Este primer debate presidencial me pareció un museo de frases hechas sobre las ilusiones que tiene todo aspirante a ponerse la banda presidencial. A contrarreloj, de unos contadores de tiempo del INE con los que Mercurio Retrógrado hizo de las suyas, las candidatas y el candidato hablaron de los temas urgentes de este país como si se estuviera escribiendo una carta a Los Reyes Magos. 

Sin propuestas originales (puras réplicas de lo que ya han hecho ellos o sus antecesores), sin contundencia en las ideas, sin simpatía, sin ironía, así se presentaron ante el electorado Claudia Sheinbaum, Jorge Álvarez Máynez y Xóchitl Gálvez. Sin sal ni pimienta. Y ni siquiera tuvieron el picante necesario para encender los ánimos del electorado.   

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