Decenas de fieles argentinos, turistas y curiosos se congregaron en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires para rezar y rendir homenaje Jorge Mario Bergoglio, el «papa de los pobres», como le llamó el mismo arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva.
Desde primera hora de la mañana, los bancos de la catedral se fueron llenando de personas, quienes, entre rezos y suspiros, no podían contener las lágrimas y buscaban consuelo en la homilía oficiada por el arzobispo.
Según transcurrían las horas, a los fieles se sumaban curiosos y turistas llegados de distintos lugares, llamados por la curiosidad de vivir un momento histórico en Buenos Aires.
“Se nos fue el papa de los pobres, de los marginados, de los que nadie quiere, de los que muchos excluyen”, expresó García Cuerva frente a rostros consternados.
Los alrededores de la Plaza de Mayo, donde está la catedral de la que Bergoglio fue arzobispo durante quince años, eran un caos de bocinas y silbatos de agentes de tránsito, debido al constante movimiento de personas que se apresuraban hacia las puertas de la iglesia.
“El dolor del corazón es grande porque se fue nuestro padre. El padre nuestro. El padre de los argentinos, al que no siempre comprendimos, pero profundamente amamos”, continuó Cuerva.
Los presentes disimulaban con respeto la necesidad de romper el silencio y expresar su llanto, algunos se recluían en los altares laterales que honran a María u otros santos, otros se quedaban de pie con la cabeza gacha apoyados en los pilares de mármol o en el fondo de la iglesia.
“El mejor homenaje que podemos hacer es unirnos, tender puentes, dialogar, dejar de enfrentarnos todo el tiempo, porque si es el padre, qué mayor dolor que ver a sus hijos divididos. Que se vaya Francisco al cielo con la tranquilidad de que sus hijos van a tratar de vivir esa unidad nacional tan pendiente entre nosotros”, concluyó el arzobispo.
El altar desde el que habló García Cuerva estaba cubierto con un manto negro que se extendía hasta el piso y envolvía a un Francisco sonriente cubierto de arreglos florales blancos, una imagen tomada durante su pontificado.






