Te felicito por tu triunfo 48 horas después del tsunami de emociones que generaste en mi, así como en los millones de espectadores que fueron testigos de tu victoria.
Querida Wendy:
En el primer orden de ideas, quiero recomendarte que le pagues al SAT todos los impuestos correspondientes al dinero que recibiste como premio por ser la ganadora de “La Casa de los famosos México”, en su edición de 2023.
Esto es lo verdaderamente urgente. Los guapos asiduos a los certámenes del Show Biz sabemos que no se puede ser una reina con corona tras las rejas.
Ahora lo importante: Créetela. Ganaste no sólo dinero y fama. También hiciste Historia, porque en una nación como México, donde los crímenes por prejuicio contra personas LGBT+ lo hacen el segundo país más violento en América, sólo después de Brasil, tu triunfo, el de una mujer Trans, es una batalla ganada para visibilizar que existen y que resisten.
Por si no fuera suficiente, lo lograste a través del escaparate más visto en los tiempos recientes: la televisión de Televisa y su efecto multiplicador en todas las redes sociales.
Te felicito por tu triunfo 48 horas después del tsunami de emociones que generaste en mi, así como en los millones de espectadores que fueron testigos de tu victoria.
A la distancia y, quizás, con un poco de calma, comience para ti el proceso que te permita digerir todo lo que contribuiste para evangelizar a una nación que, en su mayoría, sigue siendo homófoba y transfóbica.
Las burlas, el clasismo y hasta el bullying que sufriste al interior de la casa, en realidad representan el catálogo de discriminaciones con las que has aprendido a vivir y a combatir a lo largo de toda tu vida.
En unas de ellas, o en muchas de esas discriminaciones, en cierta forma, nos vemos reflejados algunos de nosotros, nosotras y nosotres.
Pero la proyección no es exclusiva de la comunidad LGBT+.
En ti también se reflejaron los hombres heterosexuales que por su carencia de modales refinados o su color de piel les llaman “nacos” y no se les permite pertenecer a otros círculos sociales que no sea el de su código postal.
También conectaste emocionalmente con las mujeres hetero que han sufrido violencia de género, sobre todo al interior de sus propias familias.
O con las mujeres que han tenido y siguen teniendo dificultades para encontrar el amor desinteresado. O con las mujeres que no son felices con su cuerpo. O con las mujeres que son explotadas sexualmente.
Cada frase. Cada gesto. Cada movimiento que emanaste a través de las cámaras, durante los 71 días que estuviste ante los ojos del mundo, permitieron que conociéramos un personaje auténtico y que conectáramos emocionalmente con una persona vulnerable ante la avasallante presión de la sociedad y la implantación de sus estereotipos.
Sin embargo, tú te dejabas ir. Sin filtro. Sin maquillaje. Sin paracaídas. Como muchos quisiéramos y no podemos. Ni en lo verbal ni en lo erótico ni en la pobreza ni en la riqueza.
Lo paradójico de todo esto es que nos mostraste la libertad, a pesar de estar en cautiverio.
Nos presentaste la alegría, a pesar de tener un pasado lleno de dolor. Nos enseñaste a vivir con nuestros propios demonios, sin saber que pueden ser lo mejor que tenemos de nosotros mismos.
Espero tener la oportunidad de conocerte y de entrevistarte en algún momento de nuestros caminos.
Si me das la oportunidad de elegir, quisiera que no fuera ahora, sino cuando todo se apague, como cuando apagaste la luz previo a salir de “La Casa de los Famosos”. La luz de la fama también deslumbra el pensamiento. Y a mí me interesa tu conclusión, desde la oscuridad.
Mientras tanto, por favor cuida sin regateos de tu salud emocional, Wendy. Un colapso en ella acabará con tu dinero, con tu fama y con tu vida.
Desconfía de la televisión, Wendy. Es una sanguijuela que sólo succionará tu energía y luego te desechará, como le pasó a La Veneno, la fantástica trans española que pasó del cielo al inferno, sin escalas.
Ten cautela con los partidos políticos, irán tras de ti.
Aprende a convivir con la envidia, la hermana pequeñita del éxito.
Es fácil de identificar pues, como dice mi amigo el fotógrafo Guillermo Kahlo: “quien te adula más de tres veces en un mismo evento, te detesta”. Ya lo verás, los amigos del poder serán las chinches más dañinas junto con los falsos amores que te harán añicos el corazón.
No es mi deseo bajo ninguna circunstancia, pero en tanto cronista de los famosos y de los poderosos doy fe ante notario público que cuando la fama te da tanto, también te apuñala.
Lo que sí te deseo querida Wendy, es que ahorres de manera segura a largo plazo, para que no dependas de la juventud ni de las modas ni de los morbos; para que tu historia financiera no acabe como la de los grandes boxeadores que, luego de facturar el Producto Interno Bruto de Guatemala, acaban en la calle.
Te deseo Wendy, que tengas ayuda profesional sicológica en el corto plazo porque la vida es demasiado pesada para cargarla por una sola persona.
También te deseo que tengas mucho sexo, Wendy, en el inmediato plazo, con los más guapos, acuerpados y dotados porque esas relaciones apasionadas y desenfrenadas sólo se viven una vez. Los arrebatos carnales también caducan.
Mientras tanto, brilla. Brilla hasta que tu resplandor te convierta en toda una leyenda.
A t e n t a m e n t e,
Beto Tavira.
Twitter @betotavira






