“¿Por qué se divorcian?” fue la pregunta que más veces se repitió entre mis Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional.

Estoy en shock. Me sigue temblando el párpado. Por más que lo intento no me puedo quitar la palma de la mano derecha sujetándome la frente como tía que, a pesar de haberse tomado un whisky, no asimila una noticia como la separación de los Trudeau.

Apenas en mayo pasado, con motivo del Día de la Madre, el primer ministro de Canadá felicitaba a su esposa en sus redes sociales y destacaba que era “una de las personas más fuertes, valientes y grandes que conocemos”. Hoy le dice, ante los ojos del mundo #HastaLaVistaBeibi. 

La pareja modelo de la política internacional se ha separado. Así lo hicieron saber el pasado 2 de agosto, a través de un comunicado oficial que hicieron público de manera conjunta, en sus respectivas cuentas de Instagram, donde Justin Trudeau, de 51 años de edad, y su esposa Sophie Grégoire, de 48, informaron su separación tras 18 años de matrimonio y tres hijos. 

Una vez que compartí la información en los chats de #MiCISEN, aquello se volvió como un gallinero al que le acaban de aventar maíz.

“¿Por qué se divorcian?” fue la pregunta que más veces se repitió entre mis Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional. La versión oficial del comunicado dice: “Como siempre, seguimos siendo una familia cercana con un profundo amor y respeto por cada uno y por todo lo que hemos hecho y seguiremos haciendo (…)”.

Los guapos sabemos que detrás de cada comunicado de divorcio “lleno de amor” hay una sobredosis de estar hasta la mother el uno del otro; de haber agotado todas las emociones positivas y de haberse apagado toda “luz”, de esa de la que hablan los Illuminati de Tulum.

No romanticemos los divorcios. Es lo que son y punto. Aquí lo que nos hace levantar la ceja es la pregunta del millón ¿Para qué (que no es lo mismo que por qué) se divorcian los Trudeau?

Lejos de lo que uno ve desde México, en Canadá, el guapo político atraviesa una de las peores caídas en popularidad. Aquellos años de gloria de cuando hizo su arribo como primer ministro de Canadá en 2015 han quedado sepultados. “La sensación” ahora es “la maldición” para la mayoría de los habitantes de aquella nación. ¿Con esa crisis en los niveles de aceptación conviene anunciar su separación? Para los opositores eso representa gasolina para la hoguera de “si no pudo con su matrimonio menos podrá con un país”. ¿Para qué la separación antes de concluir su mandato?  

Hasta donde los guapos tenemos entendido, la separación de Trudeau y Grégoire es la segunda que sucede en un primer ministro en funciones en la historia reciente de Canadá. La primera habría sido la separación de los propios padres de Justin, Pierre y Margaret Trudeau, en 1977. Los tres descendientes de esta pareja no la pasaron bien.

El propio Justin narró en sus memorias la angustia de tener padres divorciados, lo que, según él, le dejó “una sensación de disminución de la autoestima”. No sabemos qué tanto lo tengan considerado tanto Justin como Sophie pero, sus tres hijos, están precisamente en esa edad donde lo que menos necesitan es un divorcio de sus padres. Xavier, está en los infernales 16 años, Hadrien, en los 14, y Ella-Grace, apenas tiene 9. ¿Para qué la separación de los padres cuando los hijos no saben ni quiénes son ellos mismos?

El comunicado que le ha dado la vuelta al mundo dice que después de “muchas conversaciones significativas y difíciles” con Sophie, “hemos tomado la decisión de separarnos”, según Trudeau. ¿Qué hay detrás de la palabra “difíciles”?

Los guapos sabemos que los ricos y los poderosos no se divorcian si no hay un tercero en discordia que, desde luego, no haya sido consensuado. En México y en el mundo se puede renunciar “al amor”, pero difícilmente se renuncia a la mitad de una fortuna. O a toda.

Por eso los políticos de las más altas élites prefieren no divorciarse. Insisto, sólo llegan a la disolución del matrimonio si hay un nuevo amor que, en promedio, suele tener la mitad de la edad del proveedor. Algo así como la canción de 40 y 20 que hiciera famosa nuestro José José. Si ese fuera el caso de Justin ¿El liberal le daría la suficiente carroña a sus opositores del ala conservadora?

Poco después del anuncio, la Oficina del primer ministro publicó un comunicado en el que señala que los dos “han firmado un acuerdo de separación” para asegurar que tomaron “todas las medidas legales y éticas con respecto a su decisión”. La ética puede ser una pista para entender a un político envuelto en escándalos de corrupción, favoritismo y conflicto de intereses. ¿Para qué la separación del patrimonio? ¿Para protegerlo en caso de un juicio político al término del mandato?

Los Trudeau son una dinastía que lleva generaciones dedicada a la política. No son ningunos improvisados. Dicho esto, la separación de Justin debe de tener más cálculos que la calculadora científica más sofisticada. En el escritorio del político debe de haber un mapa con el análisis de qué se gana, qué se pierde, y qué se gana cuando se pierde.

Es difícil de creer que “la pareja ideal” de la política mundial, de la noche a la mañana, se diga adiós nomás porque sí. ¿Para qué se separan los Trudeu? Es una pregunta que más pronto que tarde encontraremos respuesta. Mientras tanto, sin pruebas, pero sin dudas, los guapos apostamos por un nuevo amor y eso, como el olor a guayabas, no se puede ocultar por mucho tiempo.

Twitter: @betotavira

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