Finalmente, en el caso de Claudia Sheinbaum Pardo, su mamá, doña Annie Pardo Cemo, sí es una mujer mucho más politizada. Doña Annie, que por ahora ronda los 82 años de edad, estudió la licenciatura en Biología en la UNAM y realizó la maestría en Bioquímica en esta misma institución educativa

Qué difícil ser la mamá de un político en México donde, incluso los días que no son el Día de la Madre, son recordadas de manera negativa. Desde el “no tiene madre” hasta el que “íngue a su madre” se pronuncian a la menor provocación, por parte de los detractores de quienes ostentan el poder en todos los niveles de gobierno y en todos los partidos políticos. 

“¿Y las madres qué culpa tienen?” Eso siempre nos hemos preguntado los guapos que sabemos que esas y otras frases de insulto tienen mucho del heteropatriarcado y, sobre todo, de la intensión de calar en lo más hondo del ofendido pues la jefa siempre será la jefa. Incluso si ya no se encuentra en este plano terrenal.

Pero las opiniones sobre las responsabilidades de las madres están divididas entre las integrantes de #MiCISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional). 

Por un lado, están las que aseguran que la mamá sí tiene la culpa de las malas mañas de sus hijos argumentando que son las que los educan y, por el otro, están las defensoras de que cada quien es responsable de sus actos por lo que no se debe de involucrar a más miembros de su árbol genealógico. Yo soy simpatizante del segundo bando, por aritmética y por sentido común. 

Ahora me explico: la mayoría de las mujeres y de los hombres que ocupan cargos públicos de primer nivel rondan los 50 años de edad. Pongamos que se hayan independizado aproximadamente a los 30 –porque en México somos conchudos para salir de la casa de nuestros papás–, por lo tanto, ahí hay 20 años de distancia del yugo materno y también hay un segmento de mamás que ya son adultas mayores. 

Es muy poco probable que una madre adulta, que en algunos casos ya es abuela, influya, sea la estratega o partícipe de las tranzas de sus hijos en política. Claro que hay casos aislados como el de Emilio Lozoya, donde sí enjaretó a su mamá, pero en general los políticos no embarran a su progenitora en su lado sucio. 

¿Entonces por qué las mamás tienen que ser la referencia del insulto a los políticos? 

Las candidatas y el candidato a la presidencia de México no son la excepción. Basta con leer los comentarios de las redes sociales para saber que el 10 de mayo está presente de manera permanente en las campañas electorales. 

Por ello #MiCISEN y yo nos metimos a explorar la biografía materna de l@s tres contendientes por “La Silla del Águila”, con el fin de saber qué tanto podrían ser partícipes o consejeras en las malas y buenas decisiones de sus hij@s.

De entrada, Xóchitl Gálvez Ruiz, ya no tiene madre. Y es que doña Bertha Ruiz López, que a su vez fue hija de la indígena María López, falleció el 28 de abril de 2005, a los 77 años de edad, en su domicilio de Tepatepec, en Hidalgo. Este deceso ocurrió durante el sexenio del presidente Vicente Fox Quesada, en el que Xóchitl era la directora general de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

Salvo que tengan comunicación vía ouija, dudo mucho que doña Bertha en estos últimos 19 años haya tenido injerencia alguna en la carrera política de su hija; vamos, ni siquiera la podemos culpar de esas malas formas de andar pegando el chicle masticado debajo de las sillas. 

Con lo que respecta al candidato de Spotify… perdón, quise decir de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, salvo por el apellido materno que se ha usado como el de mayor recordación durante la campaña, su señora madre no ha tenido nada que ver ni con sus aciertos ni con sus errores.

Hasta donde tenemos entendido #MiCISEN y yo, doña Martha Gabriela Máynez Álvarez, una vez que se casó con Manuel Felipe Álvarez Calderón (específicamente el 27 de enero de 1979) hizo de lado su carrera técnica en Comercio y se dedicó al cuidado y a la educación de sus tres hijos. Al cierre de este texto doña Gaby, de 64 años de edad, sí le echa porras a su retoño de la sonrisa congelada, incluso tararea su pegajoso jingle, pero de eso a meterse en la polaca, na nai. 

Finalmente, en el caso de Claudia Sheinbaum Pardo, su mamá, doña Annie Pardo Cemo, sí es una mujer mucho más politizada. Doña Annie, que por ahora ronda los 82 años de edad, estudió la licenciatura en Biología en la UNAM y realizó la maestría en Bioquímica en esta misma institución educativa. 

Junto con su esposo Carlos Sheinbaum, Annie Pardo fue activa militante del movimiento de izquierda en México y participó en el Movimiento Estudiantil de 1968. En mayo de 2023 Annie recibió el Premio Nacional de Ciencias (2022) en la categoría de Ciencias fisicomatemáticas y naturales.

Su hija, Claudia Sheinbaum, todavía era jefa de Gobierno de la Ciudad de México y, desde luego, presumió en sus redes sociales el reconocimiento de su mamá. 

Por más cercanía que Claudia tenga con Annie y reciba sus consejos, para nadie es un secreto que la única voz que la doctora Sheinbaum escucha es la del hombre con el que tiene un bastón de mando compartido: el presidente Andrés Manuel López Obrador, por lo tanto, yo opino que hacia allá deben dirigirse los enconos que pueda generar la candidata de la cola de caballo.

*@betotavira

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