Luis Miguel, acuérdate de Acapulco (Y de los millones de dólares)

Por lo tanto, precisamente a partir de lo que Luis Miguel ha dejado de decir es que me dediqué, durante un año, a investigar su relación con los políticos: desde los presidentes de México en turno hasta los gobernadores en funciones.

No hay que conocer todo de los ídolos porque puede que se nos derrumben. Por eso el hermetismo de los grandes, por eso la alergia que tienen los divos a los medios de comunicación, por eso el secretismo de Luis Miguel. El mito sabe que se construye a partir de los silencios. Y en eso, “El Sol de México”, también es “El rey”.  

Todo aquel que tenga vigente su credencial de guapo sabe que ya se han escrito por lo menos seis biografías sobre el cantante (unas con mayor rigor que otras); esos mismos guapos están enterados que con Luis Miguel, la serie de Netflix, el ídolo de multitudes ha mostrado una parte de su vida más íntima. Sin embargo, cuando ya se llevan horas vuelo en esto de la Comunicación verbal y no verbal, se vuelve más importante lo no dicho que lo dicho. 

Por lo tanto, precisamente a partir de lo que Luis Miguel ha dejado de decir es que me dediqué, durante un año, a investigar su relación con los políticos: desde los presidentes de México en turno hasta los gobernadores en funciones. El resultado se tradujo en siete episodios de mi podcast Luis Miguel ¿Culpable o no? Los días que “El Sol” se dejó alumbrar por el poder político y del cual les anticipé todos los detalles en una entrega anterior de Política para guapos, publicada el pasado 20 de abril a propósito del lanzamiento de la audioserie (se estrenó el 18) y, sobre todo, por la coyuntura del cumpleaños 53 de “La Estrella” (19 de abril). 

Lo que no dije en ese momento, porque tampoco los iba a spoilear en pleno anuncio del estreno, es que lo que descubrí en esa investigación deja mucho que desear sobre el cantante mexicano más exitoso de todos los tiempos. A continuación elaboro: mi podcast (que se puede escuchar por la plataforma de Podimo), tiene mucha pólvora en cada episodio pero, particularmente en el 5 y 6, explota la bomba gracias a los testimonios del productor Pedro Torres y del exfuncionario guerrerense Rahel Ávila Guzmán.

La verdad histórica de los hechos es la siguiente: en el año 2013 el gobierno del estado de Guerrero, entonces dirigido por Ángel Aguirre Rivero del Partido de la Revolución Democrática (PRD), a través de su Secretaría de Turismo, eligió a Luis Miguel para ser el rostro y la voz de una campaña publicitaria que pretendía reactivar el turismo. “El Sol” aceptó. Estableció sus condiciones, mismas que estuvieron fuera de la reglamentación de cualquier contrato con el gobierno. Puso su precio y como no le alcanzaba al gobierno local entró al rescate la Secretaría de Turismo federal que, en la primera parte del sexenio peñanietista, tuvo como titular a Claudia Ruiz Massieu Salinas. 

En lenguaje para guapos Luis Miguel olió la sangre en el estado de Guerrero y cual tiburón acudió a ella. Sin parpadear. Con la cabeza fría y los colmillos hambreados. Cuando vio a su presa desesperada por rescatar su agonizante industria turística lanzó el pliego petitorio desde la cúspide de la fama y la riqueza: solicitó que Pedro Torres fuera el productor para manufacturar el comercial de principio a fin, costara lo que costara (el propio Pedro dice que eso mismo lo haría ahora por 1 millón de dólares); Luis Miguel también decidió la cifra que quiso cobrar (sólo de sus honorarios) y que ronda el millón de dólares, con todo y su respectivo adelanto; por si fuera poco, el talento seleccionó lo que iba a decir en el copy de la campaña turística del gobierno pagada por el gobierno.

Para colmo de males, el costoso comercial no duró más de dos meses al aire. La campaña se lanzó en julio de 2013. Era una campaña que estaba planificada y presupuestada para que durara un año, con una pauta muy grande, con cineminutos programados, con spoteo en televisión, radio, espectaculares y otros materiales que se tenían planeados. Sin embargo, los días 13, 14 y 15 de septiembre de 2013 los huracanes Ingrid y Manuel azotaron con tal fuerza el territorio de Guerrero, que dejaron un saldo oficial de 157 muertos y miles de viviendas afectadas. Tras la devastación los guerrerenses reclamaron al artista no haberlos apoyado con algo de lo mucho que se le destinó. De acuerdo, no estaba obligado por contrato. Sí estaba obligado por humanidad. 

Hay necedades en las que el ego manda. Y en ese deporte olímpico México constantemente se lleva las medallas de oro. La campaña de promoción turística de Guerrero nació muerta. El narcotráfico y el crimen organizado habían tomado el estado. Ni un milagro divino ni un Luis Miguel genuinamente comprometido hubieran logrado reactivar el turismo en un destino turístico que ante los ojos nacionales e internacionales estaba manchado de sangre.

La fallida apuesta de millones de dólares es indignante por ambos lados: por el del estado de Guerrero que sucumbió a todos los caprichos del ídolo; por el lado de Luis Miguel, al hacer un negocio ventajoso para un lugar que, en los informes de pobreza del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social conocido como el Coneval, ubica a Guerrero en el tercer lugar entre las entidades con mayor índice de pobreza en todo México, desde aquel 2013.

Los guapos sabemos que Luis Miguel el ídolo, es una estrella con una de las numeralias más exitosas e impactantes en el terreno de la música. En contraparte, Luis Miguel la persona, es un hombre que ha servido y se ha servido del poder político sin que nunca haya cortado una rosa de su rosal ni en los días de tragedia (huracanes o terremotos) ni en los días de fiesta (como en la ceremonia de El Grito de Independencia de México).

Yo estoy convencido que sí hay que conocer todo de los ídolos, incluso a su pesar. Y entonces y sólo entonces, con los claroscuros en la razón y en el corazón decidir si es momento de derrumbar su pedestal.

Twitter: @betotavira

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