Persignarse en el nombre del Padre es una bendición altamente socorrida para proteger de todo mal a los que habitan en los reinos de la Tierra. También es una bendición ser ungidos por el Padre en los pantanosos terrenos de la política en México. Y, en esto último, no me refiero al Padre Celestial. En nuestro país, basta con ser registrado con el primer apellido de algún político taquillero ante el Registro Civil, para que el milagro de “el hueso” llegue en los primeros años de la juventud; para que los votos a cargos de elección popular se “multipliquen”; para que se haga la voluntad del Padre por encima de la del partido político así en Los Pinos como en la Tierra. 

Esto no lo digo solamente yo. Así lo ha consignado a lo largo de varias décadas el sistema dinástico mexicano, donde, sin más mérito que el privilegio de la genética, se ha heredado el poder político durante por lo menos tres generaciones. Y, por si esto no fuera suficiente, algunas de estas nuevas castas se han emparentado con otras familias políticas para perpetuar su linaje emulando a la monarquía europea. Ahí está la nieta de José López-Portillo que se casó con el nieto de Gustavo Díaz Ordaz. Duraron una década de feliz matrimonio hasta que los alcanzó el divorcio. Ahora atraviesan tiempos difíciles entre ellos, pero esa… es otra historia.  

Los lazos de sangre que unen a las familias políticas en México los he documentado durante más de dos décadas en la radio, en la televisión, en mis 6 libros publicados, en mi plataforma digital Cuna de Grillos y en mi podcast Dinastías del Poder, del que aprovecho la mención para adelantarles que en breve estrenaremos la segunda temporada por la aplicación Podimo. A pesar de ello, nunca es suficiente. La cosecha de juniors del poder, nunca se acaba.  

Así que, a propósito del Día del Padre, que se celebra el tercer domingo de junio de cada año, en México y en más de 60 países, hoy mostramos el 000.1%, –por falta de espacio, no por falta de personajes–, de las mujeres y de los hombres que han visto que se les abran las puertas de El Paraíso, en gran medida, por ser unos hijos de sus madres, pero, sobre todo, de sus padres.

Comenzamos el listado con el PRI, representado por el actual gobernador del Estado de México Alfredo del Mazo Maza. No hay que devorar decenas de libros de Historia Política para comprobar el cambio de estafeta dentro de una misma saga. Y es que Alfredo del Mazo Maza heredó el trono… no, no, perdón, quise decir: siguió el ejemplo de su papá y de su abuelo en la política. Dicho de otro modo, “el Virrey Del Mazo III” es nieto de Alfredo del Mazo Vélez, quien fue gobernador del Estado de México de 1945 a 1951; y a su vez, es hijo de Alfredo del Mazo González también gobernador del mismo lugar y de la misma gente, pero de 1981 a 1986. 

Para que terminen de hacer el coraje entripado les cuento que en el árbol genealógico de Alfredo del Mazo Maza hay por lo menos cinco miembros de su parentela que han ocupado la gubernatura del estado más poblado de México: Alfredo del Mazo Vélez (de 1954 a 1951), Salvador Sánchez Colín (de 1951 a 1957), Alfredo del Mazo González (de 1981 a 1986), Arturo Montiel Rojas (de 1999 a 2005) y su primo Enrique Peña Nieto (de 2005 a 2011).

En la misma nomenclatura del Partido Revolucionario Institucional está el caso de la actual senadora de la República Sylvana Beltrones Sánchez, hija de Manlio Fabio Beltrones. Un hombre que lo ha visto todo, que lo ha hecho todo ¿Y por qué no labrar el camino para su única hija? A ver, yo no digo que Sylvana se lo deba TO-DO a su padre, pero sus cartas natales han tenido más influencia que su cartas credenciales. ¿Quién se quiere echar de enemigo al llamado “Don Vito Corleone” de la política?

En Movimiento Ciudadano no cantan mal las rancheras. Si me orillan, es en este partido donde se localiza el máximo representante del privilegio de la genética: Luis Donaldo Colosio Riojas, actual presidente Municipal de Monterrey, Nuevo León. El hijo de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato a la Presidencia de México en 1994 por el PRI, dejó pasar 24 años para ingresar al demonio de siete cabezas que mató a su padre: la política.

En enero de 2018 Colosio Jr. se lanzó con todo el poder de su apellido, a propósito de la contienda electoral de ese año y, a pesar de su corta carrera, es tan potente su marca, que ya suena como candidateable para las elecciones presidenciales de 2024. Y nomás tiene 36 años de edad.  

Entre los miembros del partido Morena también se cuecen habas. Ahí tienen al actual diputado federal Miguel Torruco Garza, muy licenciado en Mercadotecnia por la Ibero y Maestro en Administración Pública por el INAP, pero sin una experiencia real para ocupar un lugar en la Cámara de Diputados. Su bendición: ser hijo de Miguel Torruco Marqués, secretario de Turismo en el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador. Su suerte: que su hermana está casada con Carlos Slim Domit, el hijo del hombre más rico de México.

Ya que andamos en la acera de “la izquierda” que vive mejor que “la derecha”, merece la pena destacar que, de vez en vez, surgen casos excepcionales donde es el Padre el que pide el milagro en el nombre del Hijo. En esta misma columna de Política para guapos lo consigné, me refiero al diputado morenista Antonio Pérez Garibay, el papá de Checo Pérez que, sin mayor mérito que ése, pretende convertirse en Presidente de México. ¿Háganme ustedes el favrón cabor? 

No es un tema de partidos políticos. En todas las siglas se manifiesta el nepotismo nuestro de cada día.

Ahora bien, mis detractores dirán, entre otras cosas, que en todos los gremios se aplica “en el nombre del Padre”. Y es cierto. En las familias donde el patriarca es Médico, hay altas probabilidades de que los hijos continúen con esa profesión; en donde el Padre es Arquitecto, puede que haya Arquitectitos; en las que haya Abogados, alguno descendientes aprenderán las malas mañas. Lo cierto es que, cuando estas profesiones buscan empleo en la iniciativa privada las reglas son otras. Los títulos académicos, habilidades profesionales y evaluación de competencias es lo que generalmente importa en la mayoría de los casos.

Cuando el heredero natural de un político llega a la política, a falta de un currículum competente, lo importante siempre será su Acta de Nacimiento. Aristocracia mata Licenciatura, linaje mata idiomas que se dominan, dinastía mata experiencia en el puesto. Ya lo he repetido en ocasiones anteriores: “No hay herencia más rentable que un buen apellido”. Amén.

Twitter: @betotavira

 

Más noticias interesantes

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *