México ha saldado la cuenta pendiente que tenía con Silvia Pinal. En la antesala del cumpleaños 92 de “La diva de los escenarios” (Guaymas, Sonora, 12 de septiembre de 1930) el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Cultura –en específico del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, así como de la Cineteca Nacional– le rindió un merecido homenaje, pero a mi gusto tardío, a la actriz más versátil que ha parido nuestro país.
La señora Pinal o “La Chivis”, como le llaman los millennials, el pasado 29 de agosto llegó en una silla de ruedas,
impecablemente maquillada y peinada, vestida con pantalón negro y una saco en el mismo tono pero de materiales brillosos y estampados dorados, al evento organizado para ella en el máximo recinto de la cultura en México: el Palacio de Bellas Artes.
Amurallada por la Dinastía Pinal, Silvia presenció desde un palco –a veces recargando la cabeza en su mano por el cansancio y otras levantando los brazos como muestra de felicidad–las presentaciones que hubo sobre su kilométrica trayectoria artística, la cual tuvo sus primeros bríos por ahí de los 14 años de edad, cuando participó en un certamen de belleza infantil, y alcanzó la cúspide de la fama internacional cuando se convirtió en musa del director de cine Luis Buñuel.
La transmisión del homenaje en vida, que se hizo a través del Canal 22, no tuve la posibilidad de verla en directo. He recurrido al paraíso del YouTube para observar lo acontecido. En la primera toma en vivo donde, por su lenguaje no verbal, Silvia Pinal se muestra cansada, la primera pregunta que se me vino a la curiosidad es ¿por qué tan tarde? Y no me refiero al horario del evento que comenzó pasaditas de las 19:00 horas con duración de alrededor de 2 horas, sino al reconocimiento nacional.
¿Por qué no se le había reconocido su trayectoria a Silvia Pinal en este y en sexenios pasados? ¿Por qué tan tarde en lo que va de la Cuatroté? ¿Por qué tan poco espectacular el evento en Bellas Artes? ¿Por qué no la reconoció personalmente el presidente Andrés Manuel López Obrador? ¿Qué tanto tiene que ver su pasado priista?
Que Silvia Pinal Hidalgo ocupó distintos cargos públicos no es un secreto para nadie. Lo revelador es que la herencia política le viene del lado paterno. Y es que el esposo de su mamá, Luis G. Pinal Blanco –quien reconoció a Silvia como su hija y le dio su apellido una vez que Moisés Pasquel, el padre biológico de la niña, no quiso hacerlo– fue un hombre que se tituló como Contador Público pero, más tarde, formó parte en el ejército de Plutarco Elías Calles. Tiempo después ejerció el periodismo como corresponsal en Hollywood.
El señor Pinal dejó el cuarto poder para unirse a las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que le dio un puesto en el instituto político y también lo llevó a la presidencia Municipal de Tequisquiapan, en Querétaro. El esposo de doña María Luisa Hidalgo Aguilar fue el hombre de quien Silvia Pinal aprendió el arte de la política.
Muchos años más tarde esas “tablas” las ocuparía en su papel como Primera Dama del estado de Tlaxcala 1982 a 1987. Sí, señoras y señores, Tlaxcala sí existe y La Pinal fue esposa de uno de sus gobernadores: Tulio Hernández Gómez. Y es que la leyenda cuenta que ambos se conocieron en el centro nocturno El Patio. Era el inicio de los años 80. Tulio ya era el Primer Mandatario tlaxcalteca y acudió como espectador al show del lugar. Silvia Pinal presentaba el espectáculo Felicidades, Silvia y ya tenía bajo el brazo cuatro Arieles y tres Diosas de Plata entre otros reconocimientos.
El político del PRI quedó obsesionado con la artista. Comenzó su cortejo a partir de que volvieron a coincidir en el restaurante Arroyo. Todo mundo le decía a ella: “Está muy feo. ¿Cómo sales con él?”. A lo que la Pinal respondía: “es tan culto que ni se le nota. Además es muy inteligente, dulce y cachondo”. Así lo publicó ella en sus memorias Estas soy yo. Silvia Pinal (Porrúa, 2015). Esas características convencieron a la diva del cine para llegar frente al juez en 1982, en Tlaxcala, y dar el “sí, acepto” ¡por cuarta vez! Pues Silvia venía de tres matrimonios y tres divorcios: Rafael Banquells, con quien tuvo a su hija Sylvia; Gustavo Alatriste, con quien procreó a Viridiana (q.e.p.d.); y Enrique Guzmán, con quien tuvo a Alejandra y Luis Enrique. Finalmente Silvia Pinal se divorció de Tulio Hernández en 1996. Actualmente él ronda los ochenta y tantos años de edad y padece Alzheimer.
Ahora bien, una vez que nuestra “Chivis” probó las mieles del poder aceptó el ofrecimiento de lanzarse como candidata a diputada por el PRI, para el distrito XXVII, que comprendía las delegaciones Coyoacán, Tlalpan e Iztapalapa. La invitación la recibió por parte de Marcelo Ebrard, entonces secretario general del PRI en el DF. El presidente de México en ese entonces era Carlos Salinas de Gortari.
La actriz de teatro, televisión y cine hizo campaña y resultó electa. Formó parte de la LV legislatura de 1991 a 1994. Fue presidenta de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía donde logró una reforma a la Ley de Cinematografía: modificó la cláusula final, −que los legisladores llamaron la “cláusula Pinal”− donde se agregó el rubro “se protege la transmisión” y, con eso, se pagarían las repeticiones de las películas.
Ya con Ernesto Zedillo como Presidente, Silvia Pinal asumió desde 1994 hasta 1997 la responsabilidad como diputada a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para representar al mismo lugar y a la misma gente que como Diputada Federal. Es decir, por el mismo distrito XXVII y por las mismas siglas del PRI. “Fue una campaña complicada”, recordó la actriz y política en su autobiografía, pues el PRD estaba tomando mucha fuerza en la ciudad.
A la Pinal se le debe, entre otras iniciativas, que los diputados a la Asamblea actualmente disfruten de las oficinas alternas con vista al Zócalo capitalino. Y es que fue la Pinal quien gestionó con el entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Óscar Espinosa Villarreal, que les dieran un lugar “para atender dignamente”. Y el político priísta se lució: les dio el edificio ubicado en Plaza de la Constitución 7, frente al Palacio Nacional.
Pero en la política uno no se sale. Lo sacan. Y eso lo comprobó Silvia Pinal en el Senado de la República a donde llegó como senadora suplente de Esteban Moctezuma Barragán. Un año después de que el político del PRI ocupó su escaño, pidió licencia para irse como secretario de Desarrollo Social (1998) en el gobierno del presidente Ernesto Zedillo. Entonces la Pinal se sentó en esa silla y desde ahí promovió reformas a la Ley de Cinematografía, con las que se creó el Fondo de Inversión y de Estímulos al Cine (Fidecine).
La dinastía Pinal estaba muy orgullosa de que su integrante formara parte de los 128 senadores. Incluso la mamá de Silvia la acompañó a su toma de protesta. Sin embargo, tras las elecciones del 2000, en las que Esteban Moctezuma fue coordinador de la campaña de Francisco Labastida, Moctezuma volvió a ocupar su curul y dejó fuera a la Pinal.
De los más de 70 años de carrea artística fue alrededor de una década en la que Silvia se volvió actora política. Una marca indeleble en la que ella nunca se ha mostrado arrepentida de manera pública. Tampoco se ha mostrado lopezobradorista ni en 2006 ni 2012 ni en 2018. ¿Será que su ADN priista haya hecho llegar su homenaje hasta el cuarto año del sexenio en turno? Como sea, celebro que se le hayan rendido honores a la señora Pinal, de pie, en el Palacio de Bellas Artes, pues más allá de las siglas partidistas en una leyenda viviente.
Twitter: @Betotavira






