Un equipo internacional de investigadores dio un paso importante en el estudio de las enfermedades óseas al elaborar el mapa más detallado hasta ahora de las células y genes responsables de la formación y pérdida de los huesos. El hallazgo, publicado en la revista Nature Genetics, identifica cientos de genes hasta ahora desconocidos y revela que las células que rodean los vasos sanguíneos desempeñan un papel esencial en la reparación del tejido óseo.
La investigación, encabezada por científicos del Instituto Garvan de Investigación Médica, Mater Research, en Australia, y el Imperial College de Londres, combinó tecnología de secuenciación genética con información de alrededor de 500 mil personas, lo que permitió identificar nuevos mecanismos relacionados con la salud del esqueleto.
Los resultados representan un avance en la comprensión de enfermedades como la osteoporosis, la osteoartritis y la osteogénesis imperfecta, padecimientos que afectan a millones de personas en el mundo, especialmente a adultos mayores. Los especialistas consideran que este conocimiento podría facilitar el desarrollo de tratamientos capaces no solo de frenar el deterioro de los huesos, sino también de regenerar el tejido perdido.
Actualmente, el organismo renueva de manera natural su estructura ósea aproximadamente cada diez años. Sin embargo, los investigadores reconocen que hasta ahora existía un conocimiento limitado sobre las células responsables de este proceso y sobre los genes que regulan la formación y degradación del hueso.
Para elaborar el mapa, el equipo utilizó una técnica de secuenciación de ARN de célula única, con la que analizaron la actividad genética de células localizadas en la zona donde el hueso se conecta con la médula ósea, considerada el principal sitio donde ocurre el recambio del tejido.
El estudio permitió identificar 34 grupos distintos de células y establecer qué genes se encuentran activos en cada uno de ellos. Uno de los hallazgos más relevantes fue que más de la mitad de los genes detectados nunca antes habían sido relacionados con el mantenimiento de la salud ósea, lo que abre nuevas líneas de investigación para el desarrollo de terapias.
Los científicos también cruzaron estos resultados con datos del Biobanco del Reino Unido, una de las bases de información genética más grandes del mundo. Gracias a ello lograron identificar con mayor precisión qué tipos de células están involucrados en enfermedades como la osteoporosis y otros trastornos del esqueleto.
Entre las principales sorpresas destaca el papel de las células que rodean los vasos sanguíneos. Aunque anteriormente habían recibido poca atención en este campo, ahora fueron identificadas como un componente clave en la regeneración del hueso y en el equilibrio entre la formación y la pérdida de masa ósea.
Los investigadores consideran que este descubrimiento también podría tener implicaciones en la lucha contra el cáncer. Explicaron que el hueso suele convertirse en un sitio donde permanecen células cancerosas inactivas y donde pueden aparecer metástasis, por lo que comprender mejor los mecanismos del recambio óseo podría contribuir al diseño de nuevas estrategias para prevenir la propagación de diversos tumores.
El equipo puso los resultados del estudio a disposición de la comunidad científica mediante una plataforma de acceso abierto y ya trabaja en nuevas investigaciones para comprender la función de los genes y células recién identificados, con el objetivo de desarrollar medicamentos dirigidos específicamente a estos nuevos blancos terapéuticos.






