Ser guapo eso es mucho en la clase política mexicana donde, la gran mayoría de los representantes, no sólo carecen de atractivo físico, sino que incluso hacen todo lo humanamente posible por alborotarse lo feo.
“El que se sube se pasea y si le gusta se menea”. Ese poema fecundado en el interior de los largos y anchos pasillos de la Central de Abastos tiene resonancia en todas las latitudes. Incluida la política, en donde sus tripulantes suelen tener como destino frecuente el amplio catálogo de pecados. Desde los pecados mortales hasta los pecados capitales.
De estos segundos pecados ha sido cliente, de toda la life, Eduardo Verástegui: el reciente autodestapado para contender por la Presidencia de México en las elecciones de 2024. Quisiera decirles que es actor, pero nunca me ha gustado insultar al gremio.
EL CANAL DE LAS ESTRELLAS
Mostrar los esteroides y los anabólicos en una telenovela del canal de las estrellas no significa ser actor. Quisiera decirles que es cantante, pero cuando formó parte del grupo Kairo y en su fugaz faceta de solista hizo del playback su relación más estable.
José Eduardo Verástegui Córdoba (Tamaulipas, 21 de mayo de 1974) es simplemente guapo. Y los guapos ya estamos acostumbrados al mundo de los guapos –tanto de los que vienen equipados con una tripa arrugada dentro de la cabeza como de los que no–, pero ser guapo eso es mucho en la clase política mexicana donde, la gran mayoría de los representantes, no sólo carecen de atractivo físico, sino que incluso hacen todo lo humanamente posible por alborotarse lo feo.
Bueno, pues a ese zoológico pretende hacer su arribo Eduardo Verástegui, quien se convirtió en noticia el pasado 5 de julio, cuando publicó en sus redes sociales un video en el que declaró que “el PAN ha muerto” al dejar que la cúpula haya impuesto a Xóchitl Gálvez como aspirante a la candidatura del Frente Amplio por México.
LALITO EL GUAPITO
Un mes atrás, por ahí del 8 de junio de 2023, ‘Lalito el guapito’ ya había dejado claro en su cuenta de Twitter que aspiraba a la Presidencia de México luego del espaldarazo que recibió por parte de Donald Trupm
Entre guapos no nos leemos las cartas así que, a los intelectuales orgánicos guapos, no nos extraña la decisión de Eduardo Verástegui.
Quienes conocemos su trayectoria desde la primera mitad de los años 90 del siglo pasado sabemos que Verástegui está malito de su Soberbia, ese pecado capital que se refiere al sentimiento de superioridad de uno mismo con respecto a los demás.
Los primeros síntomas los presentó en la cúspide de la fama del grupo Kairo, aquella boyband que se presentó al mundo con su primer disco en 1994.
EN LOS ESPEJOS DE UN CAFÉ
El sencillo “En los espejos de un café” hizo crecer como la espuma al trío conformado por Paul Forat, Eduardo Verástegui, Francisco Zorrilla.
Cuando mejor les iba, cuando ganaban más dinero, Verástegui, de quien el ego se apoderó muy pronto, decidió dejar la agrupación porque el sentía que era “el mejor” que el resto.
Tras una breve estancia en Estados Unidos esperando ser llamado por los dioses de Hollywood para el papel de su vida, volvió a México para participar en la telenovela de Televisa “Una luz en el camino”.
Le quedó chiquito el proyecto por no ser el protagónico siendo que él era “el mejor”. Se quejó, pero hizo más culebrones, sin pena ni gloria, pero que le fueron bien pagados en una industria del entretenimiento cada vez con menos adeptos.
EL FRACASO EN LOS ESPECTÁCULOS
La llegada de Eduardo Verástegui a la política sólo se entiende a través de su fracaso en el espectáculo.
Su vanidad le dejó claro que ya no era un joven macho alfa espalda plateada y su guapeza todavía tenía capital, en la antesala de los 50 años de edad, así que era ahora o nunca. Pero no sólo llega tarde, sino que llega con un pasado lleno de incongruencias que, en política, tienen un costo.
Y es que Verástegui ha pretendido enarbolar la bandera de la defensa de los migrantes mexicanos en Estados Unidos, pero apoyó en las pasadas elecciones a Donald Trump.
Verástegui se ha sumado a las causas genuinas para denunciar el abuso infantil, pero tiene una estrecha relación con su ex manager, Antonio Berumen, denunciado legalmente en México por Mauricio Martínez quien lo señala de abuso sexual.
Verástegui es un hombre que no está de acuerdo con el matrimonio igualitario, pero ha tenido en su círculo cercano hombres de la comunidad gay que han impulsado su carrera.
Verástegui quiere ser presidente de un país en el que no ha vivido de manera permanente los últimos 20 años.
El pecado de Eduardo Verástegui es la Soberbia. Cuando la fama del espectáculo ya no llena superficialmente las huellas de abandono es momento de mudarse hacia la política. Ya lo dijo Henry Kissinger: “El poder es el afrodisiaco definitivo”.
Twitter: @betotavira






