Política para guapos
Enrique Peña Nieto anda nervioso. El ex Primer Mandatario mexicano últimamente no duerme bien. Esto no precisamente se debe a que el actual gobierno del presidente López Obrador cada vez se acerca más a su cabeza. En realidad eso a Quique lo tiene sin cuidado, no le mueve ni un solo pelo de su copete arquitectónico. Lo que verdaderamente trae ansioso al hombre que gobernó a México de 2012 a 2018 es la futura boda de su hija Paulina. Y no es para menos: el cachorro de Atlacomulco no sabe qué ponerse.
Es la primera que se le casa. A la primera que va a entregar frente al altar y, por lo tanto, Enrique
no ha tenido otras oportunidades para ensayar, pues recordemos que Paulina (quien nació en 1995) también es la primogénita de la descendencia que Peña Nieto tuvo con su primera esposa Mónica Pretelini Sáenz (fallecida en enero de 2007); los otros dos hijos de ese matrimonio son Alejandro (1998) y Nicole (2000).
Hay otros dos hijos de Enrique fruto de dos relaciones fuera del matrimonio, pero no nos vamos a distraer. Bueno… mejor sí, porque como dijo el cineasta Archibaldo Burns: “el chisme es cultura”. Y como a los guapos les gusta ser cultos, ahí les va: En 2004 Enrique tuvo un hijo con Maritza Díaz Hernández, el cual fue bautizado como Diego Alejandro, quien está por cumplir los 18 años. Un año después del nacimiento de Diego Alejandro, es decir en 2005, Peña Nieto tuvo un hijo con Yessica de Lamadrid Téllez, el bebé se llamaba Luis Enrique y lamentablemente falleció víctima del cáncer el 31 de enero de 2007, días después de la muerte de Mónica Pretelini.
Luego de este breviario genealógico volvamos a la causa de la alopecia de Peña Nieto: el outfit para la boda de su hija. Claro que a Quique le sobran trapos. Pero la diferencia de cuando era Jefe del Ejecutivo a hoy, es que antes había todo un equipo de alrededor de 10 personas que exclusivamente se encargaban de comprarle la ropa, mandar a hacer los trajes y camisas, elegir las corbatas y zapatos que combinaran y cumplieran con el protocolo para cada ocasión. Ellos pensaban y solucionaban ese problema. Les apuesto mi reino a que es la hora que Enrique no sabe si enfundarse en un frac o en un chaqué para la boda de su hija.
Pero esa es su bronca. Paulinita gritó a los cuatro vientos, con suficiente antelación, que se despedía de la soltería. Primero, cuando le entregó el anillo su novio Fernando Tena –sí, sí, sí, el hijo del exfutbolista Luis Fernando Tena Garduño– en septiembre de 2021, en Nueva York; y, segundo, cuando la hija de Peña hizo público a través de su cuenta de Instagram que ya tenían fecha para la boda: 1º de octubre de 2022.
Lo que no se ha dicho, y hoy les comparto como primicia, es el lugar de la boda. Según las más prestigiadas espías de #MiCISEN la hija de Enrique Peña Nieto ha elegido España para casarse. Paulina Peña Pretelini y Fernando Tena ya decidieron que sea Madrid la coordenada exacta para dar el “sí, acepto” y para celebrar con sus convidados en una recepción planeada para alrededor de 200 personas. ¡Sí, sólo 200 personas!
Para darles perspectiva este número de invitados es una cifra pequeña comparada con los 3,000 asistentes que hubo en la Residencia Oficial de Los Pinos, en el año de 1969, durante la boda de Eugenia Castañón Ríos Zertuche con Gustavo Díaz Ordaz Borja, el primero de los tres hijos del presidente Gustavo Díaz Ordaz Bolaños Cacho quien, como dato curioso, estaba en funciones cuando nació Enrique Peña Nieto.
Pero deja tú el modesto número de invitados a la boda de Paulina Peña. Lo que ha provocado que
se me vaya la quijada al piso es que será ¡fuera de México! Que la hija o el hijo de un presidente o expresidente de México se case en el extranjero jamás lo habían visto estos ojos que se han de comer los gusanos.
Se los digo con el conocimiento de la Historia en la mano. Acuérdense que durante el sexenio de Miguel Alemán Valdés la segunda de sus tres hijos, Beatriz Alemán Velasco, se casó con Carlos Girón Peltier el 18 de septiembre de 1952 en México (específicamente la boda por lo civil fue en Los Pinos, por cierto la primera en esta propiedad como Residencia Oficial); luego, el 21 de octubre de 1979 la primogénita de los tres hijos del presidente José López-Portillo y Pacheco, Carmen Beatriz López-Portillo Romano se casó con Rafael Tovar y de Teresa en México (también en Los Pinos para no hacerle el feo a la bonita costumbre). Le siguió su hermana Paulina López-Portillo Romano quien se casó el 30 de mayo de 1981 con Pascual Ortiz Rubio Downey. El novio era nieto del expresidente de México Pascual Ortiz Rubio. El matrimonio por lo civil y religioso también fue en Los Pinos. Y con los hijos hombres de esos presidentes sucedió igual: ¡En México!
Tiempo después, en el primer sexenio panista también hubo boda: la hija menor del presidente Vicente Fox Quesada, Paulina Fox de la Cocha (una de los cuatro hijos que adoptó Fox con su primera esposa Lilian de la Concha) se casó en mayo de 2006 con Luis Carlos Aguilar Pizarro en México, por la iglesia en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Luz, en León, Guanajuato, mientras que el civil y la recepción fue en el rancho San Cristóbal, propiedad de Fox, en el mismo estado.
Insisto: de la Historia reciente de México del siglo XX y XXI no tengo registrado un matrimonio de alguna hija o algún hijo de un presidente de México fuera del país que gobernó su padre. Paulina Peña sería, quizás, la primera. Pero ¿por qué España? En el primer orden de ideas porque allá se autoexilió Peña luego de su administración. Y es en la Madre Patria donde tiene los contactos de primer nivel para poder blindar la boda de su hija. ¿Por qué tan poquitos invitados? Los novios tendrán sus razones. Pero el padre de la novia sabe que no debe hacer de un evento de su heredera la Cumbre de los No Gratos. Peña no convocará a ningún compromiso. LA Nota la darán todos los que no serán invocados.
Es otro México. No cabe duda que en el terreno de los eventos sociales de la política son los peores tiempos para el reflector. Hoy lo más importante es pasar inadvertido. Aquel que en México pretenda tener más exposición mediática que el presidente López Obrador puede despertar la envidia. Un pecado capital que Andrés Manuel suele manifestar donde uno menos lo esperaría: las bodas ajenas.
Twitter: @betotavira






