En cada desenfreno contradicen el discurso del primer mandatario (y patriarca de la familia) quien, en distintas ocasiones, ha señalado que “Debemos de buscar una sociedad no materialista” y que “Hay que tener únicamente lo necesario para vivir”.
El presidente de México es alérgico a los festejos que no tengan que ver con él. Las bodas ajenas le provocan salpullido. Los cumpleaños de otros le ponen los ojos rojos. A los bautizos y a las primeras comuniones ya mejor ni asiste por temor a que le falte la respiración. No es que Andrés Manuel López Obrador tenga fobia social. Simplemente, el mandatario no es simpatizante de compartir su reflector.
Por eso la fiesta de XV años de la hija de su nuera levantó las dos cejas de AMLO. No sólo por el hurto de la atención mediática sino porque los López de Houston se han convertido en sinónimo de escándalo. Que si sus fotos de Instagram esquiando en Aspen, que si sus paparazzi en el hotel más lujoso de Acapulco, que si sus comidas en restaurantes fifís de San Ángel en la Ciudad de México.
El primogénito del presidente, José Ramón López Beltrán, y su esposa Carolyn Adams, se han convertido en un fuerte dolor de cabeza en Palacio Nacional. Desde el inicio del sexenio lopezobradorista, la pareja se ha esforzado por representar lo opuesto a los principios de austeridad de la Cuarta Transformación. En cada desenfreno contradicen el discurso del primer mandatario (y patriarca de la familia) quien, en distintas ocasiones, ha señalado que “Debemos de buscar una sociedad no materialista” y que “Hay que tener únicamente lo necesario para vivir”.
Ya lo dije en la entrega titulada “El difícil personaje de López Obrador”, publicada (en junio de 2022) en esta simpática columna de Política para guapos: “Hay quienes piensan como Carlos Marx, pero les gusta vivir como Carlos Hank”. Una frase que hace muchos años escuché pronunciarse por primera vez desde la garganta profunda de alguna de las integrantes de Mi CISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional), y que ha adquirido mayor vigencia en la administración del presidente López Obrador. Sobre todo en su hijo José Ramón, el mayor de los tres que tuvo con su primera esposa Rocío Beltrán Medina (q.e.p.d.).
Tanto José Ramón como Carolyn parece que no entienden o no quieren entender que traen tatuado en la frente el código de barras de la corrupción en forma de la “Casa Gris”. Por más pruebas, investigaciones e informes “serios” que Carolyn haya presentado para salvar su nombre, el imaginario colectivo de los mexicanos los tiene asociados al mayor escándalo de corrupción, hasta el cierre de este texto, de la dinastía López Obrador.
Sin embargo, en lugar de bajar el perfil y el estilo de vida, José Ramón y Carolyn han elegido el camino del exhibicionismo y de la opulencia, un par de platillos que hoy tiene lamiéndose los bigotes al algoritmo de TikTok en donde lo negativo siempre va a tener mantequilla untada para deslizarse sin obstáculos hacia la viralización. ¿En qué país cree Carolyn que vive? ¿Con quién cree estar casada? ¿Conoce el perfil sociodemográfico de los afiliados a Morena? ¿Considera que todo México ama a su suegro?
Esto nos lo preguntamos los guapos luego de leer el comunicado que Carolyn Adams publicó a través de sus redes sociales, tras la avalancha de críticas que recibieron por la fiesta de su hija Natalia (hijastra de José Ramón). “NO utilizamos dinero público” ¿Entonces en qué trabajan actualmente Carolyn y José Ramón? “NO toleraré las difamaciones y ofensas que han surgido” ¿Procederá legalmente contra todas las cuentas de Twitter que la criticaron? “NUNCA he formado parte de ningún gobierno” ¿Y por qué la cuidan a ella y a sus hijos escoltas del gobierno federal? ¿Y por qué se sienta en primera fila en los eventos oficiales del presidente López Obrador? ¿Y por qué entra y sale de Palacio Nacional como si fuera su casa?
Hay un tufo de soberbia en los López de Houston que no le está conviniendo al Presidente de México. Mientras el suegro es embajador de la “austeridad republicana”; la nuera lo es de CHANEL. Mientras el suegro es asiduo de la “pobreza franciscana”; la nuera lo es de la primera clase de los aviones. Mientras el suegro es alérgico a las fiestas; la nuera organiza XV años que parecen boda.
Los guapos sabemos de memoria el refrán que dice: “para ser hay que parecer”. Y Carolyn Adams de López se ha empeñado en parecer más nueva rica que una mujer empática con la base del pueblo. Paradójicamente, desde su posición privilegiada dentro de la familia presidencial, se ha mimetizado más con los usos y las costumbres de los conservadores que tantas ronchas le sacan a su suegro.
Carolyn se está equivocando y está manchando el discurso del Presidente. De paso, la señora Adams está insultando la inteligencia de los guapos al hacernos creer que se puede habitar en el Inferno sin salir oliendo a azufre. El poder pasa más rápido que un relámpago. Esperemos que, al final del sexenio, las investigaciones periodísticas y judiciales no apunten hacia ella, no vaya a ser que a través de la nuera muera el pez.
Finalmente, aunque se enoje doña Carolyn, propongo cambiar el eslogan del gobierno. Que el nuevo diga: “Por el bien de los López, mejor sin las fiestas”.
Twitter: @betotavira






