Honduras conmemora este martes el Día Mundial de la Tierra en medio de desafíos ambientales y sociales, con más de 16,000 hectáreas de bosque afectadas por incendios este año, el impacto creciente de la crisis climática y una alarmante violencia contra ambientalistas, con al menos 50 asesinatos desde 2020.
«Conmemoramos un Día de la Tierra experimentando, en los últimos cinco años, altas temperaturas combinadas con olas frías y lluviosas, lo que de una u otra manera impacta la salud de las personas, pero también (altera) los ciclos naturales productivos», afirmó a EFE Betty Vásquez, activista del Movimiento Ambientalista SantaBarbarense (MAS).
Vásquez denunció que la Tierra “está enferma” debido al uso excesivo de agrotóxicos, el monocultivo desmedido y el consumo excesivo de plásticos, y alzó la voz por la crisis ambiental, la protección del medio ambiente y las poblaciones más vulnerables frente a los efectos del cambio climático.
«No podemos afirmar que el cambio climático se va a reducir; por el contrario, su impacto continúa creciendo aceleradamente (…) No queremos adaptarnos al cambio climático, queremos mitigar los impactos», enfatizó Vásquez.
Añadió que este día debe ser una oportunidad para «la reflexión, el replanteamiento, la recuperación, pero también el rejuvenecimiento de nuestras prácticas», a fin de proteger la soberanía alimentaria, especialmente en países como Honduras.
Guardabosques pide actuar ante la crisis
La tierra «está siendo muy amenazada» por los incendios devastadores, las olas de calor cada vez más frecuentes y fenómenos como inundaciones y sequías, declaró a EFE Arnaldo Castro, guardabosques comunitario.
Al hablar del cambio climático, Castro señaló que «ya no podemos predecir con certeza cuándo es invierno o verano. Por eso, todos deberíamos aportar a la solución» de esta crisis, ya sea a través de la educación, la aplicación de las leyes o actividades silviculturales y acciones que contribuyan a la protección del planeta.
Lamentó que cada año Honduras sea golpeada por incendios forestales, en su mayoría provocados por la mano humana y la falta de conciencia sobre la magnitud de la destrucción que causan las llamas.






