La historia de lo que une a Lydia Cacho con la ahora reina Letizia nos la ha guardado la primera de las dos protagonistas, para cerrar con broche de oro la visita de tres días que le hicimos mi marido y yo
Casi todo el mundo sabe que en el año 2010 los entonces príncipes de Asturias, Felipe de Borbón y Letizia, recibieron en audiencia en el Palacio de la Zarzuela, en Madrid, España, a la periodista mexicana Lydia Cacho. Lo que nadie sabe –hasta ahora– es que el traje sastre con falda a la rodilla, de color vino, con el que Lydia hizo su arribo, era prestado.
“Me sentía incomodísima con esa ropa que no era mía”, nos contó la propia Lydia, riéndose de sí misma para luego pasar de las bromas a la indignación.
“Luego me sentí todavía más incómoda cuando un encargado del protocolo, previo al encuentro con los Príncipes, me dijo lo que estaba prohibido. De todos los que esperábamos a entrar sólo se dirigía a mí, a la mexicana que estaba entre españoles. Fue absolutamente racista. A mí ya me habían dado el reconocimiento (el primer Premio Internacional de Periodismo ‘Manu Leguineche’) así que lo que yo verdaderamente quería era estar en mi hotel”.
La historia de lo que une a Lydia Cacho con la ahora reina Letizia nos la ha guardado la primera de las dos protagonistas para cerrar con broche de oro la visita de tres días (19, 20 y 21 de enero de 2024) que le hicimos mi marido Brando Alcauter y yo, en su departamento en Málaga, y de la que ya publiqué la primera parte la semana pasada aquí en Política para guapos.

Mi “Masafa” –como le digo a Lydia por ser mi amiga Más Afamada a nivel internacional– es una gran contadora de historias así que, como si quisiera darle un poco de suspenso, en cuanto nos percatamos que teníamos poco tiempo –pues en dos horas Brando y yo debíamos dirigirnos a la estación de tren para volver a Madrid–, Lydia comenzó a narrar el lado desconocido de sus encuentros conocidos con Letizia Ortiz Rocasolano.
Eso sí, primero abrió una botella de vino blanco Mourama de Ribeiro –por cierto, Ribeiro es el apellido materno de Lydia– y después de servirlo en tres copas comenzó el secreto de confesión.
En aquel evento de 2010, una vez que Lydia cruzó los retenes de seguridad y de protocolo, donde le advirtieron no tocar, no hacer reverencias, ni quedarse a conversar con los príncipes de Asturias, la activista mexicana se dirigió hacia los royalties desde donde Letizia la saludó por su nombre, cariñosamente, para sorpresa de todos los presentes.
Aunque respetuosa del protocolo, la propia Letizia fue quien abrió la conversación. La otrora periodista le preguntó a Lydia cómo iba el compromiso de los hoteleros españoles en México, particularmente en Quintana Roo (donde vivía Lydia), con respecto a la trata de mujeres. Una agenda que compartían desde años atrás. “Yo no le dije nada a nadie de que ya nos conocíamos”.
Lydia puntualizó tanto a la princesa como al príncipe cuáles habían sido los hoteles que sí se habían comprometido seriamente con la causa y cuáles no. “Lo vamos a revisar”, le dijo a Lydia el futuro rey de España. “Te acompañamos en esta batalla”, secundó Letizia.
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Lydia Cacho nos contó que conoció oficialmente a Letizia cuando la mexicana fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad para la Agencia de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen.
Desde ese momento supieron que las unía, de alguna forma, la defensa de los Derechos Humanos. “Aquí en España ella ha impulsado en los últimos tiempos la ley contra la trata. Tiene una influencia política muy importante, pero los medios españoles no la entienden y por eso no hablan de ello”.
Otro encuentro con Letizia que recordó Lydia fue en un evento en la embajada de México en España, donde tuvieron una conversación informal sobre los temas de violencia contra las mujeres y la trata de personas.
Pero la mejor parte, la de la vida de Letizia en México, Lydia nos la contó ya con el Uber solicitado para llevarnos a Brando y a mí a la estación de tren, no sin antes prepararnos unos bocados de jamón serrano y queso manchego para cenar en el Renfe.
“Cuando Letizia vivió en México (alrededor de 1995) teníamos muchos amigos en común porque trabajó para el periódico Siglo 21, en Guadalajara. Entonces Jorge (Zepeda Patterson) era el director del periódico”.
Años más tarde Lydia sostuvo una relación formal, durante un tiempo importante, con Jorge Zepeda Patterson, la cual ella narró con santo y seña en su libro Cartas de amor y rebeldía (Debate, 2022).
“En el periódico querían muchísimo a Letizia –nos dice Lydia con el Uber llegando–. Le tenían mucho cariño. Era la más guapa de la redacción y era cultísima. Leía mucho sobre la Historia de México. También le encantaba bailar y tomar cerveza”.
Con esa conversación nos despedimos de Lydia Cacho. La republicana que nos habló de monarquía a partir de los Derechos Humanos, con uno que otro chisme que sólo se quedará entre nosotros.
Como buena mujer mexicana, Lydia nos dio nuestro itacate para el camino. También nos puso en un termo un poco del vino que quedó.
Y luego el suspiro profundo seguido del abrazo de la despedida en el que se asoman las lágrimas tímidas.
¡Volveremos, Lydia!
*@betotavira






