La salud de un futuro bebé no depende solo de la madre; la evidencia sobre epigenética muestra que la salud, la edad y los hábitos del padre también pueden influir desde los meses previos a la concepción. El espermatozoide no es un simple vehículo de ADN, sino una célula sensible a distintos factores que pueden modificar la información epigenética que transmite.
La formación de los espermatozoides requiere alrededor de 74 días, por lo que los hábitos de los tres meses previos a la concepción pueden relacionarse con la calidad espermática; la obesidad, una alimentación con exceso de ultraprocesados, el consumo de alcohol y tabaco, así como el estrés crónico, se han asociado con alteraciones en el ADN y otros indicadores de la función reproductiva.
La salud reproductiva masculina también está relacionada con factores físicos y con la edad; a partir de los 40 o 45 años aumenta la probabilidad de nuevas mutaciones en los espermatozoides; además, la exposición frecuente de los testículos a fuentes de calor puede afectar la producción y calidad del esperma, aunque factores como la ropa ajustada por sí sola tienen un efecto menos claro.
La influencia paterna continúa durante el embarazo a través del entorno familiar; el tabaquismo pasivo puede aumentar los riesgos para la gestación, mientras que una participación activa y un entorno emocional estable pueden favorecer el bienestar de la madre.
Ante estos hallazgos, los especialistas promueven el concepto de salud preconcepcional de la pareja, que contempla a ambos progenitores antes de buscar un embarazo; mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, dormir bien, evitar tabaco y limitar el alcohol son medidas que pueden contribuir a una mejor salud reproductiva.
Por ello, quienes planean tener un bebé pueden acudir con un especialista entre tres y seis meses antes de intentarlo; una valoración médica permite identificar factores de riesgo, resolver dudas y establecer cambios adecuados según las condiciones de cada persona.






