Marcelo Ebrard, entrón con lugar… en la agenda LGBTIQ+

Esto nunca lo había contado. Tras una década de haber trabajado en Grupo Editorial Expansión –3 años en la revista EXP y 7 años en la revista Quién– generé las suficientes relaciones con personajes de primer nivel que, a mi salida de la empresa en septiembre de 2010, me permitieron convocar a un grupo de alrededor de 30 líderes de opinión que, durante lo largo y ancho del 2011, nos reunimos con los aspirantes a candidatos para la Presidencia de México rumbo a las elecciones de 2012.

El objetivo de las reuniones a puerta cerrada –que se hacían de manera mensual, en desayunos en uno de los salones del Club Piso 51 de la Torre Mayor, con el Off The Record como regla– era generar un diálogo con los suspirantes sobre su agenda en materia de Derechos Humanos de las personas de la diversidad. Nos interesaba saber ¿cuál era su postura sobre la adopción de las parejas del mismo sexo? ¿De qué manera contribuirían desde el Ejecutivo para que se implementara el matrimonio igualitario a nivel nacional? ¿Cómo garantizarían los derechos a la seguridad social de las parejas del mismo género?

A la distancia, específicamente 12 años después, los guapos vemos con nostalgia y con satisfacción que algunos de esos rubros ya han sido palomeados tanto a nivel federal como local; y que en otros temas paralelos ha habido un importante avance pero, en aquel 2011, apenas hacía un año que se celebraron las primeras bodas civiles entre personas del mismo género, con todo el repudio de la Iglesia Católica que, a través del entonces vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, afirmó que esa ley era inmoral porque el matrimonio sólo se da entre un hombre y una mujer.

Pero bueno, volviendo al tema de los cónclaves del Piso 51, les revelo que el primero en aceptar la invitación, que le hice personalmente, fue el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon. Por lo tanto se apersonó el viernes 13 de mayo de 2011, con el llamado Círculo Fucsia –lo bauticé así en corto, sólo entre mis asistentes y yo, porque como guapo estaba convencido que si ya existía un Círculo Rojo que defendía la intelectualidad debería de haber un Círculo Fucsia que defendiera la diversidad–. Lo más curioso es que de ese grupo de los 30 la mayoría eran heterosexuales con influencia en los medios de comunicación.

En aquel intercambio de ideas con Marcelo Ebrard, el entonces político perredista, superó cualquier expectativa. Su preocupación se centraba en las personas trans, sobre todo en las mujeres trans y la nulidad de sus derechos al interior de los reclusorios varoniles. Los compañeros le hicieron examen sobre la diferencia entre Travesti, Transexual y Transgénero, y lo pasó. Habló de casos de éxito en otros países y cómo se podían implementar en el nuestro.

Desde hace más de una década Marcelo Ebrard dejó claro que no sólo era conocedor de la agenda de la comunidad LGBTIQ+ sino que había asumido el costo político, con los grupos conservadores de la sociedad chilanga, para hacer realidad el matrimonio igualitario en la Ciudad de México. Esa aportación en los anales de la Historia nadie se la puede arrebatar. Tampoco se le puede dejar de reconocer su participación como maestro de ceremonias, en su calidad de Jefe de Gobierno, durante las primeras cinco bodas gays realizadas el jueves 11 de marzo de 2011, en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento.

A manera de chismecito necesario les cuento que por aquellas finas y bien peinadas alfombras del Piso 51 también desfilaron los panistas Santiago Creel Miranda y Josefina Vázquez Mota, en distinta fecha, pero con la misma gente; los priistas Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto, quien por cierto llegó casi una hora tarde porque ese día falleció su suegro, el papá de su esposa la actriz Angélica Rivera. Los que declinaron fueron Ernesto Cordero, del PAN, y Andrés Manuel López Obrador, del PRD, quien me mandó a decir con César Yáñez que “no le interesaba esa agenda”. A Quadri ni lo invité porque respeto mucho el tiempo de mis poderosas amistades.

Pero volviendo con el “carnal Marcelo” o “Chelito” –como se le llama en la tierra del arcoíris– ya desde su oficina como secretario de Relaciones Exteriores, en la administración del presidente López Orador, implementó que los mexicanos residentes en el exterior que desearan casarse con una persona de su mismo sexo, también de nacionalidad mexicana, pudieran hacerlo en las oficinas consulares del país. Y pronunció un poema: “negarles el matrimonio igualitario a los mexicanos en el extranjero equivale a una persecución”.

Finalmente, antes de renunciar a su cargo para iniciar la gira que lo llevaría a convertirse en el candidato de Morena para las elecciones presidenciales de 2024, en el marco del Día Internacional  Contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia (17 de marzo) Marcelo Ebrard entregó el primer pasaporte con género no binario en México al magistrade Ociel Baena, en la oficia de pasaportes de Naucalpan, Estado de México.

Podemos o no simpatizar con Marcelo pero, hasta el cierre de esta entrega de Política para guapos, Ebrard es el político más entrón con lugar… en la agenda LGBTIQ+, de todos los que aspiran a la Presidencia de México en las próximas elecciones. No sólo de las llamadas “corcholatas” por el primer mandatario. Esa congruencia, persistencia y lealtad de Marcelo Ebrard no se nos puede olvidar.

Twitter: @betotavira

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