“¿Quién es Gerardo Islas?” les pregunté a las editoras de fotografía de la revista Quién que, agrupadas en un cubículo de la redacción acompañadas de las editoras de sociales, estaban disfrutando en la enorme pantalla de una Mac ‘la pesca del día’: una serie de imágenes paparazzi de Luis Miguel, abordo de su yate, acompañado de unos amigos.
Mis compañeras no me supieron dar los generales de Islas Maldonado, si acaso, apenas una migaja para el editor de Política (o sea yo) que sabía poco o nada de la socialité de moda: “Es amigo de ‘Picha’”, me dijeron, como si yo supiera que así le decían a Alejandro Basteri, el segundo de los dos hermanos menores de Luis Miguel.
Esa escena tuvo que haber sido antes de 2010. Para entonces Gerardo –nacido en la ciudad de Puebla el 9 de septiembre de 1983– no llegaba a los 30 años de edad y ya andaba en la grilla política, motivado por su tío Víctor Hugo Islas Hernández, quien había sido diputado por el PRI, entre otros cargos.
Con el transcurrir de los años supe que “el amigo de ‘Picha’” desde los 15 años ya se había sentado con el entonces presidente de México, Ernesto Zedillo, en un evento de 1998, a donde lo llevó su tío Víctor Hugo, que en aquella época fungía como senador de la República.
“El amigo de ‘Picha’” comenzó a posicionar su nombre en 2010 cuando inició su carrera política, en el Partido Nueva Alianza, una vez que ocupó la Coordinación de Relaciones Públicas de la campaña a gobernador de Puebla de Rafael Moreno Valle. Después se trasladó al Estado de México para participar como Subcoordinador de campaña a gobernador en el 2011 como parte de la coalición que encabezó Eruviel Ávila Villegas. Ese mismo año, ya de regreso a su tierra natal, el Comité Directivo de Nueva Alianza lo designó presidente del partido en Puebla. Gerardo apenas tenía 28 años de edad.

En esa época lo conocí. Para entonces yo ya me había despedido de Quién y había llegado al periodismo digital, a través de la plataforma Animal Político, donde desde 2010 se alojaba mi blog Cuna de Grillos. Resultó que Gerardo era fan de mis crónicas políticas-sociales-cunagrilleras y por lo tanto me quería dar una primicia: ese año se casaría con su novia Carmen María Hernández Cortés, mejor conocida como Pamela Cortés (hoy esposa de Andrés Roemer, actualmente buscado por la justicia mexicana… pero no nos vamos a distraer).
Quizás esa fue mi primera publicación sobre la vida de Gerardo Islas. Al final no hubo boda con Pamela. Con quien sí se casó ‘Gerry’ –¿qué tal que ya pasé de “el amigo de ‘Picha’ a ‘Gerry’?– fue con la actriz Sherlyn González Díaz. Y para su enlace por lo civil, en septiembre de 2013, en Cancún, Gerardo me pidió ser su testigo. Sinceramente me sorprendió su ofrecimiento. Apenas nos habíamos visto unas pocas veces antes, siempre desde el terreno del periodista y el político. Es decir, no teníamos una amistad previa. Sin embargo, mi sexto sentido, que difícilmente se equivoca, supo que lo que a Gerardo le interesaba era sembrar la amistad hacia el porvenir. Acepté ser testigo porque lo consideré un acto generoso de su parte y también por lo que me ha movido toda mi vida: el chisme.
Vale la pena señalar que meses antes de firmar como testigo de la boda Gerardo me invitó a un concierto. No fue cualquier concierto, fue al que ofreció Luis Miguel en el Auditorio Nacional, el 2 de febrero de 2013 (guarden esta fecha). No fue cualquier butaca, fue en la primera fila. No íbamos solos, al llamado también acudió la entonces senadora Mariana Gómez del Campo, íntima amiga de Sherlyn, quien iba de la mano de su novio Gerardo Islas.
En aquella ocasión ‘Gerry’ me presentó al multicitado ‘Picha’, quien era de los meros meros de Grupo Sexenio Comunicaciones, una empresa de la familia Islas, donde Alex Basteri había sido nombrado Presidente del Consejo Directivo. “Hola, soy amigo de ‘Gerry’”, me dijo ‘Picha’. Vaya vueltas que da la vida.

Gerardo se divorció de Sherlyn. Conté la versión de él en la revista CLASE de El Universal, en una entrevista de 2016. Luego el político poblano anduvo de flor en flor, donde incluso hizo una escala en los brazos de Doris Beckmann Legorreta, una de las herederas del emporio de Tequila Cuervo (sí, sí, sí, la misma rubia con la que paparazzearon a Emilio Lozoya en el restaurante Hunan).
Gerardo era un don Juan hasta que encontró el verdadero amor en Claudia Wade Ramos, con quien se casó el 29 de agosto de 2020, en una hacienda en el Estado de México, con no más de 20 invitados. Debutaron como papás en marzo de 2021 con el pequeño Gerry y le dieron la bienvenida a Matías en agosto de 2022.
Sin proponérmelo me convertí en una suerte de biógrafo de Gerardo Islas. Lo habré entrevistado alrededor de una decena de veces para distintos medios de comunicación. Eso sin contar los cafés, las conversaciones por WhatsApp y las primicias que me compartía. Gerardo sabía cómo dar nota. Le encantaba que se hablara de él. Que se le relacionara con las élites políticas, sociales y del espectáculo.
Nunca pensé que esa crónica de su vida se interrumpiera tan pronto. El jueves 2 de febrero de 2023 (exactamente diez años después del concierto de Luis Miguel), por la tarde, me llegó una noticia que me cortó la respiración: “Muere Gerardo Islas”. La mandaron a uno de mis chats donde se encuentran algunas de las integrantes de #MiCISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional). No podía ser broma. Por el medio que la publicó, tampoco podía ser falsa. En minutos corrió como pólvora en mis otros chats.
De inmediato me comuniqué con su esposa Claudia Wade; no contestó. Luego le marqué a Fabiola Maldonado Naude, mamá de Gerardo, con quien he tenido muy buena relación durante años. Tampoco contestó, a los pocos minutos devolvió la llamada y, sollozando, me confirmó la noticia: su hijo había muerto en España. Tenía 39 años. Había viajado a Europa acompañando al líder sindical Pedro Haces Barba y al empresario Ricardo Henaine al anuncio del cartel de la feria de San Isidro, en la plaza de las ventas en Madrid.
Desde ese momento no dejé de reportear y publicar para mi plataforma Cuna de Grillos, con el rigor y el cuidado que amerita la circunstancia, cada episodio del desenlace de la vida de Gerardo Islas: su funeral en España, el traslado de sus cenizas a México, el homenaje y la eucaristía celebrada en la plaza de toros, en el restaurante Arroyo de la Ciudad de México, los asistentes a su último adiós… Él así lo hubiera querido. Él me lo hubiera pedido: dejar constancia, con la palabra escrita (y si se puede con fotografías y videos) de su paso por esta vida.
Descanse en paz, Gerardo Islas.






