Soy fruto del matriarcado. Esa parte de mi biografía ya se sabe. Incluso, la he ido dosificando en distintas entregas de esta modesta pero jocosa columna. Por lo tanto, mi acercamiento hacia las mujeres tiene su génesis desde mi nacimiento y tiene su origen desde el amor: el de mi madre, el de mi abuela, el de mis tías y el de mis primas mayores. 

Mi vida ha estado rodeada de mujeres. Por alguna razón que debe de conocer muy bien Sigmund Freud, con las que suelo hermanarme son mujeres fuera de serie. No necesariamente famosas, pero siempre mujeres fuertes, valientes, rebeldes, exitosas, trabajadoras, buenas de bondad o cabronas en defensa propia. Y auténticas. Altamente auténticas.    

Llas celebro a la menor provocación. De manera frecuente. Un día no me es suficiente para reclamar, a su lado, la igualdad. El respeto a sus derechos. La justicia. Así que día a día las conmemoro, sobre todo en cada batalla ganada por las mujeres para las mujeres. Por eso considero importante consignar su mérito, particularmente el papel que han jugado en mi vida. Así que a propósito de la marea morada que colorea a México y al mundo, quiero reconocer de manera pública a las mujeres que han contribuido a que yo construya mi carrera en el periodismo. 

No están todas las que son, pero esta es una muestra significativa de esas mujeres que quiero, admiro y agradezco.

A la prestigiada Elena Poniatowska, porque en 1999, en mis espantosos años de universitario –cuando todavía no era guapo ni tenía el dinero para patrocinarme la guapeza generada con los proveedores–, me permitió hacerle una entrevista en su casa de la colonia Chimalistac, la cual se convirtió en la primera, de toda mi carrera, a un personaje público. Por ahí he publicado el video en todas mis redes sociales (@betotavira).  

A Blanca Gómez Morera porque en el verano de 2004 –todavía sin ser guapo, pero ya en proceso– me aceptó en la redacción de la revista Quién, donde ella era la Editora General. Blanca me adiestró para olfatear la nota así como a persistir hasta conseguirla. Años después, cuando ambos salimos de Grupo Expansión, se sumó junto con Guillermo Osorno, como editora de mi primer libro Las Mujeres de Peña Nieto (Océano, 2012). En el festejo por el éxito del libro, en una comida en el Contramar, fueron Blanca y Guillermo quienes me dieron la idea de mi segundo libro Los Salinas. Retratos de los Cachorros del Poder (Planeta, 2014). 

A Diana Penagos Mason, porque como editora no ha soltado mi mano en 19 años y como amiga, menos. Tampoco ha soltado el “¡Va, le entro!” que ha fecundado en la coautoría de los libros Quién Confiesa (Planeta, 2015) y Así en Los Pinos como en la Tierra (Océano, 2017). De ambos también es autora Jessica Sáenz. Dianis, como le digo en corto, padeció conmigo el parto del libro La Diana Cazadora. Historia de un símbolo (2019) donde ella hizo la Edición y Coordinación del proyecto. ¿Ya les conté el chisme que fue la misma Diana la que fue conmigo al rancho de los Fox para hacer aquél histórico reportaje que ganó una mención en el Premio Nacional de Periodismo de 2007?  

A Carmen Aristegui, porque desde mis años como editor de Política en la revista Quién ha creído en mi trabajo, bajo la premisa de que en lo más profundo de la superficialidad habita lo más revelador de la profundidad. La entrevista que me hizo Carmen en el programa de radio que tenía en MVS, sobre mi libro Las Mujeres de Peña Nieto, en gran medida, lo convirtió en Best Seller en horas.

A Martha Debayle, porque desde la primera vez que estuve en su exitosísimo programa de radio (creo que en 2010) me advirtió: “Mira, Beto de Tavira, prepárate para el trago amargo del éxito porque, en México, es algo que prácticamente no te perdonan”. Cuánta verdad tuvo. Excepto en mi apellido que es sin el “de”. Cada que me invita a su espacio vuelve a decirlo al aire de manera equivocada, pero luego del torbellino de seguidores que me caen, se me olvida la nueva corrección. 

A Sabina Berman, porque su inteligencia es incisiva. Porque su sentido del humor es un imprescindible. Porque me invitó no una sino dos veces al programa Shalalá de TV Azteca. Porque su tono y timbre de voz presentaron mi segundo libro Los Salinas, en la FIL de Minería en 2015. Porque es la dramaturga más importante en México en lo que va del siglo XXI.

A Hilda Soriano, porque en el año 2012 me alentó para grabar el piloto del programa de televisión Los Despachos del poder –un piloto que por cierto contó con la participación del saliente Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard–. Para cuando se aprobó el programa en septiembre de 2013, que de inicio se transmitió en el Canal 13 de TV Azteca, Ebrard ya no era alcalde, así que estrenamos con el presidente del Senado Miguel Barbosa. A la distancia, en realidad Hilda me enseñó a hacer tele. 

A Pati Chapoy, porque con todo “y las horas vuelo” que ha acumulado por más de 40 años en la televisión, Pati tuvo la generosidad de ser madrina de la obra de teatro de cabaret Las Dinosaurias también Roban que escribimos y montamos “Las Reinas Chulas” y yo en El Vicio, en 2017. En otros proyectos Pati también ha sido sumamente apoyadora de mi trabajo.

A Lydia Cacho, porque es dueña de una de las inteligencias racionales y emocionales que más admiro. Porque hemos decidido matrimoniar nuestro sentido del humor para hacer menos pesada la carga de la vida. Porque Lydia presentó mi libro Así en Los Pinos como en la Tierra en la FIL de Guadalajara en 2017 y eso, sin duda, es una poderosísima carta credencial. Pero no hay mayor carta que la amistad y en eso Lydia sabe ser única. Escucharla hablar es la reflexión de la vida. La confianza mutua es aprueba de todo, incluso de la distancia. 

Finalmente, a Mónica Garza porque es una de las líderes de opinión a quien más admiro su camaleónica armadura. Lucha por lo que cree y, en el camino, se solidariza con historias y causas a las que les da un eco que sólo ella puede lograr.

Con la frustración de no haber dicho todo lo que tengo que decir de cada una –el verdugo del espacio me lo impide– ellas son las mujeres que han impulsado y apoyado mi carrera en los medios de comunicación. Y no tengo mas que agradecer llevándome la mano derecha al corazón, porque con esa mano es con la que escribo este reconocimiento para ellas, mis mujeres divinas.

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