El origen: De días a semanas
En los primeros dos siglos, la preparación para la Pascua era muy breve. Los primeros cristianos practicaban un ayuno infrapascual (viernes y sábado santos) como espera inmediata a la Resurrección.
En el siglo III, en lugares como Alejandría, el ayuno se extendió a una semana (la actual Semana Santa); para el siguiente siglo, tras el Concilio de Nicea, se consolidó la estructura orgánica de cuarenta días. En Roma, inicialmente eran tres semanas de ayuno, pero a finales de ese siglo ya se adoptó la «Cuadragésima«.
Este cambio se vio impulsado por dos instituciones religiosas clave: el Catecumenado y la Penitencia Canónica, el primero siendo los preparativos, a menudo llevados con intensidad, para que los adultos se bautizaran la noche de Pascua; mientras que la segunda es el camino de reconciliación para los pecadores públicos, quienes hacían penitencia para ser readmitidos el Jueves Santo.
¿Por qué 40 días? El simbolismo del número
El número 40 (Quadragesima) no es aleatorio; en la Biblia representa un tiempo de preparación, prueba y purificación previo a un encuentro con lo divino.
Dentro de los diferentes pasajes de la biblia es un número sumamente repetido, como el ayuno de 40 días de Jesús en el desierto antes de su vida pública; los 40 años de peregrinación del pueblo de Israel por el Sinaí hacia la Tierra Prometida; los 40 días de Moisés en el monte y los 40 días de viaje de Elías hasta el Horeb, entre muchos otros en los que se menciona.
Prácticas fundamentales: Ayuno y Ceniza
El Ayuno y la Abstinencia
Originalmente, el ayuno era una expresión de «tristeza por la ausencia del Esposo» (Cristo muerto). Con el tiempo, se convirtió en una herramienta de combate espiritual y desapego del ego.
Durante la Edad Media, el ayuno era estrictísimo (pan, agua y aceite). Hoy, la Iglesia pide una comida completa al día el Miércoles de Ceniza y Viernes Santo, y abstinencia de carne los viernes.
Miércoles de Ceniza
Este rito nació en el siglo V vinculado a los penitentes públicos. Ellos vestían de saco y se cubrían de ceniza como signo de arrepentimiento.
Para que la Cuaresma tuviera exactamente 40 días de ayuno (restando los domingos, donde no se ayuna), se tuvo que adelantar el inicio cuatro días antes del primer domingo, dando como resultado el miércoles de ceniza.
Su significado es trascendental, pues quiere decir «Polvo eres y en polvo te convertirás». Recuerda lo efímera que es la vida y la necesidad de conversión. La ceniza proviene de las palmas quemadas del Domingo de Ramos del año anterior.
El camino hacia la Semana Santa
La Cuaresma no termina el Domingo de Resurrección, sino la mañana del Jueves Santo con la Misa Crismal. A partir de la tarde del jueves (Misa de la Cena del Señor), comienza el Triduo Pascual, que es el corazón del año litúrgico.
Finalmente, la cuaresma es un viaje de liberación, pues no sólo se trata de restringir alimentos, sino de liberarse del ego para llegar renovados a la alegría de la Pascua






