Luis Miguel pudo haber muerto en el Colegio Militar

“El huracán” llamado Luis Miguel ha pisado Tierra Azteca. Llegó en forma de libro, con el título Por debajo de la mesa, a las islas de novedades de las principales librerías de México y, a una semana de su arribo, ha sacudido a los medios de comunicación por la intensidad de sus 362 páginas. 

Mi libro, publicado por Grijalbo, es de magnitud 5. Lo advertí desde la pasada entrega en esta columna de Política para guapos, donde presumí Las Joyas de la Corona: entrevistas y fotografías exclusivas. Lo que no dije de mi contenido y ha resultado ser LA nota es que Luis Miguel pudo haber muerto en el Colegio Militar durante la filmación del video “La Incondicional”.

La anécdota la conté a bote pronto para el programa de televisión Ventaneando durante la primera entrevista que ofrecí, en el marco de la promoción de mi libro, a mi querida Pati Chapoy, a mi admirada Rosario Murrieta y a todo su equipo. A partir de ahí han habido por lo menos 30 medios que han cabeceado sus notas con ese ángulo.

Así que, a petición del algoritmo de Google y de las Redes Sociales, a continuación les comparto con santo y seña cómo es que sucedió la escena, la cual me fue narrada por un General del Ejército Mexicano

Este es el fragmento textual retomado de mi libro Luis Miguel. Por debajo de la mesa.

—Yo estuve cuando grabaron el video de “La incondicional” —me reveló mi contacto. Y me explicó que en ese tiempo era el encargado del equipo de rapel del colegio. 

“Ese que tú ves en el video caminando por la pared sostenido por una cuerda detrás sí era Luis Miguel”, anoté en mi libreta, junto con otras frases que ameritaban ser citadas textualmente. 

Según mi entrevistado, para lograr esas escenas llevaron una grúa para subir a Luis Miguel, y luego ya nomás grabaron la bajada en tomas cerradas. 

“Los otros que bajan de lo más alto y más rápido, volando, eran de mi equipo”, me presumió el mismo general, quien también precisó que, en estricto sentido, la primera vez que Luis Miguel estuvo en territorio militar fue en la boda de una hija del presidente José López-Portillo, celebrada en 1981 en el casino del colegio y no en la filmación del célebre video, en enero de 1989.

En el mismo tenor de que todos los secretos tienen fecha de caducidad, el general me confesó una anécdota en la que Luis Miguel vio su suerte. Resulta que en un entrenamiento de paracaidismo en el que se enseñaba cómo se debía salir de un avión, al ídolo juvenil le jugaron “una broma” que, a juicio de los productores, puso en riesgo su vida.

En la versión del general, cuando Luis Miguel subió a la torre, el coronel encargado lo esperaba arriba. Todo el equipo del video lo estaba filmando desde abajo. Ya estando en la cúspide, el coronel le dijo que todo el que subía por esas escaleras se tenía que aventar en la tirolesa. Que ésa era la regla castrense. 

A gritos, Luis Miguel les dijo a los suyos que le estaban pidiendo saltar. Hubo tensión porque el director, Pedro Torres, le decía que no saltara, que era muy peligroso, que no habían ensayado, que eso no estaba en el guion. 

Por su parte, el coronel, medio en broma y medio en serio, insistía en que el cantante tenía que saltar. Finalmente, Luis Miguel se aventó. Por fortuna, el director no había gritado “corte” y la escena quedó grabada. “En el video lo puedes ver con las piernas todas abiertas, sin técnica, porque no [la] sabía”.

Lo que no dije en aquella entrevista para Ventaneando –por falta de tiempo no de ganas– es la dosis de humildad que recibió Luis Miguel cuando pisó la Secretaría de la Defensa Nacional a principios de 1989, acompañado del productor Pedro Torres, para la negociación de la filmación de “La Incondicional”.

Y es que, como lo escribí en el capítulo 3 de mi libro Por debajo de la mesa, “nadie le hizo fiesta, nadie le pidió un autógrafo, nadie se puso histérico al verlo”. 

[Luis Miguel y Pedro Torres] llegaron a la antesala de la oficina del hombre más poderoso del Ejército mexicano. La asistente del general secretario [Antonio Riviello Bazán] quedó impactada con su arribo. 

Conocía la magnitud de la estrella que estaba frente a sus ojos, pero guardó la compostura. En esas coordenadas, las únicas estrellas que verdaderamente importaban eran las que ostentaban los uniformes de los generales.

No los quiero spoilear del todo. Esto sólo ha sido un adelanto/regalo para tod@s l@s lector@s de esta bonita columna llamada Política para guapos. Mi libro Por debajo de la mesa ya está a la venta en todas las librerías y, a partir del 25 de septiembre, lo podrán disfrutar en su versión de audiolibro narrado por mí.

Esto es todo por ahora. Nos leeremos la próxima semana.

*@betotavira

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