Durante los siete segundos que se necesitan para dar una impresión me quedó claro que Brugada, a través de su nueva imagen –que intuyo está custodiada por algún asesor–, pretende lanzar un guiño a la clase media.

Llegamos al mismo tiempo. Para ser exactos, yo llegué cinco minutos antes y, mientras estacionaba mi coche, vi de frente cómo arribaban afuera del lugar de nuestra cita un par de camionetas blancas, una detrás de la otra, con esa velocidad y esas maniobras que de inmediato delatan que va un chofer escolta al volante. 

Permanecí en mi coche observando la escena. Minutos después se bajaron dos mujeres e ingresaron al edificio localizado en la exclusiva zona de Polanco. Eran las 20:27 horas del martes 3 de octubre. Fui detrás de ellas. En la puerta del departamento, antes de ingresar, conocí a Clara Brugada, la mujer que aspira a ser la próxima Jefa de Gobierno de la Ciudad de México. 

Me costó trabajo identificarla a menos de un metro de distancia porque para este encuentro dejó a un lado su emblemático chongo alto decorado con alguna mascada. Los estampados coloridos de su indumentaria también se quedaron en su clóset. Incluso, el maquillaje era menos cargado que de costumbre. Para la noche lluviosa de otoño estaba enfundada en un abrigo negro con la solapa silueteda con doble detalle en blanco. 

Durante los siete segundos que se necesitan para dar una impresión me quedó claro que Brugada, a través de su nueva imagen –que intuyo está custodiada por algún asesor–, pretende lanzar un guiño a la clase media. Pues su público, el de la alcaldía Iztapalapa y zonas cercanas, ya lo tiene cautivo luego de que ha gobernado esa demarcación durante tres administraciones.

La concurrencia de la reunión, de la que me voy a reservar el listado porque no quiero hacer un Xóchitl Gálvez en el cumple de “El Jefe” Diego, era de aproximadamente 20 personas picudas, la mayoría comunicadores o líderes en sus temas. La reunión fue informal, para conocer en corto a Clara, como fue mi caso, o para reconocer su trabajo como alcaldesa, como fue el caso de la mayoría que habían estado recientemente en Iztapalapa, en plan turista “Es la alcaldía con más murales”, me dijo una comadre a mi lado; “No sabes los masajes que dan en las Utopías”, me dijo la otra.    

En la sala de las anfitrionas –a quienes desde estas líneas les mando un beso porque siempre reciben a sus invitados como lo dicta el “Manual de Carreño”– Clara Marina Brugada Molina primero escuchó y después habló. En el primer turno las y los simpatizantes de la izquierda reclamaron la postulación de Omar García Harfuch. “¿Cómo se les ocurre que nos vaya a gobernar un policía?”, “No sólo no es de Morena sino que no tiene ninguna experiencia en gobernar una Ciudad”, “Omar me gusta para la cama, no para que me gobierne”.

Las charolas de quesos con uvas y carnes frías sobre la mesa de centro fueron testigos que el intercambio de opiniones tenía un mismo sentido: a cambio de una sonrisa Colgate “desde arriba” se estaba vilipendiando la trayectoria política y experiencia de Clara Brugada en la alcaldía que representa la cuarta parte de la CDMX.

En el segundo turno Clara habló. Se puso de pie para contarnos lo que había hecho en Iztapalapa, en su reciente administración, y como buena economista, echó las cifras por delante: 12 Utopías (que en 2022 atendieron a 4 millones de mujeres) y otras 4 en construcción, una pista de hielo, 14 albercas semiolímpicas, una pista BMX, 7 auditorios, 3 bibliotecas hechas a partir de aviones en desuso, 13 centros Colibrí y 1,087 denuncias en 2018 que se redujeron a 369 hasta agosto de 2023.      

Eso sí, doña Clara no desaprovechó la oportunidad de meterle su rasguño a Omarcito. “Yo fui la que le presentó la estrategia de seguridad para Iztapalapa que luego él le llevó a Claudia Sheinbaum”, dijo una Brugada encabritada quien al mismo tiempo presumió sus gestiones directas con la Guardia Nacional para hacer de Iztapalapa la alcaldía más segura. “Nadie sabe para quién se baña”, grité desde mi lugar.

Opiniones, preguntas, consejos, ocurrencias y hasta tips hubo en la conversación con la mujer que en agosto pasado cumplió 60 años de edad (casada, sin hijos, con tres perritos), quien lleva más años de su vida haciendo política que fuera de ella. Hacia la medianoche se dio paso a la cena y, como a todos los guapos nos da el síndrome de Cenicienta, me tuve que retirar del lugar. 

Acá entre nos, aquél conciliábulo me dejó más dudas que certezas.

¿De qué le había servido a Clara Brugada caminar junto a López Obrador durante 30 años, en las malas y en las peores, si a la hora de que AMLO tuvo que haber sacado la casta por ella la dejó sola? ¿Cuál fue el momento exacto en el que Claudia Sheinbaum se decantó por el Capital Erótico en lugar del Capital Político y Social? ¿En qué consiste la operación cicatriz en el caso de que Clara no salga elegida en la encuesta de Morena? ¿Hay verdaderas lealtades en la Cuatroté 2.0? 

Una cosa es cierta: En la antesala de la elección de 2024 a los morenistas les ha quedado claro que no por simpatizar con la izquierda están vacunados contra la traición de los miembros de su misma nomenclatura. 

Una buena noticia para los guapos: Si carita mata verbo, en el futuro inmediato Morena aleccionará a sus juventudes al interior de los gimnasios, de los quirófanos y de los salones de belleza. En lugar de memorizar los estatutos del partido habrá que aprender a leer la tabla de información nutrimental de los alimentos envasados.

Finalmente, una frase acuñada por mi maestro Carlos Monsiváis: “Cuando el curriculum no alcanza siempre se tiene la posibilidad de triunfar en la vida con la tarjeta de presentación de ‘El Chacal’”.

@betotavira

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