Sin duda hay dos Juegos Olímpicos de París 2024. Los que se disfrutan en la televisión, a la antigüita (yo los he visto a través de Claro Sports México) y los que se padecen en X (antes Twitter). En el segundo pareciera que en París 2024 el resentimiento quiere ganar la medalla de oro
Ya no quiero ver las Olimpiadas en las redes sociales. Me está resultando esquizofrénico observar en la pantalla de la televisión a los atletas más admirables de todo el mundo haciendo movimientos que pasarán a la historia y, paralelamente, verlos destrozados o desprestigiados a través de comentarios emitidos sobre todo en X, antes Twitter.
Así ha sido desde la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024. Las redes sociales se han convertido en una cueva oscura donde la ultraderecha, la doble moral, la ignorancia y la discriminación han hecho un caldo de cultivo para hablar de todo menos del mérito de los hombres y de las mujeres más fuera de serie del planeta Tierra.
Por ejemplo: que en la ceremonia de inauguración se habría hecho una representación de “La última cena” con Drag Queens. Se armó una tormenta de polémica y no era para tanto. Luego salió a explicar el director de la ceremonia Thomas Jolly que esa obra no fue la inspiración. Dijo para CNN: “Dionisio llega a la mesa porque es el dios griego de la celebración y esa secuencia se llama ‘festividad’”.
Otro debate: Que la cabeza de María Antonieta, iluminada en rojo, recordando los tumultuosos eventos de la Revolución Francesa y la caída de la monarquía representaban un acto machista y una falta de sensibilidad para las monarquías presentes. ¡Pero es parte de la Historia Universal y pasó hace más de 200 años!
Uno más: Que si se reconoce a los mejores cuerpos esculpidos a base de pura disciplina estamos cosificando a las personas… ah, pero una buena parte de esas críticas acérrimas quieren las cirugías y los trucos de las Kardashian.
El más controversial de todos: Que había un grupo de atletas transexuales compitiendo en box. Luego salió el Comité Olímpico Internacional a confirmar que ni la argelina Imane Khelif ni la boxeadora taiwanesa Lin Yu-Ting son o se presentan como mujeres transexuales.
¿En qué momento las Olimpiadas se convirtieron en Rubén Aguilar, aquel vocero de Vicente Fox que tenía que salir a aclarar todo lo que su jefe decía?
¿En qué momento las Olimpiadas se convirtieron en un catálogo de todo lo que no hay que hacer para no irse derechito al Infierno?
¿En qué momento se convirtió más importante lo que digan las redes sociales a lo que digan los entrenadores o las federaciones internacionales sobre las y los atletas?
Sin duda hay dos Juegos Olímpicos de París 2024. Los que se disfrutan en la televisión, a la antigüita (yo los he visto a través de Claro Sports México) y los que se padecen en X (antes Twitter). En el segundo pareciera que en París 2024 el resentimiento quiere ganar la medalla de oro.
Dejemos claro que esto es el Siglo XXI: el siglo de las mujeres, de las minorías, de la igualdad, de la diversidad. Quien no comprenda esto terminará somatizando su amargura porque lo que se está viendo en París no es una moda, es una realidad.
La epidemia de lo políticamente correcto y la radicalidad de algunas personas que simpatizan con el conservadurismo pretende juzgar a la creatividad y coartar la libertad –desde la valentía que dan las redes sociales– pero, insisto, es el Siglo XXI… y es París.
Comprendo que esas mismas redes se están llevando el monopolio de la conversación de la justa olímpica. Ya lo dijo el buen Mauricio Cabrera –mejor conocido como Maca– en su reciente Newsletter de StoryBaker: “Todo lo que trasciende está en las redes”. Pero también es cierto que las redes no necesariamente son el reflejo de la realidad.
La Olimpiadas son la unión de las naciones a través del deporte, no la guerra de adjetivos (porque no argumentos) a través de los 240 caracteres.
Por eso elijo no entrar en polémica y por lo tanto poner pausa al algoritmo, sobre todo de X, para dar paso al goce, a la admiración, al conocimiento y reconocimiento de todas esas personas que han dejado una vida por estar ahí, en las Olimpiadas de París.
*@betotavira






