A Sandra Cuevas se la comió el personaje de Sandra Cuevas hasta quedar nublada por el ego y la soberbia. Por la vanidad y el hambre insaciable de siempre ganar. Su espíritu belicoso, le ha cerrado las puertas en importantes negociaciones para su futuro político inmediato, dentro y fuera de la Alianza “Va por México”. De Morena, ni hablamos
Sandra Cuevas es un personaje fantástico. Lo digo desde la acepción de la literatura y de la cinematografía. Es decir, es un personaje que no tiene realidad y que está construido solo en la imaginación. Es de ficción.
O la amas o la odias, pero Sandra Cuevas no pasa desapercibida. Por eso, a sus 37 años de edad, se ha vuelto taquillera. Por eso su arribo a esa casa hogar llamada Movimiento Ciudadano que le ha dado por recoger a los huérfanos políticos.
Desde la butaca del espectador no politizado, la presencia de Sandra Cuevas amerita meter al microondas un paquete de palomitas.
Su pelo negro azabache alaciado con la más alta tecnología es garantía de que la película va a estar buena; su boca, pintada con lápiz labial mate en terciopelo rojo, es el respaldo que se van a pronunciar líneas dignas de ser inmortalizadas como si fueran un poema.
Cómo olvidar esas que dicen así: “Yo quiero y le apuesto a una economía de ricos, no de pobres, a mí no me gustan los pobres” o esas otras que cimbraron en sus centros la Tierra: “Yo soy doctorante en derecho, tengo dos maestrías, me he ido a estudiar a 10 países”. Finalmente, las favoritas de todos los guapos: “Pero ¿quién es? ¿qué estudió?”
Sandra Cuevas es almodovariana. Su caldo de opuestos resulta fascinante y, por lo tanto, nos lleva a deducir que o vio de principio a fin toda la barra de telenovelas de los años 80 y 90 del Canal 2 de Televisa o Valentín Pimstein le da asesoría en comunicación política vía ouija.
Y es que el personaje de Sandra Cuevas ha logrado mezclar magistralmente lo popular, rústico y guadalupano de Verónica Castro en “Rosa Salvaje” con la ostentación del poder que siempre ha sido marca registrada de Elba Ether Gordillo.
Pero ¿dónde aprendió política Sandra Cuevas? Eso es lo de menos. Lo que verdaderamente nos tenemos que preguntar es ¿dónde aprendió actuación? Su construcción del personaje ha tenido cincelazos precisos y también ha tenido tiempo y dinero (ella dice que recursos propios) para perfeccionarlo.
Tan solo en el vestuario del personaje de Sandra Cuevas hay un Upgrade: al inicio de su administración como alcaldesa de la Cuauhtémoc era común verla como baño público llena de letreros Armani Exchange, Donna Karan y Calvin Klein, entre otras marcas a las que es asidua la clase media.
Al final de su administración la firma de lujo Carolina Herrera se ha convertido en la relación más estable de Sandra Cuevas.
No lo está haciendo mal –me refiero exclusivamente al manejo del personaje–. Pues según el actor, director y maestro de actuación de origen ruso Konstantín Stanislavski, en la construcción del personaje hay que huir de lo común, “porque lo más normal es ver actores estereotipados repitiendo un código de gestos tipo, voces engoladas y actitudes previstas catalogadas en un fácil y reconocible cliché”.
El autor de los libros Un actor se prepara, Construyendo un personaje y Creando un personaje propone un trabajo de búsqueda interior para alejarse del estereotipo y buscar la sinceridad en su actuación y en su personaje. Y la Cuevas ha encontrado la mezcla perfecta en su pasado como comerciante de ropa y su presente como mujer de poder.
Entrona, pero bien vestida. Altanera, pero con osito de peluche. Que se persigna antes de comer, pero que se va de compras a Miami.
El problema de Sandra Cuevas es que, al ser un personaje fantástico carente de realidad, desconoce –o no ha querido aplicar– el primer mandamiento de ese Infierno al que pertenece llamado política: No traicionarás en vano y serás leal hasta que la pérdida del registro del partido los separe.
A Sandra Cuevas se la comió el personaje de Sandra Cuevas hasta quedar nublada por el ego y la soberbia. Por la vanidad y el hambre insaciable de siempre ganar. Su espíritu belicoso –que le ha dado altos niveles de rating en el algoritmo de Google– le ha cerrado las puertas a Sandra Cuevas en importantes negociaciones para su futuro político inmediato, dentro y fuera de la Alianza “Va por México”. De Morena, ni hablamos.
La enemiga de Sandra Cuevas es Sandra Cuevas. La que siempre quiere ser protagonista, nunca espectadora.
Dicho lo anterior ¿cuánto tiempo durará “la alianza” de Sandra Cuevas y Alejandra Barrales antes de que esa dupla se convierta en un campo minado?
Sandra Cuevas tiene que comprender que no se pueden abrir tantas batallas al mismo tiempo; Que, a pesar de su capital político, nadie es imprescindible, menos en la política. Que siempre habrá un tiburón de aguas profundas con más colmillo que ella y, finalmente, que no hay enemigo pequeño.
Sandra Cuevas es un extraordinario personaje, ahora sólo le hace falta saber hacer política.
*@betotavira






