Es cierto que hay un sentimiento de alegría y satisfacción cada vez que encontramos determinada cosa material, bien inmueble o en nuestro caso vinos de mesa que en el mercado tienen cierto costo y por suerte o casualidad lo hemos encontrado en un precio mucho más bajo. Y es que la mayoría buscamos ahorrar un poco para nuestro bolsillo, pero hay que tomar en cuenta el dicho que dice “lo barato sale caro”.
Actualmente han documentado casos donde hay personas que aprovechándose de ese deseo imperioso de coleccionistas y consumidores amantes del vino por ahorrar en vinos exclusivos o muy costosos al hacerles comprar vinos falsos que en su contenido tienen un caldo adulterado o la etiqueta no corresponde con las características a la de origen legitimo. Muchas de estas las han encontradas hasta en las casas de subastas de mayor prestigio como la de Sotheby´s. Y un caso fue tan sonado que lo llevaron a la pantalla grande titulado Sour Grapes en el año 2017 que se centra en la historia de Rudy Kurniawan, un coleccionista de vinos de origen indonesio que ganó notoriedad en el mundo del vino por su capacidad para comprar y vender botellas de vino extremadamente caras. Sin embargo, su acenso meteórico en el mundo de la alta sociedad y el vino de lujo se ve empañado por acusaciones de fraude.
Actualmente existen muchos supuestos Sommelier con cursos a vapor de un año teórico y con el Tastavin colgando sobre su pecho se venden ante el cliente como todos unos expertos en este basto mundo de vino. Y es todo lo contario ya que si me preguntan cómo es que he podido aprender tanto sobre vinos premium, cosechas históricas, etiquetas legitimas y valuaciones en cavas privadas, esto, solo lo dan los años de práctica, indagar sobre cada una de las bodegas, haber tenido en mis manos una cantidad enorme de las mejores botellas del mundo y por supuesto haber cometido muchos errores como el adquirir botellas con el contenido sin vida o peor aún botellas apócrifas.
Para poder darse cuenta de la legitimidad de las botellas hay que ser demasiado observadores y tener memoria de los detalles que van cambiando con el paso de los años como el uso de diferentes tintas, papel especial, códigos QR diminutos grabados con láser, uso de hologramas en puntos estratégicos que a simple vista parecen solo una pequeña mancha o diamantina pegada ignorando que es este su sello de autenticidad. Como en el caso de la bodega Chateau Petrus que a mediados de los ochentas empezó a poner en relieve su nombre sobre el fondo de la botella, en los noventas al frente a la altura de los hombros y posteriormente hizo uso de hologramas diminutos que muestran el mango de la llave de san pedro como muestro en la foto con la ayuda de una lente microscópica.




No pongas tu inversión en manos de cualquiera, siempre respalda tus compras en lugares autorizados donde tengan los vinos guardados en condiciones adecuadas y deja que un experto en vinos de alta guarda te asesore.






