En un país lleno de tradiciones surge una nueva que resalta la belleza del buen vestir: *El Mole Sartorial*, que el próximo 2 de noviembre vivirá su tercera edición, con nuevas e irrepetibles experiencias para todos los participantes, deseosos de mostrar toda La Buena Hechura que existe en América Latina en cuanto al buen vestir y al buen hacer.
«La elegancia no es un tema del color, ni de la pieza de vestir. La elegancia es un tema de elección», comenta Aarón Jiménez, creador de la celebración del Mole Sartorial y fundador de La Buena Hechura, marca enfocada en resaltar y promover un estilo de vida embebido en la excelencia del buen hacer mexicano, bajo al sello de la elegancia.

El Mole Sartorial se trata de una mezcla de estilo, de colores, de alegría, de muchos ingredientes reunidos para lograr armonía, como ocurre precisamente con el mole (platillo que es una constante en esta celebración), y sus decenas de ingredientes.
Este singular festejo ha crecido en sus tres años de vida, tanto en experiencias, como en el origen de sus participantes que, ahora, provienen no sólo de México sino de diversos puntos de América Latina. De igual forma se ha expandido en número de asistentes, y en 2024 se hace nuevamente un esfuerzo por la inclusión, buscando que la participación en el evento sea 50 por ciento de hombres y 50 por ciento de mujeres, un objetivo en el que se ha avanzado desde la primera edición, y que tiene importancia debido a que los conceptos “sastrería” y “elegancia” suelen relacionarse con un público masculino, mientras que acostumbramos asociar a las mujeres únicamente con la moda.




Para este 2 de noviembre el código de vestimenta es, además de elegante, en color verde. La elección de color para este evento tiene una explicación, ya que el primer año el color seleccionado para el atuendo de los asistentes fue el blanco, esto para poner a prueba sus buenas maneras al momento de tomar una tortilla y meter la mano en una cazuela de mole negro para servir su propio plato, como la tradición indica, intentando no quedar manchados, aunque esta fue una tarea casi imposible.
Aarón explica que su intención al crear el Mole Sartorial es difundir el buen hacer mexicano, y ahora latinoamericano, a la altura de los más reconocidos internacionalmente. La primera edición se realizó en Casa Solito, en Polanco, convirtiéndose en una gran fiesta con cocteles de whisky Glenfiddich y Tequila Loco, que acompañaron diferentes actividades como una *master class* de cómo bolear zapatos, en la que se descubrieron algunos de los secretos de esta actividad a los asistentes.

Para el segundo año la fiesta creció en todo sentido, los invitados, esta vez enfundados en *dinner jackets*, recorrieron lugares emblemáticos de la Ciudad de México como la Alameda Central y el Museo Franz Mayer, disfrutando de experiencias que abarcaron desde la arquitectura y el arte, hasta la música en vivo y catas de whisky y puro, con patrocinios de Dalmore y don Luis Anaya, que este año vuelven a confiar en el evento y se suman a la experiencia, del mismo modo que lo hace Holland and Sherry.
Uno de los momentos más destacados fue la caminata por la Alameda Central, reviviendo pasajes de la historia de México plasmados en el mural de Diego Rivera, *Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central*, que atrajo la mirada de paseantes curiosos que admiraban y fotografiaban la sofisticación de los asistentes.
La noche culminó con una cena en el histórico bar Mancera, donde el mole blanco, un platillo poco conocido, deleitó a los invitados. La velada también estuvo acompañada por un maridaje exquisito de whisky y puros artesanales, cerrando con un concurso de atuendos que premió la creatividad y el buen gusto.
Para este año la fiesta no podía sino crecer y mejorar, no sólo por sus actividades y su nuevo código de vestimenta, sino también por la inclusión de nuevos patrocinadores que ayudarán a que esta fiesta resulte inolvidable.
«Después de tres años de trabajar juntos con Aarón como consultor, pensamos que este es el mejor momento para sumarnos al “Mole Sartorial” comenta Yadira Albertini, de la boutique multimarca internacional de lujo, «Albertini«, también especializada en sastrería y camisería a la medida, ubicada en Park Plaza en Santa Fe.


El 2 de noviembre se espera un selecto grupo de amantes del buen hacer y la elegancia latinoamericana, quienes se reunirán en una galería de arte en la calle de Ignacio Allende, en donde se exhibirá por primera vez un mural de Alfonso X. Peña “La historia de la comunicación y el transporte”.

«Es un mural que encontraron enrollado en una casona antigua y será la primera vez que se exhiba; quizá nunca más se pueda volver a ver si lo compra algún coleccionista privado, por eso quiero que lo conozcan», comenta Aarón.

En esta ocasión los asistentes vestirán de color verde para lograr contraste con el platillo central del evento, el mole coloradito originario de Oaxaca. El platillo estará a cargo de Juliana Martínez Gómez, mujer otomí protagonista de la película Tzofo, y quien ha sido reconocida por el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana como cocinera tradicional. La mencionada película será estrenada el próximo 22 de octubre en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

El evento contará con una presentación de danza contemporánea con una propuesta coreográfica diseñada especialmente para la ocasión. También habrá una cata de puros mexicanos Don Luis Anaya y de whisky con el patrocinio de Dalmore. Más tarde los invitados saldrán caminando acompañados de una experiencia musical incomparable por Eje Central hasta el Tenampa en Garibaldi, donde continuará la fiesta con la presencia de Holland and Sherry para la entrega de premios de este año.

Estar listos para el evento de elegancia más importante de América Latina hace obligada una visita a la sastrería; una asesoría adecuada para lograr el estilo perfecto es posible en el lugar correcto, como lo es Albertini, y acercándose a otras marcas sartoriales que estarán presentes en el Mole de 2024.
El *Mole Sartorial* no es sólo una celebración del vestir, es una afirmación de que, en tiempos en que la atención al detalle y el gusto por la excelencia no predominan, la elegancia y el buen vestir, son un acto de rebeldía. Porque en México, la elegancia sigue viva y más vibrante que nunca.






