La reforma al Poder Judicial, una curita para la gangrena

El presidente López Obrador, como en muchas ocasiones, se está quedando corto con “su solución” a los problemas que aquejan al Poder Judicial. Es como pretender aliviar la gangrena con una curita. Sí, las historias de algunos jueces y magistrados del Poder Judicial de la Federación no son precisamente de los héroes de la Constitución

No es un tema menor. La reforma al Poder Judicial propuesta por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador es, sin duda, el tema más relevante en México para la segunda mitad del 2024. 

No por nada las manifestaciones en desacuerdo a la reforma. No por nada la inestabilidad del peso frente al dólar en los meses recientes. No por nada las observaciones de los representantes de los gobiernos de Estados Unidos y Canadá. 

El tema ha ido y venido en foros especializados. Los feligreses del Lopezobradoriato han salido para evangelizar sobre los milagros de la reforma a cuanto abogado, titulado y sin titularse, se les pone enfrente. Los medios afines al gobierno han hecho eco al estandarte de esta utopía: “con la reforma al Poder Judicial se acabará la corrupción”.

¡Por favor no insulten nuestra inteligencia! La reforma que se les ocurrió en Palacio Nacional no va a curar el cáncer que aqueja desde décadas atrás al Poder Judicial; ni que fuera un milagroso paracetamol de su sistema de salud que es mejor que el Dinamarca.

Tampoco va a fortalecer al Poder Judicial. Incluso lo vulnerará al darle cabida a la inexperiencia, la improvisación y la corrupción travestida, para simular un cambio.

Ya entrados en el tema de la corrupción ¿Les cae que desde el 2018 ya no hay más corrupción en México? El Presidente prometió erradicarla apenas se pusiera la banda presidencial. 

¿Con qué calidad moral el Lopezobradoriato puede asegurar que, con su reforma, se acabará con la corrupción en el Poder Judicial? ¿Cuál es la estrategia seria más allá de la ocurrencia?

El presidente López Obrador, como en muchas ocasiones, se está quedando corto con “su solución” a los problemas que aquejan al Poder Judicial. Es como pretender aliviar la gangrena con una curita. Sí, las historias de algunos jueces y magistrados del Poder Judicial de la Federación no son precisamente de los héroes de la Constitución. 

Sobre los errores del sistema judicial se han hecho documentales, como “Presunto Culpable” y “Duda razonable”, por mencionar sólo algunos. La historia de Rosario Robles, narrada en el libro “Rosario de México. Testimonio de una infamia”, muestra la punta del iceberg de un cáncer que, insisto, no puede ser erradicado con curitas.  

Este “remedio casero” sólo agravará la enfermedad. A los que están a favor de la reforma al Poder Judicial les va a costar muy caro darse cuenta que esa no era la solución para el problema de raíz. Y al país le costará un retroceso en materia de justicia.

¿Les cae que los Ministros, Magistrados y Jueces, deben de ser elegidos por elección popular? ¿Y las capacidades y experiencia? ¿Y la presencia del crimen organizado? ¿Y el conflicto de interés? ¿Y la injerencia de los partidos políticos? Porque aunque esté prohibido, de que van a meter su cuchara, la van a meter. Ese es “su” negocio: las elecciones.

¿De verdad con sólo estar titulado en la carrera de Derecho con promedio general de 8.0, y otros requisitos básicos, se podrá concursar para hacer cumplir la Ley? Sin duda será el “agosto” para las empresas tituladoras que se dicen Universidades. 

Que nos quede claro que la elección popular de jueces, como está planteado en la iniciativa, saca de la jugada requisitos para que se pueda tener a los jueces más calificados y, sobre todo, con carrera judicial. 

Esa inexperiencia es el caldo de cultivo para el crimen organizado. Por eso la preocupación de los gringos. Ya lo dijo el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, quien se ha pronunciado contra la iniciativa de reforma judicial: “Podrían hacer más fácil que los cárteles y otros actores malignos se aprovechen de jueces inexpertos con motivaciones políticas”. 

El capricho del final del sexenio del presidente López Obrador puede provocar que Estados Unidos y Canadá exijan mejores condiciones para ellos en la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2026. 

Por si no bastara, las “pausas” con las embajadas de Estados Unidos y Canadá que señaló el presidente López Obrador —que por cierto no es un término utilizado en los códigos diplomáticos formales— en un caso extremo podría desembocar en un divorcio con los socios del norte.

Alguna información importante debe de tener la presidenta electa de México, Claudia Sheinbaum, para sugerir al Grupo Parlamentario del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no precipitar la aprobación de la Reforma en materia del Poder Judicial el próximo domingo 1 de septiembre de 2024.

Cuando el río suena… es porque ya hubo cálculos en costos económicos. Esperemos que la licenciada en Física haya recordado la Ley de acción y reacción: Por cada acción hay una reacción igual y opuesta.

*@betotavira

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