La versión oficial de su fallecimiento deja más dudas que respuestas en un país como México donde las autoridades tienen el primer lugar en falsear toda escena y toda versión que les perjudique o que les provoque más chamba
Su asesinato me tiene con las emociones como si fuera un electrocardiograma. Desde la mañana del lunes 13 de noviembre que se hizo público que habían encontrado muertos en su domicilio al Magistrade del Tribunal Electoral de Aguascalientes, Jesús Ociel Baena Saucedo y a su pareja Dorian Nieves Herrera, cada información que leo me produce tristeza, enojo, ansiedad, miedo, coraje…
La versión de la Fiscalía de Aguascalientes ya es por todos conocida: Dorian mató a Ociel, con al menos 20 cortes de navaja de afeitar, uno de esos cortes en la yugular. El resto de los detalles los voy a omitir porque solo abonan al morbo de una versión que a mí, y a muchos otros, nos deja con más dudas que respuestas.
¿Qué tipo de protección le dieron las autoridades al Magistrade luego de recibir amenazas de muerte? Ya sabemos que un escolta ¿pero qué horario o prestaciones tenía el custodio? porque, al menos al momento del crimen, brilló por su ausencia. No hace falta ser experto para saber que cualquier protocolo de seguridad incluye, por lo menos, cámaras de vigilancia afuera del domicilio. Aquí no había ni una sola.
Insisto, la versión oficial deja más dudas que respuestas en un país como México donde las autoridades tienen el primer lugar en falsear toda escena y toda versión que les perjudique o que les provoque más chamba. Eso no es nuevo. Y los crímenes de odio no son la excepción. Ya lo han documentado y denunciado a lo largo de los años periodistas como Alejandro Brito Lemus y Fernando del Collado. El primero, a través del suplemento “Letra S” del periódico La Jornada y el segundo, a través de un par de libros.
En la primera de sus entregas Homofobia. Odio, crimen y justicia 1995-2005 publicado en el año 2007 bajo el sello de Tusquets, Del Collado lanza un dato escalofriante: “Entre 1995 y 2005 se cometieron 387 crímenes de odio contra homosexuales. El 54 por cierto de las víctimas murieron acuchilladas, degolladas o estranguladas”. Curiosamente la forma en la que “murieron” Ociel Baena y Dorian Herrera se parece más a este patrón que se presenta en los crímenes de odio por homofobia que en los crímenes pasionales.
Hasta ahora lo que he visto y escuchado no me cuadra. He consultado a un par de amigos criminólogos –que me solicitaron el anonimato– y en ambos casos les hace fruncir el ceño que la navaja con la que se “suicidó” Dorian se encuentre perfectamente acomodada en la mano donde se acaba de cortar la yugular. “No se necesitan tantos navajazos para matar a alguien. Con uno era suficiente. ¿Para qué dejar rastro de la saña?”, me dicen.
El asesinato del Magistrade Ociel Baena nos consterna e indigna a los integrantes de la comunidad LGBTI+ porque, entre otras cosas, representa los navajazos que se le da a la esperanza de quienes queremos vivir en un país donde no tengamos miedo a la libertad de ser y de amar.
Al mismo tiempo, tras su asesinato, Ociel ha venido a reivindicar nuestra lucha, nuestra fuerza, nuestra valentía en un México machista y homofóbico en el que no daremos un paso atrás por los derechos logrados y por el reconocimiento obtenido.
Que sus ideas nos guíen hacia la libertad, que los tableados de sus faldas nos abracen en la dignidad y que sus abanicos sigan haciendo que retiemble en sus centros la tierra al sonoro rugir del tacón.
Descansa en poder, Ociel.
*(@betotavira)






