Las marcas son la religión más venerada en el mundo. No lo digo yo, lo aseguran los millones de feligreses de todos los continentes que diariamente gastan mucho dinero en los bienes o servicios que nos hacen decir (y aquí léase con los sonidos originales de TikTok, por favor) “Para eso trabajo” o “Me las voy a comprar porque me podré quedar pobre pero jamás con las ganas”.

Es una realidad. Como diría la canción de Caballo Viejo interpretada por Simón Díaz –con una pequeña intervención de mi parte–: Cuando las marcas llegan así de esta manera / Uno no tiene la culpa / Comprarlas no tiene horario / Ni fecha en el calendario / Cuando las ganas de pertenecer se juntan. 

Y es ahí donde han hecho su agosto las marcas de lujo: en el pertenecer, en el ya me alcanza, en el ‘es un pequeño lujo, pero creo que lo valgo’, en el todo ‘con el poder de mi firma’… en el hambre aspiracionista. Esa misma hambre que a mediados de 2021 el presidente de México Andrés Manuel López Obrador tanto criticó de la clase media, ardido porque le quitaron la mayoría de las alcaldías a Morena en la Ciudad de México. “El aspiracionismo produce mucha infelicidad”, dijo el también fundador del Movimiento de Regeneración Nacional en su conferencia matutina, luego de las elecciones. 

El Primer Mandatario también ha señalado en distintas ocasiones que “Debemos de buscar una sociedad no materialista” y que “Hay que tener únicamente lo necesario para vivir”. Habló incluso que en esta vida sólo se requieren un par de zapatos. Eso suena muy bonito en el Dalai Lama o en la madre Teresa de Calcuta, quizás en el discurso de un dictador de un país comunista, pero que lo diga el hombre que gobierna un país con una economía de libre mercado, es digno de meme. No se puede vivir una vida comunista en un país capitalista. 

Como prueba de que prácticamente todos sucumbimos a la seducción de las marcas está el propio López Obrador quien, antes de ponerse la Banda Presidencial en 2018, publicó en su cuenta de Instagram (@lopezobrador) una fotografía donde se le observa vestido con una camisa a cuadros en la que destaca el logotipo de la mítica marca neoyorquina Brooks Brothers que, con 206 años de historia, se ha convertido en una firma icónica del imperialismo yanqui, como llamarían sus detractores a los Estados Unidos de América.

Eso sí, la escenografía donde aparece comiendo el señor López eclipsa por completo la prenda que en un día sin ofertas se puede adquirir por $2,899 pesos. Me refiero a un local de comida económica con paredes pintadas de amarillo canario, un altar con una imagen de la Virgen de Guadalupe, mesas de plástico rojas con el logo de Coca Cola donde aparece lo que come, en un plato rojo de plástico, el entonces aspirante presidencial. 

Desde luego que en la lectura de esta estampa cabe un abanico de posibilidades: se la regalaron, se la compró su esposa Beatriz Gutiérrez Müller, el propio Andrés la adquirió honradamente con el producto de su esfuerzo, no inventes Tavira esa marca es de canasta básica… no importa el código postal desde el que se analice la imagen, ese diseño usado en ese contexto nos demuestra la marca de la casa (de la Cuatroté): el doble discurso.

Otro miembro de Morena al que le gusta el buen trapo –para que no digan que me ensaño con Ya Saben Quién–, es Martí Batres Guadarrama. Antes de convertirse en el flamante secretario de Gobierno de la Ciudad de México, el político con ideas de izquierda vestidas de marcas de derecha hizo pública una fotografía en su cuenta de Instagram (@martibatresg) donde se le ve con una chamarra color Beige de la firma Polo Ralph Lauren que, en Liverpool, actualmente ronda los $3,990 pesos. 

En su página oficial la firma norteamericana fundada en 1967 dice “Ralph Lauren Corporation es un líder global en el diseño, marketing y distribución de productos de estilo de vida Premium (…) Con una perspectiva estadounidense distintiva, hemos sido innovadoras en marca de estilo de vida aspiracional”. Al momento de terminar de leer este párrafo don Martí debe de estar quemando en leña verde su chaqueta con el logo del jugador de Polo con tal de no sacarle más canas a su Jefe máximo.

Por otra parte, ni cómo ayudarle a la alcaldesa de Valle de Bravo, en el Estado de México, la morenista Michelle Núñez Ponce quien luego de compartir una foto en su cuenta de Twitter, acompañada del secretario de Gobernación Adán Augusto López, mi sitio de noticias Cuna de Grillos descubrió que tenía una relación estable con firmas de súper lujo como Burberry, Gucci, Louis Vuitton y Carolina Herrera. Ya se pueden imaginar la cara de las integrantes de #MiCISEN (Comadres que Investigan Sobre la Elite Nacional) cuando vieron la foto de esta sierva de la Nación en un evento donde las paredes se aprecian de ladrillo pelón y el piso de cemento sin pulir, sobre sus zapatos LV modelo Star Trail con un precio de $28,400 pesos.

Pero la joya más reciente, que incluso fue motivo de Trending Topic y que me inspiró para esta entrega de Política para guapos, la protagonizó el fin de semana pasado la señora Elizabeth García Vilchis, la responsable de dar (pésima) lectura a la sección “Quién es Quién de las Mentiras de la semana” en La Mañanera. Y es que en plenas elecciones internas de Morena, la intérprete de la célebre frase: “No es falso, pero se exagera” fue captada saltándose la fila de espera, acompañada de su esposo y su hijo, y cargando un bolso tipo bandolera de la firma española Bimba y Lola con un precio en línea de $3,500 pesos.

Las antes citadas no son cifras estratosféricas, lo sabemos. Si accedemos a la plataforma digital de nómina transparente de la Administración Pública Federal confirmaremos que los ya mencionados tienen ingresos para eso y más. El asunto es que no se puede pertenecer a un gobierno donde el eslogan principal de “primero los pobres” tenga a sus representantes vestidos de marcas de lujo (consideradas así por los verdaderos pobres) que no tienen relación ni con la “imagen de austeridad” republicana ni de “pobreza franciscana”. En política la forma es fondo. Aquí y en China.

Para concluir, todo servidor de la patria tiene el derecho de enfundarse en lo que le venga en gana. De embutirse en lo que le alcance y de colgarse lo que pueda. Eso no está a discusión. Los representantes de la Cuatroté pueden vestirse de pueblo mágico o de usar las últimas tendencias de las firmas europeas. Ya sabemos, no hay ningún delito mientras el objeto de deseo sea adquirido con los recursos lícitos de su sueldo… también no hay delito mientras la indumentaria sea original… porque ahí tenemos la historia de cuando Ana Cristina Fox andaba muy campante con una bolsa Louis Vuitton pirata en Los Pinos, pero no nos vamos a distraer.

El problema de fondo es que desde el micrófono principal de Palacio Nacional se ha generado un discurso en el que todo lo fifí es malo, ser rico es pecado, estudiar en el extranjero va en contra de la soberanía, hablar inglés es alabar al Demonio y tener respeto por la imagen pública es parte del neoliberalismo rapaz.

El presidente López Obrador ha sido el mercadólogo de esta campaña de odio en la que todo aquel que se vea y actúe distinto a su modelo de “austeridad republicana” automáticamente está en contra de él. Esa, sin duda, es una ocurrencia insostenible partiendo que dentro de su mismo gabinete y, extendiéndose a todos los funcionarios públicos de la Cuarta Transformación, hay diferencias de gustos como habitantes en el planeta.

Simpatizar con la marca Morena o con la lopezobradorista significa renunciar a un estilo de vida heredado de generaciones o adquirido a través de la cultura del esfuerzo. Y así lo han asumido los feligreses de ambas nomenclaturas, al menos de manera pública, porque en su vida privada siguen siendo fieles a sus gustos y costumbres. En pocas palabras, estamos frente a la generación ‘Soy Totalmente Pobreza Franciscana’. Y aquí es donde entra el doble discurso de los políticos que tanto nos enfurece a los ciudadanos. La incongruencia es uno de esos pecados capitales de la política que los ciudadanos no perdonan.

Twitter: @betotavira

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