La relación de Luis Miguel con los Presidentes de México

(cuarta parte)

Luis Miguel es un hombre con una de las biografías más fascinantes del mundo. Su historia tiene prácticamente todos los géneros cinematográficos y por eso no sorprende que conecte con las emociones de los asiduos a las vidas privadas de los ídolos. En el año 22 del Siglo XXI cualquiera que haya tomado un asiento de primera fila, para ser espectador de la radiografía de “El Sol de México”, podría decir que todo está dicho sobre el cantante mexicano más exitoso de todos los tiempos. 

Sin embargo, el secretismo con el que Luis Miguel ha mantenido su relación con los políticos, específicamente con los presidentes de México y sus dinastías, ha dado para cuatro entregas en Política para guapos provenientes de las investigaciones especiales de Mi CISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional). Con música de fondo de “Las Golondrinas” les anuncio que ha llegado el momento de presentar la última parte de esta tetralogía… Por ahora. ¿Será que la cosecha de revelaciones políticas de Luismi nunca se acaba? 

  1. Con los Alemán

Esta casta de la aristocracia política de México es la familia que Luis Miguel Gallego Basteri (San Juan, Puerto Rico, 1970) no pudo tener de manera consanguínea, pero que la vida le regaló a manera de elección. Micky llegó a ellos gracias a Miguel Alemán Magnani, nieto del expresidente Miguel Alemán Valdés, presidente de México de 1946 a 1952 y quien murió en 1983, por lo que Luismi, en estricto sentido, no lo conoció de manera directa, pero sí a través de toooooda la fortuna que les heredó a sus…. no, no, no, perdón quise decir: a través de los episodios afortunados que le contaban sus herederos al artista.

A decir de la periodista Érika Roa en un perfil publicado en Cuna de Grillos, Luis Miguel y Miguel se conocieron en su adolescencia. A ambos los unían distintos lazos debido a que en aquella época los Alemán eran accionistas de Grupo Televisa, por lo que el hijo de Miguel Alemán Velasco –gobernador de Veracruz de 1998 a 2004– y su esposa Christiane Magnani –ganadora del concurso Miss Universo en 1953– era asiduo a los principales eventos para niños de la televisora de Emilio Azcárraga Milmo. Además Luis Miguel y Miguel eran parte del mismo círculo de amigos que visitaban constantemente el puerto de Acapulco.

Miguel Alemán siempre le demostró discreción y una opinión honesta aunque no le gustara al afamado cantante. Incluso es a Alemán Magnani a quien se le debe el resurgimiento de “El Sol” en 2018, pues fue el empresario quien ayudó a resolver la situación jurídica del cantante en Estados Unidos. Además propuso el disco “México por siempre”, la gira de promoción de dicho álbum y la bioserie de Netflix “Luis Miguel, la serie”. En pocas palabras, a los Alemán Luis Miguel les debe su reciente rescate financiero.  

¿Y por qué no ha ayudado Luis Miguel a Miguel Alemán Magnani ahora que el cachorro de Los Pinos se las está viendo color de hormiga con la Secretaría de Hacienda? Es la pregunta que se hace una y otra vez el imaginario colectivo. Y la respuesta de Mi CISEN es la siguiente: “Miguel Alemán no le paga al fisco no porque no tenga dinero, sino porque no quiere. Lo que le pueda prestar Luis Miguel no es significativo. Los Alemán tienen más dinero que “El Sol de México”, por mucho”.

Recordemos que el heredero de por lo menos dos generaciones políticas con poder y dinero, Miguel Alemán Magnani, en 2021 se vio envuelto en un escándalo luego de que un juez ordenó su aprehensión por defraudación fiscal de millones de pesos. A mediados del mismo año la Interpol emitió una ficha roja para localizarlo en 190 países aunque, se sabe por los medios, que vive en Francia con su familia.  
Cabe señalar que la de los Alemán es la relación menos directa de Luis Miguel con “La Silla del Águila” –como llamó Carlos Fuentes a la Presidencia de la República–. De echo la relación de “El Sol” con los presidentes de México se divide en dos partes fundamentales: la primera, cuando era prácticamente un niño, durante el sexenio de José López-Portillo. Corría el año de 1981 y “El Sol de México”, con apenas 11 años de edad, no llegaba ni a “Solecito” cuando por decisión de su padre Luis Gallego Sánchez y el hermano de éste, José Manuel Gallego, Luismi debutó como cantante en la boda de la hija del Primer Mandatario. No fue su decisión, pero aquello fue un éxito rotundo. Y sería la primera vez que Luis Miguel probaría las adictivas mieles del poder.

Si bien es cierto que “la bendición del todo poderoso Jolopo” hizo que el niño obtuviera su primer contrato y grabara su primer disco con EMI, también lo es que la explotación infantil que sufría a manos de su papá –conocido como Luisito Rey–, no dejó disfrutar al niño de su primer millón de dólares. Sin embargo, al pequeño Micky le quedó bien claro que la llave para abrir todas las puertas impenetrables tiene un llavero con la leyenda: “Sr. Presidente”. Y se acompaña de la advertencia “usar sólo en caso de emergencia”.

La segunda parte de este idilio entre la política y el espectáculo se gestó cuando Luis Miguel era un adolescente de 16 años de edad, durante el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado. Aquí ya decidía algunas cosas de las que hacía. Por ejemplo, en el año de 1986, la madre del artista, Marcela Basteri, había desaparecido a los 39 años en Europa. Entonces Luis Miguel recurrió al hijo del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, Federico de la Madrid Cordero, para que éste a su vez le pidiera a su padre, Miguel de la Madrid, la intermediación con el Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales de Israel (Mosad), con el fin de que lo auxiliaran para encontrar a Marcela. 

No menos importante también en esta segunda parte –pero en la que Luis Miguel ya se había separado de su padre y tomaba sus propias decisiones–, fue el guiño que el cantante le hizo al sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Y aquí no fue una ni dos, sino por lo menos tres veces en las que Micky hizo reverencias frente al pelón: la primera, cuando acudió a su toma de protesta; la segunda cuando cantó en los XV años de su hija Cecilia Salinas Occelli en Los Pinos; y la tercera, cuando recibió de manos del Presidente los documentos oficiales que lo convirtieron en ciudadano mexicano.

Si nos ponemos ortodoxos en la materia estaríamos frente a un Luis Miguel que ha utilizado el poder de su marca, la mercadotecnia de su imagen y el influyentismo para beneficio propio. Esto no lo hace ni mejor ni peor artista. Su talento no está discusión. La manera en que ha sorteado los episodios más oscuros de su carrera ayudado por los presidentes en turno –o los hijos o los nietos de las familias presidenciales– es lo que nos hace levantar la ceja. Y no porque estemos frente a un caso nunca antes visto de “México y sus palancas”, sino porque Luis Miguel y sus biógrafos han dicho muy poco al respecto. 

¿Qué oculta? ¿Por qué a Salinas de Gortari no lo menciona ni en sus entrevistas, ni en sus biografías oficiales ni mucho menos en la serie autorizada de Netflix? Es absurdo creer que el silencio, la negación o el “no comment” servirá para que la situación comprometida desaparezca por sí misma. Lo relevante siempre se sabrá, así que mejor que sea cuanto antes.

Finalmente, es difícil vaticinar que Luis Miguel llegue a tener alguna relación cercana con lo que queda de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador… o con sus hijos… o con sus nietos. Pero se antoja imposible si nos atenemos al sabio refrán de “los enemigos de mis amigos son también mis enemigos” y es que ya vimos que la cuatroté no es nada amiga de los Alemán por lo que dudo ver una postal de AMLO con LUISMI.

Antes de cerrar esta serie es importante consignar que “Luis mi Rey” ha sido un reinado excepcional a lo largo de cuatro décadas y ocho sexenios presidenciales. El de Luis Miguel es un reinado que nadie había visto en los últimos tiempos.

Twitter: @Betotavira



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