En México, no decimos que algo es antiguo; decimos que es «del año del caldo». Ya sea que estemos hablando de esa canción que nuestras tías bailan en las bodas, de un modelo de celular que ya parece ladrillo o de una tendencia que ya pasó de moda, esta frase es nuestra forma definitiva de marcar distancia con el presente.
Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué un «caldo» tiene la culpa de nuestra noción del tiempo? Como suele pasar con nuestra cultura, la respuesta está mezclada con un poco de historia colonial y otro tanto de ingenio para evadir impuestos.
El origen: Cuando el vino no era vino, sino «caldo»
Aunque hoy pienses en una sopa de pollo cuando escuchas la palabra, en los siglos XVI y XVII, durante la Nueva España, se le llamaba «caldo» a todo jugo de uva fermentado, al aguardiente e incluso al vinagre.
Aquí es donde se pone interesante: los comerciantes que traían licores desde España intentaban ser «más listos que el sistema». Para no pagar los altos impuestos que el Virreinato imponía a las bebidas alcohólicas, etiquetaban los barriles simplemente como «caldos», esperando que pasaran por jugos comunes.
Sin embargo, las autoridades no tardaron en darse cuenta del truco y empezaron a cobrar impuestos especiales por la entrada de estos líquidos al puerto de Veracruz. Fue así como la gente empezó a referirse al «año en que se cobró el caldo» como un hito temporal muy lejano. Con el tiempo, la frase se fue puliendo hasta quedar como la conocemos hoy.
La teoría de la uva: Entre barricas y fermentos
Otra versión, muy querida por los amantes del buen beber, viene directamente de la industria vitivinícola. En el mundo del vino, el «caldo» es el jugo de uva que está en proceso de fermentación. Como el año de la cosecha y el tiempo que pasa en la barrica lo son todo para la calidad de una botella, los productores siempre hablaban del «año del caldo» para referirse al inicio de su tesoro líquido.






