Inventó su propio personaje. Lo alimentó. Lo creció hasta el punto de que “La Tigresa” eclipsó la vida de Irma Consuelo Cielo Serrano Castro Domínguez. El personaje de la fiera aplastó la primera parte de la biografía de una “niña desolada, la jovencita que conoció el alto precio de la primera oportunidad, la mujer que ha buscado el amor y la ternura”, como se describió la propia Irma Serrano en su libro de memorias titulado A calzón amarrado, escrito por Elisa Robledo y publicado en mayo de 1978. 

La mujer que se despidió del cordón umbilical el 9 de diciembre de 1933, en Comitán, Chiapas, ha muerto. Oficialmente falleció el pasado 1º de marzo de 2023, a los 89 años de edad. Pero los guapos calculamos que murió desde antes, antes incluso de cumplir los 18 años, cuando Irma se apagó para encender a “La Tigresa”, durante los primeros días de tocar una y otra puerta en los Estudios Churubusco con el fin de iniciar su carrera de actriz. 

“Qué duro es abrirse camino. En aquel tiempo que deambulaba buscando trabajo de artista, y sólo tenía un programita en Televisa donde anunciaba un interfón. Alzaba la bocina con una sonrisa modosita para recibir de pago veinte pesos a la semana. Con tan impresionante suma de dinero costeaba mi transporte, trataba de vestirme. Desde la colonia Industrial donde vivía, tomaba tres camiones para llegar a los estudios”.   

Los primeros zarpazos de “La Tigresa” con los felinos machos de la política fueron cuando ella era menor de edad, con “el licenciado don Fernando (adivinen el apellido). Qué honor, había sido pre-candidato a la presidencia de la república, el ‘tapado’ predilecto para suceder al licenciado Miguel Alemán (…). Es el hombre que me ha hecho vibrar sexualmente. No me gusta el contacto brusco, viril, machote. Me parece de lo más molesto soportar un pene, así, a lo abrupto. Me encanta que predomine la cabeza y la boca”. Sin pelos en la lengua. Así lo escribió en su biografía.

Fue ese mismo Fernando el que presentó a Irma Serrano con Diego Rivera. El afamado muralista le hizo un retrato al óleo a ella, quien posó desnuda. De esta pintura sería importante saber su paradero pues, hasta donde tengo entendido por #MiCISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional) la obra anda extraviada, como la pintura que Diego Rivera le hizo a María Félix. 

De ese Fernando –sin apellidos en la historia oficial– Irma Serrano quedó embarazada a los 17 años. “Pero fui yo la que determinó abortar sin su consentimiento, por puro capricho. Por llevarle la contraria después de varios años de someterme a esta práctica (…) esta decisión determinó mi rompimiento con él”.

Ya en libertad, “La Tigresa” comenzó a llenarse de rayas en relaciones amorosas fugaces, otras frustradas y otras donde se intentaron propasar con ella. En su libro cuenta que en una fiesta de Agustín Barrios Gómez conoció al entonces gobernador de Michoacán “un hombre joven y nada desagradable (…) a la hora de la hora, ya en la cama, cuando comenzó a acariciarme sentí un vacío que me provocó nauseas. Volví el estómago sobre las blancas sábanas. Se portó muy lindo y comprendió mi situación (…). Se fue y me puse a chillar. Comprobé que no nací para puta”.

Participó en programas de televisión como Viva México. Grabó su primer disco gracias al apoyo de Luis Dillon y Armando de Llano. Recorrió el país cantando rancheras en distintos espacios. La fortuna comenzó a sonreírle. “Tal popularidad me hizo blanco de muchas envidias. A más de una folcrórica tuve que romperle la cabeza, o por lo menos jalarle las greñas”. Y se emancipó “La Tigresa”. La misma que participó en la obra de teatro Nana del escritor Émile Zola e hizo un desnudo completo en una escena de la obra Lucrecia Borgia, junto con Roberto Ballesteros. 

Debutó en la política, primero como compañera sentimental de los políticos. De algunos, desde el amor prohibido, como sucedió con el presidente Gustavo Díaz Ordaz, el hombre que gobernó a México de 1964 a 1970 y que, en la memoria de muchos mexicanos, se asocia como el artífice de uno de los hechos históricos más trágicos del país: la matanza del 2 de octubre de 1968. Sobre eso “La Tigresa” escribió su postura: “Si uno analiza bien la situación de Tlatelolco, el que tuvo la culpa directa fue el gusano Parlanchín, que llegaría a ser el gusano mayor en el siguiente sexenio”. Léase Luis Echeverría Álvarez, secretario de gobernación en la administración de Díaz Ordaz.   

Pero volvamos a los asuntos del corazón: aquél hombre duro, de semblante firme y nada agraciado, cayó rendido ante los encantos de una actriz que rondaba, en ese entonces, los treinta años de edad: Irma Serrano. Los detalles bajo las sábanas la Serrano no los contó con todas sus letras ni en el primero ni en el segundo de sus libros. “Vamos a omitir nombres y apellidos para que ustedes usen su imaginación (Y además porque me da un poco de ñañara)”. Pero se refiere a Díaz Ordaz como “el gusano mayor para regir los destinos del país durante seis años”.

Lo invité a mi casa en Las Lomas. Descubrí que era más atractivo de lo que me imaginaba, no por su físico del cual han hecho tantas bromas, sino por su intelecto (…) Y así, dos necedades se unieron y nuestro coloquio amoroso traspasó las cuatro paredes dentro de las cuáles pasábamos horas muy agradables, en los tiempos libres que le dejaba su labor gubernamental (…) Después de cinco años de relación, sobrevino la ruptura. Año y medio antes de que acabara su reinado.

Décadas más tarde, en los años 90 del siglo XX, “La Tigresa” se volvió en protagonista de la política. Se convirtió en diputada federal del Partido de la Revolución Democrática (PRD) entre 1994 y 2000. Luego fue senadora independiente. Intento ser alcaldesa de Cuauhtémoc en la Ciudad de México. Pero para los Millennials toda esa faceta quedó opacada tras sus amoríos con “El Pato” Zambrano y Poncho de Nigris, ex integrantes de “Big Brother”.

Irma falleció sola. Sin una pareja sentimental en los últimos años de su vida. No se casó. No tuvo hijos. Tampoco tenía ya la considerable fortuna que llegó a amasar en su larga y polifacética trayectoria. Vivía al cuidado de un sobrino, en Chiapas.

Ha muerto la Serrano, pero el personaje de “La Tigresa” fue creado para sobrevivir a la mujer que lo parió.

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