Mariana Rodríguez, la vendedora de ilusiones

Mariana es todoterreno. Y en sus amplias posibilidades de ventas también se encuentra su marido

Es una extraordinaria mercader. Todo lo que toca lo monetiza. Quienes han trabajado de cerca con Mariana Rodríguez Cantú saben que es de las influencers que más vende en México, a través de sus menciones en redes sociales, sobre todo en Instagram, donde luego de su primera transacción se persignó en el nombre del padre, del hijo y del algoritmo. 

Y le ha ido “súper requetebién”, como diría Delfina. Pues de todo lo que se pueda decir de la rubia regiomontana al menos una cosa es cierta: Mariana Rodríguez le ha trabajado desde muy temprana edad, con disciplina y perseverancia para tener su propia empresa y fortuna. Por lo tanto, no es de extrañar que a sus 28 años comience a cosechar algo de lo que ha sembrado vendiendo todas las posibilidades de productos que bien podrían habitar en catálogos como el de Avon, Jafra, Tupperware, Betterware y Andrea, entre otros.

Mariana es todoterreno. Y en sus amplias posibilidades de ventas también se encuentra su marido. Bueee… bueee… bueno. Aquí voy a tener que precisar, para todos los guapos y las guapas que gustan de la machaca con huevo, que no me refiero a que Mariana lo vende para que uno se lo cene en su casa, sino que lo vende generándole exhibición tanto a su imagen como a su nombre, que en este caso es una marca más, la marca Samuel García. 

A ver, tampoco es de que (esto léase con el tono de la muletilla que usan el 99.9% de los neoleoneses) tampoco es de que Mariana meta a su marido en una canasta de mimbre y salga cargándola a los cruceros vehiculares de Monterrey a gritar: “Llévelo, llévelo… damita-caballero-en oferta y promoción-le traigo al político-de moda-para el entretenimiento de toda la familia…”. Pues no. Eso sí que no.

La estrategia de “La Chavacana Mayor”, como le apodan a Mariana sus seguidores, es más orgánica. Es decir, su labor de venta consiste en mostrar, mediante post e historias de Instagram, el día a día con su marido Samuel (con sus aciertos, errores y escándalos) para generar empatía mediante la cotidianidad lo cual, de alguna manera, hace sentir a los espectadores que “forman parte de esa vida”, ya sea desde la simpatía o desde la antipatía, pero jamás desde el no conocimiento.

En lenguaje para la generación X: La de Mariel (el acrónimo de Mariana y Samuel, con el que incluso bautizaron a su hija) es una telenovela de los años 80, pero con protagonistas reales, transmitida en un canal que ya no es de Las Estrellas. Sin horario ni días fijos de transmisión, esta historia tiene un nuevo episodio varias veces en un mismo día. A veces con duración de un minuto, otras de más tiempo, pero nunca de silencio. 

Así son las ventas, con ruido sonoro o visual. Con algo de persuasión y también de manipulación. Y Mariana lo sabe. Por eso la vimos con cara seria en el video donde el entonces gobernador de Nuevo León anunciaba que iniciaría una gira por el país con el fin de buscar la candidatura presidencial por parte de Movimiento Ciudadano. 

Durante el anuncio la primera dama estatal hizo precisamente lo necesario para viralizarse: no sonreír ni aplaudir ni regocijarse. Esa era la nota. Porque de que tiene ganas de ser la primera dama de México, las tiene. Y no es suposición, es una afirmación que ella misma le hizo a mi marido Brando Alcauter cuando él trabajó para la revista Quién, allá por el año 2019. 

Mariana sabe vender y ahora es la mayor conocedora de los alcances de la marca Samuel García. El problema es que México no es San Pedro Garza García y un altísimo porcentaje de los mexicanos no conoce ese “producto”. También están los que sí lo conocen, pero no les interesa “comprarlo”. Si me orillan, están los que sí lo conocen y quieren “devolverlo”.

¿Por qué los grupos feministas tendrían que “comprar” al Samuel machista? ¿Por qué los habitantes del sureste tendrían que “adquirir” al Samuel que los ha vilipendiado laboralmente? ¿Por qué los adultos de 50+, sin Instagram, tendrían que “arropar” una telenovela que nunca han visto? En estos planteamientos Mariana, en realidad, nos estaría vendiendo una ilusión.  

Este camino rumbo a la Presidencia de la República nos tendrá atentos a los espectadores, así como a sus adversarios políticos que, antes muertos, tenían que ponérsela sencilla. Falta mucho por venir para esta pareja que pertenecen a una nueva generación de cuando la política besa al espectáculo (digital instagramero).

El cuento de hadas apenas comienza. Aún está pendiente de que nos “vendan” la batalla de la lucha por el poder y todo lo que tenga que ver con un producto llamado Samuel. Lo cierto es que no se están ni imaginando el tamaño de lo que implica una guerra sucia. 

Ya lo dijo la periodista Carolina Hernández en su columna: “Mariana definitivamente sabe vender cosas que nadie necesita y los regios saben comprarlas”. Pero México no es Monterrey y Samuel no es un político con la experiencia indispensable para sentarse en “La Silla del Águila”.

*(@betotavira)

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