El primogénito del Presidente está en México. Luego de su prolongada estadía en los Estados Unidos de América, particularmente en Houston donde afincó su residencia desde 2019, José Ramón López Beltrán ha vuelto a tierra azteca en el marco de dos coyunturas importantes. La primera, es personal: las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, así como el cumpleaños 3 (festejado el pasado 6 de enero de 2023) de Salomón, el primer nieto del presidente López Obrador; la segunda, es política: el arranque de la campaña por la gubernatura del Estado de México, territorio que desde años atrás lleva operando José Ramón a favor de Morena.
Los guapos nos enteramos del arribo de los López Adams a nuestro país a través de Instagram. Y es que en su cuenta, Carolyn Adams, esposa de José Ramón y madre de sus dos hijos: Salomón y Levi Mateo, el 28 de diciembre de 2022 publicó una imagen de sus herederos, con ubicación en la Ciudad de México. Luego, el 4 de enero hizo pública una foto más con el texto “Mis 2 reyes y una tortuga”, con ubicación en Palenque, Chiapas. Finalmente, con ubicación en la CDMX, el 16 de enero la nuera del Primer Mandatario compartió una foto donde aparece ella acompañada de su segundo descendiente y del pie de foto: “#VivaLa4T, #VivaAMLO, #VivaMexico” (sic).
No sabemos si José Ramón y su esposa han vuelto para quedarse. Tampoco sabemos si han ido y venido en el lapso antes mencionado, o si llevan instalados en nuestro país desde por lo menos un par de meses. Lo que sí sabemos es que los López de Houston no son bien recibidos en México. Traen tatuado en la frente el código de barras de la corrupción en forma de la “Casa Gris”. José Ramón es el hijo del presidente López Obrador que no quieren ni los cercanos ni los lejanos. El hijo no querido. Y se tienen justas razones.
Recordemos que a principios de 2022 Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) junto con la plataforma digital Latinus, publicaron un reportaje que involucra al hijo de López Obrador por la renta de una lujosa mansión en Houston propiedad de Keith Schilling, un alto ejecutivo de Baker Hughes. La investigación mostró un conflicto de interés entre el gobierno de AMLO y dicha empresa. La justificación y “pruebas” de los López de Houston nomás los hundió más en el lodazal.
El escándalo fue nuclear. La investigación fue lo suficientemente sólida y tuvo tal impacto mediático que es la fecha que José Ramón y Carolyn no han podido levantarse de ese nocaut que, sin duda, salpicó la investidura presidencial. De igual forma salpicó a la marca López Obrador, salpicó a los ideales de la Cuarta Transformación y salpicó el apellido de una familia que sabe que el mayor de los tres hijos de López Obrador con su primera esposa, Rocío Beltrán Medina (q.e.p.d.), no cumplió la máxima de la familia presidencial: mantener bajo perfil.
Por eso no extraña la indignación de la oposición cuando hacen referencia al vástago de AMLO. Por eso tampoco extraña que la sociedad civil comience a cobrarle facturas al hijo no querido de AMLO tomándole fotos paparazzi en hoteles de lujo tanto en Aspen como en Acapulco, en restaurantes para clasemedieros en la zona de San Ángel y arribando en el aeropuerto, en fachas, como siempre, pero con marcas de ropa no baratas.
Ya lo dije en la entrega titulada El difícil personaje de López Obrador, publicada (en junio de 2022) en esta simpática columna: “Hay quienes piensan como Carlos Marx, pero les gusta vivir como Carlos Hank”. Una frase que hace muchos años escuché pronunciarse por primera vez desde la garganta profunda de alguna de las integrantes de Mi CISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional), y que ha adquirido mayor vigencia en la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador. Incluso su hijo, el no querido.
Y cómo se le va a querer a José Ramón si fuera de su grupo compacto y de los colaboradores de su papá hay empresarios, políticos, líderes de opinión y ciudadanos de a pie que pueden dar fe de un mal trato por parte del “pez más gordo” de la dinastía. De su prepotencia. De su abuso de poder. De su ambición desmedida.
El más beneficiado con la victoria de Morena en la próxima elección del Estado de México será José Ramón López Beltrán. Muy por encima de Delfina Gómez Álvarez. Y a eso ha venido el cachorro de Macuspana: por el bien de los López de Houston ¿los pobres qué?






