No lo digo yo, lo dice el empoderamiento femenino de nuestros tiempos, lo dicen los protocolos internacionales y lo dicen las instancias normativas. Por ejemplo, la Real Academia Española (RAE) desde 1803 ha reconocido la palabra presidenta. Incluso, a través de su diccionario panhispánico de dudas
Definitivamente hay de todo un poco. Por un lado están los modernos que abrazan y se adaptan al cambio, por el otro están los distraídos que nomás no se enteran y, en el otro extremo, están los necios que insisten en referirse a Claudia Sheinbaum como presidente en lugar de presidenta de México.
No comprendo cómo con tan sólo escucharlo al pronunciarlo no se percatan del error al decir “primera mujer presidente”, “nuestra comandante supremo”, “la jefe de Estado”. Y es que no hace falta ser experto en lingüística para darse cuenta que esa unión de palabras es comparable con una Quimera.
Estoy de acuerdo que la llegada de la primera mujer al máximo cargo político en toda la historia de México como República nos va a llenar de aprendizajes sobre la marcha, pero por favor, el cargo de presidenta no se acaba de inventar ni es algo que no hayamos visto a nivel internacional.
En Latinoamérica están los ejemplos de Dilma Rousseff en Brasil, Michelle Bachelet en Chile y Cristina Fernández en Argentina, por mencionar sólo algunas. A todas se les llama presidenta en su país y así se les conoce de manera oficial en otras naciones. Así de fácil, sin andar jugándole al masculino y femenino en una misma oración.
Si nos queremos ver de mucho mundo hay que voltear hacia la historia de la humanidad donde desde el siglo XV ya había mujeres al frente de grandes imperios. Las reinas de Europa no sólo han dirigido naciones sino que también han estado al frente de ejércitos sin que se les pretendiera masculinizar su nombre, su cargo o su poder.
Si México eligió en las urnas a una mujer para que lo gobierne tenemos, como ciudadanos, la obligación de dignificar el género comenzando por el lenguaje inclusivo.
Se dice presidenta, comandanta suprema de las Fuerzas Armadas y jefa del ejecutivo. Todos los cargos a los que se quiera hacer referencia a Claudia Sheinbaum se escriben y se pronuncian en femenino, aunque le cueste trabajo al patriarcado; aunque la Constitución de 1917 se refiera al cargo en masculino; aunque se les desconfiguren las estrellas a los militares.
No lo digo yo, lo dice el empoderamiento femenino de nuestros tiempos, lo dicen los protocolos internacionales y lo dicen las instancias normativas. Por ejemplo, la Real Academia Española (RAE) desde 1803 ha reconocido la palabra presidenta. Incluso, a través de su diccionario panhispánico de dudas, se asegura que se tiene registro de esa palabra desde el Siglo XV. Es decir, es muy anterior a los feminismos.
Ya lo dijo el escritor y traductor Adrián Chávez (@nochaveznada en TikTok) “Si no fuera académicamente correcto (el uso de presidenta) su objetivo no es la corrección lingüística sino la visibilidad política”.
Así que por modernos, por cultos o por reivindicativos debemos llamarle presidenta a la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin artículos masculinos, sin adjetivos machistas, sin verbos que resten el mérito de haber llegado al máximo poder siendo mujer.
*@Betotavira






