciones son considerablemente menores.

Para explicar este efecto, Sanjurjo, profesor del Departamento de Fundamentos del Análisis Económico de la UA, adaptó un concepto de la informática teórica conocido como complejidad espacial, que mide cuánta memoria necesita una computadora para resolver un problema.

En su investigación, el académico aplica esa idea a las decisiones humanas y cuantifica la memoria de trabajo necesaria para procesar información y elegir entre varias posibilidades. Con ello, plantea que dos métodos para resolver un mismo problema pueden requerir esfuerzos mentales distintos, aunque se disponga de los mismos datos.

El investigador ejemplifica esta diferencia con la compra de un producto. Una persona puede revisar todas las características de un artículo —como precio, calidad y duración— antes de pasar al siguiente. Otra puede comparar primero los precios de todas las opciones, después su calidad y finalmente su duración.

Aunque la información examinada y la decisión final sean las mismas, la cantidad de datos que cada persona necesita mantener simultáneamente en la memoria cambia según el procedimiento empleado.

Los resultados apuntan a que la racionalidad humana también está relacionada con la forma en que se estructura la información. De acuerdo con Sanjurjo, cuando una decisión implica demasiados elementos, reorganizar el proceso de análisis puede ayudar a reducir la carga de memoria y mejorar las posibilidades de elegir correctamente.

La investigación propone así una manera de entender por qué contar con más información no garantiza, por sí solo, una mejor decisión. La forma de procesarla también puede influir en el resultado.

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