A Morena –por lo menos en la Ciudad de México– le URGE coquetear con la clase media. ¿Y quién le resulta aspiracional a la clase media? Pues los ricos que han seguido en las revistas de negocios, programas de emprendimiento o en las secciones VIP de los periódicos. En una de esas carita mata partido.

Ha nacido una nueva casta política: Los moreno-fifís. Una generación de hombres y de mujeres que desde por lo menos dos generaciones han habitado en el ecosistema de la alta sociedad mexicana y que, para esta elección de 2024, han tocado la puerta del partido Morena con el fin de obtener una candidatura.   

Es muy importante no confundir a Los moreno-fifís con los nuevos ricos de Morena que ha creado este sexenio y que dan para todo un libro. Los moreno-fifís pertenecen a las dinastías de los empresarios que cimentaron los negocios más prósperos en el siglo pasado; por lo tanto, son herederos del apellido y capital social, aunque ahora no necesariamente sean dueños de grandes fortunas. 

En lenguaje para guapos, tener abolengo no significa que se es rico. De igual forma, el rico no necesariamente tiene abolengo. 

Una vez dejado claro que hasta en Morena hay clases, volvamos con cámaras y micrófonos a Los moreno-fifís: hombres y mujeres que habitan en las colonias más exclusivas de México, que tienen a sus hijos inscritos en las escuelas privadas más prestigiadas del país, que sus caras son asiduas a las revistas de sociales y que, extrañamente ahora, les ha dado por enfundarse en un chaleco color guinda para pedir el voto a nombre de Morena. 

No pequemos de ingenuos. Los moreno-fifís están dispuestos a raspar la suela de sus costosos zapatos haciendo territorio más que por dinero, por poder. Pues el dinero siempre lo han tenido. Y ahí es donde habría que resucitar a Sigmund Freud para asomarse en la infancia de cada uno y saber para qué quieren el poder, pues esa frase hecha de que “el poder sirve para servir” está más escuchada que Flowers de Miley Cyrus.

Ahora bien, la llegada de Los moreno-fifís no es algo nuevo. Ya desde la elección de 2018 comenzaron a caer a cuenta gotas los apellidos de la Jet Set mexicana en el partido de izquierda que, en su ideología, se describe como un oponente a las políticas neoliberales. 

En la práctica, el presidente Andrés Manuel López Obrador –fundador de Morena–, a través de sus conferencias mañaneras, no sólo ha estigmatizado a los dueños del dinero llamándolos despectivamente fifís sino que, incluso, ha criticado su estilo de vida invitando a la población a vivir en la “pobreza franciscana”.

Y como la vida es una tómbola-to-to-tómbola, ahora algunos de esos fifís son los representantes de Morena de cara a las próximas elecciones. Ya lo decía mi abuelita: Nadie sabe para quién se baña.

A decir de Mi CISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional), ellas ya auguraban el ingreso de “los ricos de toda la vida” a las filas de Morena. Según sus argumentos, en primer lugar, para la batalla en esta contienda electoral se necesita dinero y eso, Los moreno-fifís o lo tienen o lo pueden conseguir con sus amigos de Toda la Life.

En segundo lugar, a Morena –por lo menos en la Ciudad de México– le URGE coquetear con la clase media. ¿Y quién le resulta aspiracional a la clase media? Pues los ricos que han seguido en las revistas de negocios, programas de emprendimiento o en las secciones VIP de los periódicos. En una de esas carita mata partido.

En lo que me corresponde, si bien yo no me esperaba que hubiera una desbandada de fifís a Morena, era obvio que al partido del Presidente de México le iba a hacer falta gente –y dinero, como ya dijimos–. Dándole la bienvenida a Los morenos-fifís mataban dos pájaros de un tiro rumbo a la elección más grande de la historia de México.

Según el Instituto Nacional Electoral (INE) en total se elegirán más de 20 mil cargos de elección popular a nivel federal y local, y serán llamados a las urnas alrededor de 98 millones de mexicanos. Si nos atenemos a la aritmética pura, a los líderes de Morena les conviene más teniendo a sus candidatos fifís sumando que restando. 

En nombre de todos los guapos que somos clientes frecuentes de esta columna, les damos el beneficio de la duda a Los morenos-fifís. Espero que con la victoria llegue el compromiso y aporten los conocimientos que han adquirido en el extranjero a las políticas públicas y que sus viajes por el mundo se traduzcan en servicios de vanguardia para sus gobernados. 

Es probable, mas no es seguro, que Los morenos-fifís por fin van a voltear a ver a la clase media tan castigada por este sexenio. Y quizás le echen una tabla de salvación. Lo espero de corazón. 

Desde luego que tener la vida económicamente resuelta no significa que Los moreno-fifís estén libres de pecado, o que gobiernen mejor, o que no sean corruptos. Eso no se sabe. Pero lo que sí se sabe es que a los ricos les puede más un escándalo a diferencia de los nuevos ricos. 

A ver qué Dios quiere, pero aquí ya no hay marcha atrás. El Pedigree ha llegado al segundo piso de La Cuarta Transformación. Para bien y para mal.

*@betotavira

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