Ninfa Salinas y Omar García ¿A dónde van juntos?

Esta pareja me encanta. Siempre he tenido una particular fijación por los opuestos, así que el noviazgo de Ninfa Salinas Sada y Omar García Harfuch me parece tan provocador como interesante. Tan misterioso como morboso. Tan impredecible como estratégico. Tan de TV Azteca como de Televisa. Tan de “La dama y el vagabundo”. 

Los guapos ya conocemos sus generales: Ninfa, con una carrera propia en la política en la que ha ocupado los cargos de diputada federal y senadora de la República. Súper guapa, súper elegante y súper rubia. Divorciada (por partida doble) y con hijos. Empresaria, filántropa y una de las herederas del emporio de Grupo Salinas. Es la única hija mujer de los seis descendientes (de dos matrimonios) del polémico empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego, cliente frecuente de los primeros lugares del listado de los más ricos de México de la revista Forbes.

De García Harfuch ya sabemos que es “Chacalito del momento”. Ni se les ocurra echarme a la Conapred, pues así, sin eufemismos y utilizando el argot de la Comunidad del Arcoíris es como conocen las integrantes de #MiCISEN (Comadres que Investigan sobre la Élite Nacional) al actual Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México. Este macho alfa, lomo plateado, pecho peludo, espalda de gladiador y sonrisa Colgate también está divorciado y con hijos. Es el menor de los dos hijos que tuvo la actriz María Sorté de su relación con el político del PRI Javier García Paniagua. Por lo tanto, Omar es nieto del general Marcelino García Barragán, quien fue gobernador de Jalisco y secretario de la Defensa Nacional en 1968, cuando era presidente de México Gustavo Díaz Ordaz.

Una vez trepado el árbol genealógico de ambos, recordemos que en noviembre de 2021, en mi plataforma digital Cuna de Grillos y en sus redes sociales, publicamos que Omar llevaba pocos meses de noviazgo con Ninfa. Y ardió Troya. Algún día contaré en mis memorias las historias detrás de la Historia. De todo y de todos tomo nota. Lo bueno de eso es que la gente más cercana a los protagonistas me confirmaron lo que publiqué: “noviazgo sí, boda no”. 

Ha pasado poco más de un año desde entonces. Por medio de #MiCISEN sabía que el romance iba viento en popa. Incluso el miércoles 25 de enero, la página de internet El mundo de Regina, que fundó y dirige mi querida Luisa Serna Barrera, publicó una nota con el encabezado “Ninfa Salinas y Omar García Harfuch: fuentes nos confirman que están más unidos y enamorados que nunca”. Los guapos que conocemos de toda la life a Luisa sabemos que la también fundadora de la revista Quién tiene más contactos que un poste de luz afuera del metro Pantitlán. 

Ahora bien, si sigue vigente el noviazgo de Ninfa y Omar ¿hacia dónde va esa relación? ¿Será que tendremos pronto boda? ¿Se imaginan que lleguen a convertirse en consuegros Salinas Pliego y María Sorté? ¡Mi reino por ver, con una copa de Petrus en mano, esa escena! Pero lamento informarles que, según mis cálculos, eso no sucederá… por ahora. 

Y es que Omar le tiene entregada su alma al Diablo. No, no me refiero sólo a su jefa Claudia Sheinbaum, sino a la elección del 2024. De Omar depende, en gran medida, que la ciudad donde habita la mujer que pretende ser la primera presidenta de México sea percibida y evaluada como una ciudad segura (vaya paquetote el de Omar, sin albur). De Omar depende, en gran medida, que haga justicia a las víctimas de la delincuencia de esta capital (y ahí la lleva con los casos mediáticos como el del atentado al periodista Ciro Gómez Leyva). El horno no está como para organizarse una boda.  

Además, si Omar García heredó un poco del olfato político de su padre y de su abuelo tendrá muy claro que antes de la elección del 2024 no puede hacer, por lo menos, dos cosas: despertar la ira del presiente López Obrador –de quien sabemos tiene fobia por las bodas de los suyos (sino pregúntenle a César Yáñez y Santiago Nieto)– y opacar la boda de su jefa Claudia Sheinbaum –quien en noviembre de 2022 destapó la bomba en el programa de radio de Martha Debayle, donde reveló que se va a casar con su novio Jesús María Tarriba Unger–. Esto de estar un paso atrás no lo digo yo, es la primera Ley de Las 48 leyes del poder de Robert Greene: “Nunca le hagas sombra a quienes están arriba de ti”. ¿Y se imaginan el impacto mediático de la boda de la hija del dueño de TV Azteca? 

Si no es al Registro Civil ¿a dónde van juntos Ninfa Salinas y Omar García? Primero a vivir la aventura de lo prohibido. A su edad, con sus relaciones sentimentales previas, con su dinero y con su respectivo poder no están para cursilerías. Esa unión de contrarios está para sacar chispas y encender el fuego, sino para qué perder el recurso más valioso y no renovable que tenemos las personas: el tiempo. Primero van a la pasión.

Luego, calculo que los novios irán a una vida limitada dentro de lo ilimitado de su posición. Ahora se los traduzco en lenguaje para guapos: olvídense que vamos a ver a Ninfa y Omar, los dos cogidos de la mano por las calles, regalándose mil besos en cada rincón. El equipo de seguridad de ambos no les permite nada que vulnere su seguridad. No fotos juntos, no espacios públicos, no multitudes, no corro, no grito no empujo… Tengo entendido que incluso Omar no pasa dos noches en el mismo lugar ¡Qué estreeeeeeessssssss! ¿De qué sirve “poderlo todo” si no se puede nada?

Finalmente, sin ánimos de quererle hacer la competencia a Mhoni Vidente, veo a una Ninfa y a un Omar que, sabedores del crecimiento y la influencia que han adquirido las redes sociales, hacen uso de ellas –obviamente a través de sus respectivos Community Managers – para acrecentar sus marcas propias, para potencializar su imagen, para ser conocidos y reconocidos, para llegar a los ánimos y a las emociones de los demás. Ninguno de los dos está desquehacerado como para alimentar sus redes por ocio. La constancia habla de una disciplina, sí, pero también de una estrategia. Ahí hay un objetivo. Sospecho –y cuando tengo la sospecha casi siempre tengo la certeza– que es político. De Ninfa, porque ya ha hecho política y, cuando se tiene dinero lo único que queda es tener poder. Y de Omar, también el poder. Ya lo dijimos en este espacio “A Omar se le antoja la grande”: la Secretaría de Seguridad Ciudadana a nivel federal. No le enamoraba la candidatura a la jefatura de Gobierno de la CDMX, pero las coyunturas cambian. En política nada se sabe hasta el día después. Sigamos atentos a una de mis parejas favoritas porque la suma de ambos es sinónimo de ocho columnas.

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