Cabello de peluquerías ayuda a limpiar canales de Xochimilco y proteger al ajolote

El cabello recolectado en peluquerías de la Ciudad de México sirve como base para una tecnología que busca sanear los canales de Xochimilco, y así permitir el retorno del ajolote a su entorno natural. A través de la organización Matter of Trust Latam, filtros compuestos por un kilo de pelo humano poseen la capacidad de retener hasta cinco veces su propio peso en sustancias contaminantes.

Estos dispositivos, que se prueban en trajineras y orillas de los cauces desde octubre pasado, capturan aceites, grasas y metales pesados derivados de descargas domésticas y comerciales. Tras dos meses de uso, el material recibe un tratamiento con bacterias para su degradación, lo que permite su integración al suelo agrícola sin generar desperdicios.

La crisis ambiental en la zona sur de la capital provocó la desaparición casi total de este anfibio endémico durante la última década, según datos de la Comunidad Independiente de Manejo Ambiental (CIMA). Josefina González y su esposo resguardan un ajolotario, que hoy alberga más de 60 ejemplares, con la esperanza de reintegrarlos a un ecosistema que antes lucía limpio.

El proyecto Santuario Ajolote apuesta por el uso de esta fibra natural, la cual Mattia Carenini define como un recurso de gran eficacia para la remediación de cuerpos hídricos, esta misma propiedad del cabello facilita también la recolección de hidrocarburos en zonas con derrames de petróleo, como ocurrió en el estado de Veracruz.

Para sustentar esta iniciativa, una red de 33 establecimientos, entre estéticas y barberías como JR Barber Studio, aporta cerca de dos kilos de cabello al mes para la fabricación de los filtros. En 2025, la recolección alcanzó un total de 202 kilos de material que dejó de ser un simple desecho para transformarse en un motor de cambio ambiental.

Los fundadores de la propuesta, Constanza Soto y Mattia Carenini, sostienen que este modelo de negocio sostenible permite una acción colectiva a favor de las futuras generaciones. El esquema, que forma parte de una red internacional con dos décadas de experiencia, busca ahora escalar su impacto en el territorio mexicano para rescatar el hábitat del ajolote.

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