El papel de víctima es una de las fórmulas más eficaces cuando se pretende salir victorioso en una crisis. Su espectro de beneficios es muy amplio. Y su campo de aplicación puede ser desde un pleito minúsculo en una relación de pareja, hasta la relación del hombre más poderoso de un país con los grupos que piensan distinto a él.
En el caso de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha adjudicado el monopolio del papel de víctima como si fuera su inventor. Pareciera que AMLO tiene registrada la patente ante el IMPI y el uso exclusivo ante el Indautor. Nadie puede usurpar “su” papel porque nadie puede ser perseguido más que él y nadie puede sufrir más que él. Ni en su mundo paralelo –donde siempre hay “otros datos” que casualmente le favorecen– ni en la realidad donde los datos y las historias que los acompañan son escalofriantes.
La semana pasada, el periodista Ciro Gómez Leyva sufrió un atentado que tenía por objetivo matarlo. Le salvó la vida la camioneta blindada en la que se transportaba rumbo a su domicilio particular, en el sur de la Ciudad de México, luego de su participación en el noticiero estelar de Imagen Televisión. Iba solo. Sin chofer ni escolta ni acompañantes cuando dos sujetos, a bordo de una motocicleta, ejecutaron por lo menos nueve disparos, estratégicamente colocados para acabar con su vida.
El apoyo y solidaridad hacia Ciro no se hizo esperar en las redes sociales, desde el gremio periodístico, de parte de políticos de Morena y de la oposición y del pueblo de México que arropó a una víctima más de las miles y miles que hay en el país. Claro, la fama de Gómez Leyva eclipsó el ego del Presidente y, esta semana, López Obrador salió a defender el que cree que es su monopolio. El presidente de México señaló en su conferencia “la mañanera” que el atentado en contra de Ciro Gómez Leyva tiene como objetivo afectar al Presidente. “Alguien lo hizo para afectarnos a nosotros, no lo descarto”, dijo López Obrador.
Demasiado tarde. Demasiado visto. Luego de prácticamente un sexenio ya conocemos el matrimonio por conveniencia que tiene el Presidente con el papel de víctima, el cual, por cierto, a estas alturas ya no permea en la opinión pública. AMLO ha desgastado la eficacia de la fórmula.
Sin embargo, la narrativa se tornó en el apoyo a Ciro Gómez Leyva. “Todos somos Ciro”: leí en las principales redes sociales y en algunos de mis chats de WhatsApp. Y es cierto, todos somos Ciro porque en un país como México donde, para sus máximos gobernantes la vida no vale nada, todos los ciudadanos tenemos la muerte más cerca, comparando éste con otros sexenios. Ya sea porque no hay una estrategia seria en el terreno de la salud o porque la estrategia en materia de seguridad se resume a los “abrazos no balazos”.
Todos somos Ciro debido a que no se necesita ser periodista para sentirse inseguro en cada rincón de México; no se requiere vivir en la Ciudad de México para sentirse que ni aquí se está a salvo.
Todos somos Ciro porque después de haber sido víctimas de algún delito, el terror se queda tatuado en las emociones de las madres, las esposas, los hijos, los hermanos, los amigos y de toda la gente que rodea a las víctimas. Los daños colaterales pueden ser a perpetuidad y para eso no hay justicia que alcance.
Todos somos Ciro porque, a pesar de la adversidad en este México, hay que levantarse al día siguiente a trabajar, a sobrevivir. En el caso de Gómez Leyva, además debió explicarle al mundo qué pasó, sin que él mismo lo entendiera.
Todos somos Ciro porque si no nos unimos al unísono de la indignación y del reclamo de justicia, en este país terminarán por extinguirse los Derechos Humanos.
Todos somos Ciro porque ya basta de que las descalificaciones y el odio hacia la prensa tenga como la incubadora más poderosa el interior del Palacio Nacional. “La difamación, que sustituye al debate de ideas, es una convocatoria a la violencia física contra los periodistas estigmatizados por el presidente”: así se lo hicieron saber a López Obrador 177 periodistas mexicanos en una carta abierta, donde exigieron al Presidente cesar los hostigamientos hacia la prensa, luego de que AMLO dijo públicamente que podría existir un autoatentado detrás del ataque a Ciro Gómez Leyva.
Todos somos Ciro porque podemos simpatizar o no con sus ideas, puede gustarnos o no su trabajo, pero no puede pasar desapercibido que es uno más de los ciudadanos mexicanos que han sido blanco de asesinatos, la mayoría impunes. Afortunadamente Ciro sobrevivió para contarlo.
Finalmente, todos somos Ciro porque nuestro país necesita personas valientes que, después de ser protagonistas de una escena como esta, se levante y siga haciendo lo que mejor sabe hacer: evidenciar la incapacidad del poder.






