En lo más profundo de la superficialidad habita lo más revelador de la profundidad. Eso me lo enseñó Carlos Monsiváis durante todos nuestros años de amistad. A su vez, el periodista y escritor mexicano se había inspirado en el cronista Salvador Novo, para quien “nada pasaba desapercibido”. Es cierto que ahora son otros tiempos, pero la esencia es la misma. En la era de la imagen, lo no dicho lo dice todo.

Por lo tanto, desde mi generación y bajo mis propias conclusiones, que un personaje público como Gerardo Fernández Noroña acuda de compras a City Market me parece interesante y relevante, por la incongruencia que habita en un hombre que fue elegido como representante popular por los electores que simpatizan con su ideología; que le depositaron su voto –y todos los privilegios que eso tiene cuando se alcanza una curul– seducidos por el romanticismo del comunismo. Sin embargo, para su desgracia, su representante no es lo que aparenta, pues “piensa como Carlos Marx pero le gusta vivir como Carlos Hank”.
Para los que van llegando por vez primera al chismito necesario, les cuento que esta semana se hizo viral en Twitter un video en el que se observa al diputado federal por el Partido del Trabajo de compras en el supermercado fifí del Grupo La Comer.
En el video, de menos de un minuto de duración, se puede ver a Fernández Noroña, de 62 años de edad, –vestido con pantalón negro y una camisa blanca con bordados artesanales– “paparazzeado” exactamente frente al área de la cava de City Market, una sección que para sus vinos Premium cuenta con repisas con iluminación arquitectónica custodiadas con una vitrina de escaparate de tienda de lujo donde habitan los Flor de Pingus, Vega Sicilia, Chateau Latour, Chateau Lafite Rothschild, pero sobre todo, la joya de la casa: el tinto francés Chateau Petrus Merlot que cuesta la módica cantidad de $110, 200 pesos cada botella.
Con esa escenografía, el enemigo número dos del neoliberalismo –el número uno es el presidente López Obrador– es abordado por dos mujeres: una que sale en el video, de falda negra y cubrebocas (Noroña no lo trae), y otra que es la que graba el video y a quien se le escucha que le reclama al político: “¿Qué está haciendo en City Market, díganos, platíquenos?”. En ese momento entra en escena una tercera mujer para “apoyar” al compañero Noroña y saca de su bolsa un celular con el fin de grabar a la mujer que, a su vez, está grabando al político del PT. Esta última mujer, gracias a que tampoco trae cubrebocas, se puede reconocer como la pareja sentimental de Fernández Noroña: Emma Ocampo.
A decir de una nota de SinEmbargo, firmada por Alejandro Sánchez, Fernández Noroña tiene un vínculo afectivo con Emma Ocampo desde de 2013. Por su parte, medios poblanos consignaron que durante el plantón de Noroña en Casa Aguayo, en 2016, ya lo acompañaba su pareja Emma Ocampo. El 21 de julio de 2019 en su cuenta de Facebook Gerardo Fernández Noroña compartió una fotografía acompañado de Emma en la que escribió “Con mi compañera muy sentimental”.
Ahora bien, durante la defensa de Emma a Noroña en el City Market hubo un detalle que me llamó la atención: su bolso de la marca Kipling. Y es que luego de ponerle pausa al video para ver el logotipo del changuito de la firma belga, me metí a la página oficial de la marca para ver el precio y, lo de menos fue el monto, lo demás es que ¡es PIRATA! ¡Fernández Noroña tiene una novia que usa marcas pirata! La bolsa rosa que trae doña Emma es una copia de la bolsa Kipling modelo Abanu color Spring Rose Emb que, en compras por internet y con descuento, ronda los $2,500 pesos.

¿Te caaaaaaae? ¿Es neta que la suspirante a Primera Dama –ya ven que Noroña “se destapó” como aspirante a la Presidencia en 2024– tenga que recurrir a la piratería para una bolsa de Kipling? No sabemos a qué se dedique la señora Ocampo (#MiCISEN: Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional no la conocen y ni quieren conocerla). Tampoco sabemos si tiene un empleo remunerado pero, si se localiza en el padrón de la Población Económicamente Activa, claro que tiene para pagar una original. Y si no trabaja también tiene quién haga paro para comprarle una original.
Y es que si Noroña le compra sus gustitos a su novia en el City Market, se la lleva a la vacación a Nueva York y la pasea en su camioneta Volvo XC90 (con un precio de poco más de $1,659,900.00), pues obveeeeeeo le puede regalar una Kipling rosita. Por Dios, estamos hablando de una Kipling no de Louis Vuitton ni de Goyard.
No indigna la frivolidad. Molesta el doble discurso. Ya lo dijo la ex compañera sentimental de Fernández Noroña, Martha Angélica Ojeda Nava, cuando denunció a Noroña por la posible comisión de delitos de corrupción, evasión fiscal, ejercicio de recursos de procedencia ilícita y simulación de operaciones que pueden implicar lavado de dinero y delincuencia organizada. “Noroña, vives del pueblo y traicionas al pueblo, simulador, violento, mentiroso y vulgar ambicioso”.
¿Por qué esa obsesión de levantar el discurso político con la izquierda y pagar las cuentas de seis dígitos con la derecha? ¿Para qué crear un personaje que no se puede sostener fuera de la Cámara de Diputados? ¿Qué ganan cuando pierden el respeto esos representantes como Fernández Noroña? ¿Ha llegado el momento de cobrar las facturas del resentimiento?
No hay ningún delito qué perseguir si Noroña está de compras en un supermercado de alta gama como City Market. Pero lo que sí hay que perseguir y señalar es su hipocresía. La doble moral de un hombre que ha fomentado el odio e incentivado la división de un país lacerado por la mentira permanente de sus gobernantes.






