Me entristecen las víctimas, me preocupan los damnificados, me indigna que se haya eliminado el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) y que ahora no haya certidumbre económica para la recuperación de este punto turístico…

La devastación del puerto de Acapulco y otras zonas del estado de Guerrero tras el paso del huracán Otis no debe resultarnos indiferente. Los daños de este fenómeno meteorológico hasta el momento son incalculables, pero basta ver las imágenes que circulan a través de las redes sociales para darnos cuenta que estamos frente a una tragedia sin precedentes en la región.

Habitaciones de hoteles completamente destruidas, coches dentro de sus lobbys, arboles en los techos de las casas, palmeras arrancadas de raíz, restaurantes destrozados, calles intransitables, comercios colapsados… Esto es sólo una parte mínima de la destrucción que todavía no nos muestra la parte más dolorosa: la de las personas en pobreza, que debieron haber perdido todo.

No puedo dejar de conmoverme al ver a un Acapulco en ruinas. Es inevitable no ver las imágenes y desencajarme al ver los estragos en los lugares, establecimientos o edificios que, de alguna forma, son parte de la biografía de muchos mexicanos que hemos visitado ese Acapulco atemporal y democrático para los presupuestos de muchas familias.

ME ENTRISTECE

Me entristecen las víctimas, me preocupan los damnificados, me indigna que se haya eliminado el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) y que ahora no haya certidumbre económica para la recuperación de este punto turístico del que depende, en su mayoría, la economía de todo el estado.

Ya sabemos que tanto a los gobiernos locales, como a los estatales y federales siempre les quedan grandes las tragedias. Mientras las autoridades de protección civil decían en los medios de comunicación que no se podían comunicar con sus funcionarios en la zona del desastre, en varios de los chats de WhatsApp en los que participo ya se estaban organizando centros de acopio para ayudar a los guerrerenses.

La solidaridad es parte del ADN de los mexicanos y en esa sintonía en la que nos conviene maniobrar en lo urgente. Todavía viene la peor parte para los habitantes del puerto y otras localidades: el desabasto de productos perecederos, la rapiña y la delincuencia, las infecciones… Por favor no nos centremos exclusivamente en el señalamiento partidista. Proteger la vida, la salud y la seguridad siempre será la prioridad.

TODOS SOMOS ACAPULCO

Hoy todos somos Acapulco y es momento de sacar la casta. Desde las posibilidades de cada quien. Desde los centros de acopio que garanticen el destino de lo donado. Todos somos Acapulco y habrá que sumarse para su resurrección. Todos somos Acapulco y debemos de volver, porque Acapulco vive del turismo y esos ingresos permiten sobrevivir a todo el estado de Guerrero.

Todos somos Acapulco porque también todos tenemos una historia propia que contar de Acapulco: el primer viaje solos, el destino para la Luna de Miel, el antro donde se vivieron las noches más memorables, el restaurante donde se pidió matrimonio, la fecundación de un hijo, la primera vez en que se vio el mar.

El rescate de Acapulco es el rescate de nuestra propia historia, pero, sobre todo, es el rescate de las y los acapulqueños que nos han brindado tantos fragmentos de felicidad y que hoy nos necesitan.

@betotavira

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