Hay marcas que nacen cuando su creador muere. En la política, particularmente en la mexicana, es común que una vez fallecido algún ilustre representante de cualquier partido político surjan los homenajes, se levanten los monumentos, se forjen las letras de oro, se bauticen las calles y se inauguren los hospitales en su honor, y con ello, se pretenda inmortalizar el nombre y los apellidos del político muerto.


A menor edad del finado, mayor el compromiso de la clase política sobreviviente con el legado del que se les adelantó. A mayor tragedia en el deceso, mayor la solidaridad de un México que sabe cerrar filas ante las desgracias y las injusticias ajenas.


Ese es el caso de Luis Donaldo Colosio Murrieta, un hombre del que se ha escrito más sobre su muerte que sobre su propia vida. Un político asesinado a los 44 años de edad. Un soldado del Partido Revolucionario Institucional, al que el imaginario colectivo ha tatuado su magnicidio en la memoria emocional de distintas generaciones, permitiendo así, la recordación de marca incluso cuando tiene 29 años de muerto.


Para los guapos de la Generación Z que me leen, y que están llegando por primera vez al nombre y a la historia de Colosio, lo resumiré en lo que dura un video de TikToK: mientras sonaba a todo volumen la canción “La culebra” de Banda Machos, Luis Donaldo Colosio Murrieta caminaba entre la multitud de un mitin político en Lomas Taurinas, en la ciudad de Tijuana, Baja California.

Era el candidato presidencial del PRI y el favorito en todas las encuestas para ganar la Presidencia de México en las elecciones de 1994. Sin embargo, el 23 de marzo del mismo año, 2 disparos le arrebataron la vida. La versión oficial indica que el único asesino es Mario Aburto (desde entonces en la cárcel). Colosio dejó dos hijos, apenas niños: Luis Donaldo y Mariana, a quienes tuvo con su esposa Diana Laura Riojas, quien murió a finales de ese mismo 1994, víctima del cáncer de páncreas que padecía.


Aunque parezca, esto no es ficción. Es una realidad. En pocas historias confluyen tantos elementos que sacuden las emociones de los espectadores. En la de Colosio habita el poder con la traición, la esperanza con el drama, el misterio con la corrupción, la muerte con el abandono de unos niños… Por eso tanta empatía. Pero también antipatía. En un país como México donde la verdad de los gobiernos no tiene ningún valor, las teorías de la conspiración restan credibilidad a toda versión oficial y por lo tanto se perpetúa el mito.


Uno de esos elementos antes mencionados, quizás el más taquillero, es el heredero del candidato, quien lleva su mismo nombre y apellido, Luis Donaldo Colosio Riojas, y ha elegido el mismo rumbo profesional de su padre: la política. Y con ello, háganse de cuenta que la marca Colosio acudió a un consultorio de cirugía plástica para aplicarse unas varias dosis de toxina botulínica de la marca Botox, para rejuvenecer el apellido y erradicar todo signo del paso del tiempo. Preciso: Luis Donaldo II, no lo necesita, apenas tiene 37 años; la marca Colosio, sí.


Ahora bien, hay que precisar que no está recién llegado. Colosio Jr. debutó con todo el poder de su estirpe, a propósito de la contienda electoral de 2018. Actualmente es el presidente Municipal de Monterrey, en el estado de Nuevo León, a donde llegó de la mano del partido Movimiento Ciudadano y de la mano del efecto Samuel García-Mariana Rodríguez. Dicho esto, pido una cadena de oración para que en esta segunda generación de la marca Colosio la célebre frase del patriarca no se convierta en un “yo veo un México con Influencers y con sed de harto Like”. Amén.


Colosio II ya tiene el apellido, ahora le hace falta sacar la casta. Pero, precisamente el privilegio de la genética, además de su mayor fortaleza será su mayor debilidad, porque tendrá que demostrar, doblemente, que merece estar ahí por sus logros cuantitativos y cualitativos más allá de su acta de nacimiento. Colosio Riojas tiene la responsabilidad de preservar el prestigio de la marca y una segunda responsabilidad de acrecentar el capital político de la marca. De no ser así, además de que la Nación se lo demandará, pasará a la Historia como un simple ordeñador de la nostalgia. Y de esos ya hay muchos. Y muy venidos a menos.


Merece la pena advertirle a Colosio Segunda Temporada que los contemporáneos de su papá (que de estar vivo tendría 73 años de edad) o ya están en la recta final de su carrera política o ya están fuera de la política. Hay quienes incluso ya lo han acompañado en el más allá. En lenguaje para guapos: Ya no hay padrinos. Sólo se tiene a él y a su ADN, que no es poco.


El reto es importante, pero de lograrse, Colosio Riojas conseguiría el sueño truncado de su padre: ser presidente de México. Las encuestas ya han sido generosas al candidatearlo como posible aspirante en las elecciones presidenciales de 2024. Él ni lo afirma ni lo niega, pero #MiCISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional) sabe que tiene otros planes en el corto plazo. Por lo pronto, Colosio II se quiere reelegir como acalde de Monterrey. Y luego Dios, y Dante Delgado, dirán.


¿Será que la segunda generación de Colosio llegará a ostentar la banda presidencial en el pecho o veremos cumplir esa profecía hasta Colosio III (sí, el nieto se llama y se apellida igual)? Aun falta mucho para el segundo escenario, probablemente no tanto para el primero. Esperemos. Atentos. Siempre con la certeza que la marca Colosio no se crea ni se destruye, sólo se pone bótox con la llegada de la siguiente generación. Ya se sabe: la cosecha de los nepobabys, nunca se acaba.
Twitter: @Betotavira

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