Una cosa es que ya hayamos visto la película de que un político se casa previo a una contienda electoral (como Manuel Velasco y Anahí o como Samuel García y Mariana Rodríguez Cantú) y otra que a todos les alcance para capitalizarlo políticamente
Hace exactamente un año Claudia Sheinbaum hizo estallar la bomba: “Nos vamos a casar”. Esa pequeña frase adquirió un gigantesco impacto mediático no sólo por quién lo dijo, sino por el medio de comunicación en donde lo dijo. Y es que la entonces jefa de Gobierno de la Ciudad de México eligió darle la primicia, en vivo, a la reina de la radio, Martha Debayle.
El tsunami generado a través de noticias y artículos de opinión puede consultarse en el internet de las cosas. Posterior a su declaración escribí en una entrega de Política para guapos: “Esas cuatro palabras están más calculadas que cualquier ejercicio del libro de Álgebra de Baldor. Claudia maniobró un golpe que tendrá una resonancia mediática difícil de eclipsar”.
Lo que previamente no calcularon los consultores políticos de Sheinbaum, de esos que se trajeron de Europa, es que no toda la prensa sería positiva. Incluso, la balanza se inclinaría en un buen porcentaje hacia lo negativo, pues de inmediato surgieron las comparaciones con el político priista Enrique Peña Nieto, quien llegó frente al altar con la actriz Angélica Rivera previo a la elección presidencial de 2012.
Claudia se asustó. Al novio, Jesús María Tarriba Unger, se le borró esa sonrisa de alegría que de por sí nunca ha tenido. La entonces aspirante a candidata presidencial de Morena decidió echarse dos pasos atrás y no darle tanto protagonismo a su boda con el fin de no ser comparada con “La telenovela que gobernó a un país”, como los guapos nos referimos a la pareja presidencial del sexenio anterior.
Ya pasado el susto, un año después, sin decir ‘agua va’ Claudia y Jesús se casaron por lo civil, en un domicilio privado, “en una ceremonia íntima y familiar”, como escribió en su cuenta de Instagram, el pasado viernes 17 de noviembre, la ahora precandidata presidencial de Morena y sus aliados rumbo a la elección de 2024.
Sinceramente no había necesidad de ir al extremo. El anuncio de la boda ya había hecho lo suyo y, a no ser que Claudia tuviera una señora boda, con una señora convocatoria y un señor vestido de novia, el enlace no tendría la altura de oleaje que la primera vez. Pero le quedó el miedo a la asociación con el peñanietismo e hicieron calculadamente lo contrario. Se casaron en viernes de puente. Sólo con fotos de los novios, ni siquiera de los familiares y con la austeridad republicana que tanto gusta al presidente López Obrador.
Era innecesario. Una cosa es que Claudia Sheinbaum se haya sumado a la ecuación boda + elección y otra que ese momento de su biografía personal tenga alguna comparación con la de Peña Nieto. A ver, Jesús María Tarriba no es William Levy. Es decir, no es un integrante del mundo del espectáculo que, con su fama y reconocimiento, atraiga los votos de las personas no interesadas en la política a favor de su esposa.
Una cosa es que ya hayamos visto la película de que un político se casa previo a una contienda electoral (como Manuel Velasco y Anahí o como Samuel García y Mariana Rodríguez Cantú) y otra que a todos les alcance para capitalizarlo políticamente. Cada contexto merece un análisis diferente, por eso me parece forzado llevar la historia de Claudia y Jesús al terreno peñanietista. Ni los Sheinbaum son guapos, ni alguno de ellos tuvo su génesis en el Canal de las Estrellas, ni son jóvenes de acuerdo a la estadística del INEGI (Claudia se volvió a vestir de blanco a los 61 años edad, ya siendo abuela).
Ahora bien. Una vez precisado que no pueden ser comparados con Peña y “La Gaviota”, lo que sí hay que señalar es que la boda de Claudia y Jesús hace que suenen las campanas nupciales previo a que se impriman las boletas electorales. Y en eso sí hay similitud con sus antecesores. Claudia está recurriendo a una fórmula comprobada en donde se genera mayor empatía con los electores a través de las emociones. En el caso de una boda la conexión es mayor con las mujeres.
Lo que sigue es el “goteo” de su historia de amor… que si las fotos de la Navidad juntos ya como marido y mujer, que si las fotos con los nietos de cada quien, que si el marido para arriba que si el marido para abajo. Siempre será más penetrante y orgánico mostrar el amor que una propuesta de campaña. Sobre todo, en una elección presidencial. Y es ahí donde radica la importancia de “el esposo de Claudia Sheinbaum”.
*(@betotavira)






