La investigadora Laurence Totelin plantea en su estudio When foods become remedies in ancient Greece: The curious case of garlic and other substances que la distinción entre alimento y medicamento en la Antigua Grecia se mantuvo deliberadamente ambigua; aunque existían términos específicos para cada concepto, los primeros textos médicos evitaban establecer una separación estricta entre ambos.
Según el análisis de Totelin, el Corpus Hipocrático combinaba con frecuencia alimentos y remedios dentro de los mismos tratamientos; para estos autores, un fármaco era cualquier sustancia capaz de producir cambios en el organismo, una función que también podían cumplir ciertos alimentos.
El caso del ajo
Uno de los ejemplos más representativos es el ajo, consumido de forma cotidiana pero también empleado con fines terapéuticos; los médicos hipocráticos lo recomendaban para la recuperación de pacientes y le atribuían propiedades diuréticas y depurativas; incluso llegó a utilizarse en pruebas de fertilidad femenina y tratamientos oculares.
El misterioso silfio
Totelin también analiza el caso del silfio, una valiosa planta originaria de Cirene que hoy se considera extinta; esta especie ocupaba un lugar privilegiado tanto en la gastronomía como en la medicina, donde era utilizada en procedimientos complejos y remedios especializados.
La investigadora expuso que la relación entre dieta y farmacología en el mundo antiguo era mucho más flexible de lo que suele pensarse; ejemplos como el ajo muestran cómo una misma sustancia podía transitar entre la cocina y la medicina, mientras que muchos de los beneficios que hoy se le atribuyen fueron identificados científicamente hasta el siglo XX.






