La pasarela en la presentación del libro de Beatriz

Con puntualidad inglesa, a las 5:00 Bety comienza a hablar. Pide calma ante la efervescencia de quienes están viendo de cerca a sus “rockstar de la 4T”. Nadie, salvo los organizadores, habían vaticinado esa convocatoria de más de una decena de secretarios de Estado

Se llama Miguel. Tiene 42 años de edad. Trae puesto un amplio sombrero de palma, una camisa de manga larga verde pistache y pantalón de mezclilla con botas negras. Se ha envalentonado para subirse a la silla negra plegable de plástico luego de verme subir a la mía, con el fin de alcanzar a tomar fotos y videos de los invitados especiales a la presentación del libro “Feminismo Silencioso”, de Beatriz Gutiérrez Müller.

Es martes 13 de agosto. Estamos en la plancha del Zócalo debajo de una carpa blanca donde se ha dividido en tres partes a la concurrencia mediante vallas metálicas: hasta adelante, los invitados especiales; luego, los fans del lopezobradorato; un poco más atrás, las cámaras de los medios de comunicación, algunas ya salidas de la carpa, y con tiro hacia la calle de Corregidora donde desfilaron los súper poderosos.

El resto de los asistentes que no lograron un asiento en las aproximadamente 500 sillas colocadas debajo de la carpa observaron a un costado del escenario o hasta muy atrás.  

Miguel no viene solo. Está acompañado de su esposa. Ambos vienen desde Carolina del Norte, en Estados Unidos de América, aunque son oriundos de Chihuahua. Han llegado en grupo con otras personas provenientes de distintos lugares de República Mexicana. Arribaron al Zócalo desde las 10:30 de la mañana, se formaron y los organizadores les fueron dando su turno, escrito en tinta color verde, sobre un papelito blanco. Ellos eran el 92 y la 93. 

—Mira, esa de ahí es Alejandra Frausto –me dice Miguel mientras señala a la secretaria de Cultura. Sin que yo le preguntara mi vecino “de alturas” me va “soplando” los nombres de los políticos que llegan a la zona VIP y que, para mi sorpresa, son puros secretarios de Estado del gabinete del presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Son ya las 4:24 de la tarde y prácticamente todos los asientos están ocupados, excepto los “reservados”, con personificador pegado en el respaldo, supervisados previamente por el secretario particular del presidente, Alejandro Esquer Verdugo (según un video que luego vi en las redes sociales). 

—Ahí viene la de Educación… ¿Cómo se llama? –me pregunta Miguel sobre Leticia Ramírez Amaya, quien llega prácticamente al mismo tiempo que el secretario de Salud Jorge Carlos Alcocer. Ella es quizás la única que se le va. Miguel conoce a la cúpula de la Cuatroté como a la tabla del uno. 

A los pocos minutos llega el secretario de Turismo Miguel Torruco Marqués acompañado de su esposa y de su hijo, el que no gana votos. La secretaria de Economía Raquel Buenrostro se levanta de su silla de la primera fila para saludarlo y socializar. Me desconcierta que sienten a Torruco con su familia hasta la tercera fila; el resto de sus colegas de gabinete están en la primera y segunda. Por ahí alcanzo a ver a Román Meyer Falcón, de Sedatu. 

Ahora cruza la entrada Manuel Bartlett, el director general de la CFE. Ese señor no sonríe ni en defensa propia. Sus malas vibras llegan hasta mi fila. Detrás de él viene la secretaria de Gobernación Luisa María Alcalde con una señora bufanda que, a decir de los guapos, no la ameritaba el tiempo. 

Le pisa los tacones el jefe de Gobierno de la Ciudad de México Martí Batres. Mucho antes ya había llegado su esposa Daniela Cordero que estuvo en la tercera fila, con bajo perfil. 

Ya son cuarto para las 5:00 (hora en que se anunció comenzaría el evento). Hace su aparición la secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, María Luisa Albores. Inmediatamente después ingresa la actual secretaria de Seguridad Pública y Protección Ciudadana Rosa Icela Rodríguez quien, además de Alejandra Frausto, son las únicas que se acercan a tomarse fotos con los fans de la segunda sección, previa valla de por medio. 

Sospecho que por protocolo de seguridad el secretario de Marina, el almirante José Rafael Ojeda Durán, evita la vulnerable pasarela de la calle de Corregidora. Desciende de un vehículo gris blindado, muy cerca del acceso a la carpa. Se queda un rato echando la chorcha con Raquel Buenrostro y Leticia Ramírez que, dado que su silla está prácticamente en la entrada, toma el papel como si fuera Hostess.

El reloj marca las 4:50. Viene sobre Corregidora la presidenta electa Claudia Sheinbaum. Se detiene a saludar a algunos asistentes y curiosos. Detrás de ella está Epigmenio Ibarra con su cámara amedrentadora documentando el momento. ¿El también repetirá cargo como Secretario de Cámara al Hombro en el próximo sexenio?

La porra, los gritos y la euforia de acto político delata que la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México ya está dentro de la carpa blanca. “Eeees Claaaaudia, eeeees Claaaaudia…”, “Pre-si-denta, pre-si-denta…”, “Es un honoooor estar con Claudia hoy”. 

Detrás de Claudia llega el secretario de la Defensa Nacional, el general Luis Cresencio Sandoval quien no tuvo tiempo para el chismecito necesario pues, dos minutos después de su entrada, se abren las puertas de Palacio Nacional desde donde sale el presidente López Obrador de la mano de su esposa Beatriz Gutiérrez Müller. Ella enfundada en negro por completo con un rebozo beige en el brazo. 

Previo a la aparición de la pareja en el evento entra, literalmente corriendo, la gobernadora del Estado de México Delfina Gómez que llega tardísimo (y más tarde hará una presentación de libro malísima).

Ahora sí, en cuando ingresan “AMLETY” el himno del presidente retiembla en sus centros la Tierra: “Es un honooooor estar con Obrador”… A su llegada Bety saluda efusivamente a Claudia, luego a Martí Batres, quienes son los más cercanos a la silla del Presidente de México, por cierto, igual que todas.  

En la primera fila, pero del otro lado de los secretarios de Estado, estaba Jesús Ernesto, el hijo de Beatriz y Andrés Manuel. El joven, de 17 años de edad acompañado de una rubia muy guapa, se levantó y fue hacia el lugar de Sheinbaum para saludarla de beso y abrazo mientras su papá saludaba, a lo lejos, a la concurrencia trasera.

Con puntualidad inglesa, a las 5:00 Bety comienza a hablar. Pide calma ante la efervescencia de quienes están viendo de cerca a sus “rockstar de la 4T”. Nadie, salvo los organizadores, habían vaticinado esa convocatoria de más de una decena de secretarios de Estado. 

A mí me comienza a temblar el ojo. En la primera fila: el presidente, la presidenta electa, la secretaria de Gobernación y los secretarios de Marina y Defensa. Seamos honestos: no somos Suiza.

Ahora ha transcurrido una hora desde que comenzó la habladera, Miguel y su esposa toman una breve siesta. Él recarga su cabeza en el hombro de ella. Les tomo una foto desde atrás porque a los guapos nos gusta el romanticismo. 

Ya son las 6:45. Han hablado las y los presentadores del libro. Beatriz comienza a cerrar y nos deja con las ganas a todos los que compramos el libro para ser firmado por la autora. Miguel se frustra. En su larga espera compró a un ambulante –100 pesos más caro que el precio normal– los libros “Feminismo Silencioso”, de Beatriz, y “Gracias” de AMLO.

Finalmente viene la despedida de Beatriz: “A los que van ahora a gobernar, empezando por nuestra Presidenta, pedirles que nunca se olviden de dónde vienen”.

*@betotavira

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