El vino es una ocasión para compartir, una manera de crear momentos de paz, armonía, un símbolo de convivencia y hospitalidad, pero, en ocasiones a muchos de nosotros su consumo se no ha salido de control llevándonos a momentos hostiles y de oscuridad.
¿Qué pasa cuando dejamos que esa bebida de los dioses gobierne nuestro estado de ánimo? para esto hay que tener claro que la palabra alcohol procede del árabe al-kukhul (el espíritu).
Cuando le damos entrada en nuestro organismo puede convertirse para muchos un refuerzo de bienestar, alegría y para otros puede despertar una batalla interna con nuestro peor enemigo “nosotros mismos”.
Con esto no quiero decir que el alcohol es algo malo, para nada, se debe entrar en un estado de conciencia para saberlo consumir y que este no que termine consumiéndonos a nosotros. Es una forma de meditación, si se bebe en soledad es como detener el tiempo y darse un respiro de profunda espiritualidad de encuentro y conexión con uno mismo, pero si tienes la fortuna de compartirlo con las personas adecuadas en el momento y lugar idóneo puedes crear momentos únicos que quedaran inmaculados en nuestra memoria.
El espíritu es aquello que nos conecta con nuestro entorno, las personas y la naturaleza como de igual manera nos conectan los vinos con la tierra de donde provienen ya sea caliza, calcárea, arcillosa o salina. Esto es muy común verlo en las fichas técnicas cuando quieren adelantarnos sobre una cualidad más que podemos encontrar por su terruño esto nos dará una referencia más precisa y técnica de cada bodega.
Para poder entender mejor los vinos debemos de comenzar por conocer que nos gusta y que no, ya que muchas veces nos dejamos llevar por lo que los demás opinan dejando de lado nuestro verdadero criterio.
Este es el verdadero motivo por el cual el hombre creo el vino y esto como un complemento de los alimentos que a través de los años se ha transformado en todo un arte denominado “maridaje” que para lograrlo tenemos que tener en claro que es lo que buscamos en cada vino al momento de descorchar, el pasar un momento agradable o abrir un vino que será protagonista de una reunión.






