La fructosa y la lactosa tienen un papel clave en los problemas digestivos

La investigación Fructose and lactose intolerance and malabsorption testing: the relationship with symptoms in functional gastrointestinal disorders, realizada por C H Wilder-Smith, A Materna, C Wermelinger y J Schuler, analiza la frecuencia de la intolerancia y malabsorción de azúcares en personas con trastornos gastrointestinales funcionales.

Los investigadores evaluaron a mil 372 pacientes mediante pruebas de aliento estandarizadas para medir las concentraciones de hidrógeno y metano; los resultados revelaron que el 60 por ciento presentó intolerancia a la fructosa, el 51 por ciento intolerancia a la lactosa y cerca de un tercio manifestó ambas condiciones de manera simultánea.

El estudio encontró que los síntomas típicos de los trastornos gastrointestinales funcionales se relacionan estrechamente con las molestias provocadas durante las pruebas de provocación con azúcares; sin embargo, estas manifestaciones clínicas no mostraron una asociación directa con los marcadores biológicos de malabsorción.

Los autores observaron que los pacientes que desarrollaron síntomas tras la ingesta de estos carbohidratos reportaron con mayor frecuencia problemas gastrointestinales; entre ellos destacaron la fatiga crónica, dolores musculares y diversas afecciones de carácter atópico.

La aplicación de una dieta reducida en fructosa y lactosa durante un periodo de seis a ocho semanas produjo una mejoría adecuada en más del 80 por ciento de los pacientes intolerantes; este beneficio se registró independientemente de la presencia o ausencia de evidencias químicas de malabsorción.

Los resultados también mostraron diferencias según el perfil clínico de cada individuo; las tasas de éxito fueron más elevadas en pacientes con diarrea o distensión abdominal, mientras que quienes padecían estreñimiento funcional presentaron una respuesta terapéutica considerablemente menor.

Los investigadores concluyeron que las decisiones médicas deben centrarse principalmente en la reproducción de los síntomas durante las pruebas y no únicamente en los niveles de gases exhalados; además, recomiendan extender la duración de estos estudios hasta cinco horas, para reducir el riesgo de diagnósticos falsamente negativos.

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