El tema de la entrepierna compartida divide ahora a España, porque debe o no divorciarse el Rey Felipe VI de su esposa y madre de sus dos hijas: Leonor (heredera al trono) y Sofía
El que diga que no le gusta mirar bajo las sábanas de los famosos, está mintiendo. Por morbo, por accidente, por cultura general o por deporte nacional uno observa a los personajes públicos de la cintura para abajo y saca sus propias conclusiones, sus propias repulsiones o perversiones.
No seamos hipócritas. Lo mismo nos interesa la vida privada más íntima de los protagonistas del mundo del espectáculo que de los artistas e intelectuales; lo mismo atraen los asuntos de cama de los actores políticos que los de los reyes y de las reinas que todavía habitan en este siglo XXI.
Por eso a los guapos no nos parece extraño el torbellino que ha producido la noticia recién dada a conocer de la supuesta infidelidad que habría cometido la Reina Letizia de España con el abogado y empresario Jaime del Burgo, quien luego de su romance secreto se casó con Thelma Ortiz, la hermana de Letizia Ortiz Rocasolano. En pocas palabras: el exnovio luego se convirtió en cuñado y ahora en traidor.
Pero vayamos por partes de este culebrón que tiene a toda España y a los adictos a las vidas ajenas como el GIF de Michael Jackson comiendo palomitas. El chisme es la siguiente: a finales de noviembre de 2023 salió a la venta el libro “Letizia y yo ¿Qué secretos oculta la reina Letizia” (Editorial Almuzara, 2023) escrito por el periodista español Jaime Peñafiel quien, a sus 91 años de edad, lo mismo ha sido corresponsal de guerra que cronista de la monarquía europea? Vamos, que es una institución en los medios de comunicación.
En este libro el autor asegura que la esposa del Rey Felipe VI y el hijo del político Jaime Ignacio del Burgo tuvieron una relación sentimental en distintas facetas. Inicialmente Letizia Ortiz y Jaime del Burgo habrían mantenido un romance de 2002 a 2004. Recordemos que en este último año la periodista contrajo matrimonio con el monarca, específicamente el 22 de mayo de 2004, ante más de 1,200 invitados.
A decir de la publicación, en 2002, mientras Letizia y Jaime estaban cenando en el Ritz de Madrid, él le iba a pedir matrimonio, traía el anillo de compromiso en su bolsillo. Cuando se disponía a entregárselo ella le contó que estaba saliendo con un diplomático.
Según el texto de Jaime Peñafiel, este romance obligaría a Letizia a dejar su profesión en los medios de comunicación. Del Burgo supuso que el misterioso hombre era el príncipe Felipe y le aconsejó a Letizia no hacer público el noviazgo con el heredero de la Corona.
Una segunda etapa sería del 2004 al 2010 en la que Letizia y Jaime sólo habrían sido amigos y confidentes. Finalmente, el tercer periodo comprendería del 2010, en el que se habría retomado su relación amorosa, hasta el 2011 cuando la Reina Consorte de España habría puesto fin de manera abrupta al amor prohibido con Jaime del Burgo.
Pero Jaime del Burgo no se alejó de Letizia. Al contrario, se unió a la familia, pues en 2012 se casó con Thelma Ortiz, hermana de Letizia, de quien Jaime se divorciaría en 2016.
El tema de la entrepierna compartida pudo haber quedado en una venganza del autor Jaime Peñafiel hacia Letizia –a quien le tiene declarada la guerra– si no fuera porque el propio Jaime del Burgo secundó (y precisó fechas) de lo publicado por Peñafiel, a través de su cuenta de X, antes Twitter, @JaimeDelBurgo, donde el 4 de diciembre hizo pública una selfie de Letizia, vestida con una pashmina negra, con el texto siguiente:
“Amor. Llevo tus pashmina. Es como sentirte a mi lado. Me cuida. Me protege. Cuento las horas para volver a vernos. Amarte. Salir de aquí. Tuya”.
Del Burgo publicó más textos insinuando que sí hubo una relación amorosa entre él y Letizia antes y durante su matrimonio con el Rey de España. Luego los borró, pero las capturas de pantalla que hicieron los medios de comunicación dejaron de manifiesto su posicionamiento.
El 5 de diciembre a las 11:40 PM publicó: “No cambió una coma de mis posts eliminados. Agradezo (sic) los mensajes de los que han entiendido (sic) que tendría mis razones. No guardo rencor a los que me habéis amenazado de muerte. No me siento orgulloso. Pero la verdad es la que es. Yo reconozco a un solo rey, está en el Cielo y se llama Jesús de Nazaret. Él me juzgará”.
Hasta el momento la Casa Real no ha emitido ningún comunicado. A decir del libro de Jaime Peñafiel, el otro Jaime guarda fotografías, videos, teléfonos móviles y mensajes de texto como pruebas de su amor prohibido.
El tema que divide ahora a España es si debe o no divorciarse el Rey Felipe VI de su esposa y madre de sus dos hijas: Leonor (heredera al trono) y Sofía.
Con la cautela que amerita el asunto, en el supuesto de que Letizia efectivamente se haya echado “la canita al aire” con el todavía no cuñado, a mí, me parece lo de menos. La institución de la Corona, a pesar de todo y a pesar de todos, siempre debe de ser lo más importante para los que han decidido que así sea.
Los reyes no se divorcian. Hay que hacer un repaso por la Historia Universal para darnos cuenta de que, dado que los matrimonios entre monarcas fueron un acuerdo para perpetuar el poder y el dinero, las amantes y los amantes de los herederos de la Corona eran parte del matrimonio. En lenguaje para guapos, en los palacios y en los castillos europeos siempre ha sonado el reguetón de “Felices los 4” de Maluma.
Por lo tanto, yo no creo que haya un divorcio entre Felipe y Letizia. Incluso lo veo innecesario. Con tantas relaciones abiertas normalizadas, con tantas terapias de pareja, con tantos otros escándalos a los que han sobrevivido, con dos hijas adolescentes (ambas educadas para recibir la Corona por si a una se le chinga la rodilla) … el divorcio es lo menos probable.
Tampoco veo a Letizia renunciando al poder y al dinero que tiene. Y mucho menos a su lugar en la Historia de España. Basta darse una vuelta a la recién inaugurada Galería de las Colecciones Reales, a un costado de la Catedral de la Almudena de Madrid, con todo un piso dedicado a los Austria, y otro piso dedicado a los Borbón –inaugurada este 2023 por Letizia y Felipe– para darse cuenta de que a esa genealogía no renunciará la Reina Consorte.
Por más documentados que se tengan los asuntos de cama, siempre habrá un motivo. Muchas veces consensuado, otras tantas soportado. Al final, sólo la pareja sabe sus razones para vivir “lo prohibido”.
*(@betotavira)






